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Bolivia
Trópico de Cáncer
Por: Antonio Peredo Leigue
Fecha de publicación: 05/06/05
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La Paz, abril 3, 2005

“Trópico de Capricornio”, que escribí hace algunos días, trataba de describir la crisis de mi país, desmitificando la imagen de que era producto de un enfrentamiento entre “cambas” y “collas”. Todos los bolivianos, alturas más o menos, vivimos por encima del Trópico de Capricornio.

Pero, desde Santa Cruz, se insiste en esa falsa división que se expresa a través del rostro angelical del presidente de la brigada cruceña o a través de la torva imagen de la Unión Juvenil Cruceñista. Al final, son dos rostros del mismo cuerpo.

Confiados en el manejo mediático, han procurado ampliar el anverso angelical y, de paso, echar toda la culpa de la crisis sobre el MAS y su máximo dirigente Evo Morales, confiando en que, así, tendrán apoyo ciudadano. Por supuesto, el MAS es culpable no sólo de impedir la apertura de sesiones en el Congreso Nacional, sino de estar en contra de la autonomía departamental e incluso hasta de la Asamblea Constituyente.

Definiendo posiciones

Mientras la movilizaciones de grandes sectores de la población, en todo el país, se acentúa en demanda de la inmediata convocatoria a la Asamblea Constituyente, además de plantear otras reivindicaciones, los propulsores del referéndum sobre autonomía departamental, mantienen en “alerta roja” a sus tropas de asalto (la Unión Juvenil Cruceñista) que hicieron un ejercicio de represión, hace unos días, golpeando, pateando e hiriendo a un grupo de campesinos que pretendió hacer una marcha por las calles de Santa Cruz.

Los menudos sucesos que ocurren en el Congreso Nacional se magnifican al punto escandaloso, porque así conviene a la estrategia publicitaria de las fuerzas conservadoras que trabajan incansablemente por restablecer el “orden constituido” que se rompió con la fuga de Gonzalo Sánchez de Lozada.

Por encima de esos elementos, lo cierto es que la elección de constituyentes es un tema que avanza en medio de grandes dificultades. Los grupos conservadores en el Parlamento, se esmeran en hacer propuestas seriamente fantasiosas (o fantásticamente serias), con el único propósito de trabar definiciones en cuanto al número de aquellos y la forma de su elección.
La intención es definir una fecha adelantada para referéndum y acordar otra fecha cualquiera para Constituyente, sabiendo que el debate sobre número y forma de elección de los integrantes, podría prolongarse hasta provocar una nueva crisis. Por eso es que, tan generosamente, ofrecen fijar simultáneamente fechas distintas para ambos eventos. Niegan la posibilidad de realizar ambos actos en la misma oportunidad, pues esto garantizaría la realización de la Asamblea Constituyente.
Los intereses ocultos

Pese a las movilizaciones, la disputa entre esos dos eventos, no pasaría de ser anecdótico si no fuese que, detrás de el conflicto, hay intereses ocultos. Se trata de un recurso cuya importancia traspasa las fronteras del país: los hidrocarburos y, específicamente, el gas.

Con muy buena voluntad, envidos especiales de los presidente Lula de Brasil y Kirchner de Argentina, llegaron a Bolivia en misión reservada (reserva que no pudo mantenerse) para interesarse sobre la crisis del país. La preservación de la democracia fue el tema sobre el que intercambiaron ideas con el propio presidente Carlos Mesa así como parlamentarios y dirigentes de los partidos políticos. Empero, siendo ambos países los más importantes compradores del gas boliviano, no podía ocultarse el interés que tienen sus gobernantes por ver resuelta la situación nacional y, si es posible, con beneficio para sus propios negocios.

No obstante, más allá de esa preocupación, está el interés mayor: para el gobierno de Washington, la modificación de la Ley de Hidrocarburos, aún con la estructura que tiene ahora, insatisfactoria para los grandes sectores populares, es un peligro que debe ser despejado de la forma más expedita. Un alto funcionario de ese gobierno, hace varios meses, advirtió en Bolivia que un cambio en las reglas del juego del negocio del gas, provocaría una reacción de la Casa Blanca para impedir esa insubordinación. Pero, además, en los últimos días, Bush ha pedido al flamante Secretario General de la OEA, que siga con atención el desarrollo de los acontecimientos en Bolivia y, en caso necesario, tome las medidas adecuadas. No sería raro que se pretendiese una intervención al estilo de Haití.

Al norte de los trópicos

Durante mucho tiempo, con seguridad los últimos 60 años, la dependencia de Bolivia para con los intereses de Estados Unidos ha sido, cada vez, más definida. Los sectores privilegiados que controlan el gobierno –aunque en contadas ocasiones estén fuera de él– se han acostumbrado a someterse a los dictados del Departamento de Estado y en no pocas oportunidades, del propio Pentágono.

La atención de Washington hacia Bolivia, durante los últimos 20 años, se centró en el tema de la coca, confundiendo a la opinión pública internacional. Su estrategia es simple: orientar la lucha contra el narcotráfico en la destrucción de las plantaciones de coca y la persecución de los campesinos que cultivan esta planta; de ese modo, el gran negocio de la droga, que se asienta principalmente en Estados Unidos, puede desarrollarse sin muchos sobresaltos. De cualquier modo, resulta más barato erradicar plantas de coca y perseguir y, si es preciso, eliminar a los campesinos, que enfrentar a las grandes corporaciones de la droga que tienen influencia en los niveles gubernamentales.

Pero nadie puede decir que los negocios estadounidenses son monotemáticos. Durante ese mismo tiempo, se preocuparon reservadamente de instalarse cómoda y adecuadamente en el prometedor negocio del gas. Capitales norteamericanos forman parte de las grandes empresas que figuran con nacionalidad distinta en sus tratos con Bolivia. Eso explica por qué un funcionario de Washington llegó a La Paz, con el propósito preciso de advertir que cualquier intento de reducir sus ganancias sería castigado; claramente dijo que, en caso necesario, se aplicarían las leyes de Estados Unidos de Norteamérica para defender los intereses de las empresas petroleras.

Nadie puede dudar, por tanto, que los grupos de poder –los de Santa Cruz y La Paz, por igual– se alineen al mandato de Washington, saltando por encima del Trópico de Cáncer. Es allí donde se encuentran a gusto.

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Antonio Peredo Leigue


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