¿Qué sería un 7-O?: sin Chávez

Las guerras sicológicas suelen ser, en algunos casos, traumáticas. No pocas veces nublan la visión de las cosas lo cual conduce a que, en algunos casos, se vean situaciones ficticias como reales y, en otras, la realidad pase de frente martillándonos la cabeza sin que no demos cuenta de ello. En ambos casos, puede conducir a sobrestimar las fuerzas propias y subestimar las del adversario o viceversa.

 La enfermedad del camarada Chávez ha servido para que tirios y troyanos la especulen en uno u otro sentido. Como nunca antes, en toda la historia venezolana, un Presidente de la República ha movido y estremecido tanto los sentimientos de un pueblo como la enfermedad que padece el camarada Chávez. Incluso, sin necesidad de verlo ni escucharlo, hay quienes prenden sus velitas solicitándole a Dios que se lo lleve con premura, aunque millones de venezolanos y venezolanas han logrado casi resucitar a Jesucristo como garantía de sanación y prolongación de la vida del comandante del proceso bolivariano. Hay mucha gente que se pregunta: ¿de qué lado está el doctor José Gregorio Hernández: del Proceso Bolivariano o de la Oposición? La experimentación es imposible que de una respuesta acertada.

 Es verdad, y por demás justo y necesario, un gobernante (y especialmente de la condición del camarada Chávez) goza del hecho de contar con eminencias médicas para estar pendientes de su estado de salud a la hora que sea, como sea y cuando sea. Sólo el comunismo hará de esa verdad una realidad equitativa para todos los seres humanos sin distingos de ninguna naturaleza. Y esto debe entenderse correctamente en el transcurso de toda la historia de la lucha de clases. Los pueblos que abrazan el ideal de una revolución lo interpretan acertadamente sin necesidad de tener que ir a un aula de academia para que se lo expliquen. Cuando el camarada Lenin estuvo hospitalizado, como consecuencias de las heridas producidas por un atentado terrorista, hasta los niños rusos  estuvieron preocupados por su estado de salud y ansiosos de que sanara. Pocos en Rusia le deseaban la muerte.

 Hace unos pocos días dialogábamos unos camaradas entre sí y nos paseamos un rato “especulando” sobre la salud del camarada Chávez. Recordamos al camarada Marx que acostumbrada hacer análisis sobre la fatalidad de algunos personajes admirados por él, como fue el caso del gran poeta inglés Byron. Nos trasladamos un poco a desmenuzar la naturaleza humana, su relación con los hechos y personajes históricos como tratando de buscar una respuesta para entender lo que le acontece al camarada Chávez como tragedia más que para él para los pueblos que lo admiran. Trotsky decía que lo trágico no es fundamentalmente para quien se marcha de esta vida sino para los que le sobreviven. Nadie entienda que no nos importa lo que le sucede y la vida misma del camarada Chávez pero nadie nos discuta que eso es trágico para nosotros, es decir, para el pueblo que lo apoya y lo quiere ver muchos años en la Presidencia de la República y como líder del proceso bolivariano. Por eso rogamos a las ciencias y sus dominadores que le permitan larga vida al camarada Chávez. Pero entendemos que para morir sólo hace falta estar con vida y a esa lógica de toda naturaleza no escapa absolutamente nadie ni nada. Sólo el comunismo será capaz, por múltiples factores favorables, prolongar por más de un siglo y hasta por dos la vida de cada ser humano en lo particular. Lo que no podrá ni el comunismo ni nadie ni nada es evitar para siempre la muerte.

 No estamos haciendo analogías de personajes históricos, pero nos recordamos de la muerte prematura del camarada Lenin y lo que eso favoreció para el desarrollo del burocratismo cesariano, del incremento de ambiciones y contradicciones grupales y personales e, incluso, en el mismo seno del bolchevismo. Sabemos que cuando llega a faltar el líder más destacado de un proceso revolucionario, las aguas se vuelven –casi inevitablemente- tormentosas porque más de uno se cree con derecho a sustituirlo. Con el debido respeto que merece toda la dirigencia del PSUV y sus cualidades personales (tanto masculinas como femeninas) para aspirar, incluso, unos cuantos o unas cuantas a la Primera Magistratura del país, nos atrevemos a confesar (y no nos descuarticen ni nos descalifiquen por ello) en Venezuela no existe un Raúl Castro como sí lo hay en Cuba aunque ambas revoluciones no sean comparables en muchos de sus puntos y rayas y, especialmente, en la forma de haber llegado al poder político.

 El camarada Chávez, en política, es comparable a lo que es el fútbol en el deporte. Que nadie se ofenda por esa analogía. Tiene a su alrededor millones de aficionados pero también millones de fanáticos. Los primeros lo hacen de una manera muy consciente pero los segundos son indiferentes a la ideología, porque para ellos Chávez es el todo y es sus partes, sin él no hay nada que valga la pena, todo lo que esté por debajo de él no reúne condiciones para sustituirlo en caso de algo imprevisto que lo lleve a no participar en el proceso electoral del 7 de Octubre. Sienten la enfermedad del camarada Chávez mucho más profunda en sus propios huesos y en sus propias carnes como si hubiese sido producida por un virus lanzado desde la Casa Blanca de Estados Unidos a Miraflores en Caracas. Si gana lo festejan a su manera pero si pierden se enfurecen y son capaces de romper las barreras para imponer por otras vías a su líder.  El fanatismo conduce al todo o nada independiente de lo que aconsejen las circunstancias concretas de tiempo y espacio.

 Nosotros –como El Pueblo Avanza (EPA) y sin fanatismo ni sectarismo ni dogmatismo de ninguna naturaleza- consideramos que el único líder de izquierda, en este tiempo en Venezuela, que tiene piel, sangre, huesos, venas y carne de ganador, en procesos electorales, es el camarada Chávez. Cualquier otro, sin menosprecio de ninguno, tendría que batirse, sin descanso y sin dormir sonriéndole con sinceridad a la gente, en buena lid, durante round por round sin paz ni cuartel, para poder ganar. Y de eso tendríamos que estar conscientes quienes lo apoyaríamos en caso de no recurrir al proceso el camarada Chávez, pero quieran las ciencias, Dios y todos los santos, brujos y brujas, pitonisos y pitonisas, astrólogos y astrólogas y la inmensa mayoría del pueblo no suceda un 7 de octubre sin el camarada Chávez.

Nosotros hemos leído, estudiado, meditado y reflexionado sobre el contenido de un documento elaborado por el camarada Javier Biardeau R., titulado “Venezuela: pescar en Río revuelto ¿“Dos presidentes” para el 8 de octubre? Escenario fractura-país”, que recomendamos a todas las fuerzas políticas de izquierda leerlo, tomarlo en consideración, no apresurarnos en juzgarlo como erróneo, tomar de él lo que consideremos de valor, incorporarlo a nuestras reflexiones para bien del conocimiento, del ideal revolucionario y del mismo proceso bolivariano que lidera el camarada Chávez. Asumamos todo el valor que nos puedan brindar las críticas constructivas porque ello se convierte en una fuente de enriquecimiento para avanzar victoriosamente por el camino que un día transforme la luz y la haga brillar para todos. Ojalá, el camarada Chávez –siendo o no Presidente de la República pero líder del proceso revolucionario- sea quien encienda el pebetero de ese sueño hecho realidad.


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El Pueblo Avanza (EPA)


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