Tener la piel lisa

Incluso en un país como Venezuela, donde estamos acostumbrados a los excesos retóricos de la oposición "democrática" – la injuria, la mentira, la abierta conspiración contra los intereses nacionales – sorprende el tono que vienen adquiriendo las intervenciones públicas de sus opinadores de oficio.


Por doquier se multiplican las conjeturas, las elucubraciones de eso que Alberto Franceschi, ex trotskista y jefe de campaña de Salas Römer en 1998, califica como "un escenario atípico, realmente inédito en estos 14 años y es que en las cúpulas chavistas están percibiendo que la manguangua está llegando a su fin".

Si las palabras de Franceschi no auguran precisamente un análisis a profundidad del momento político, sino que más bien ilustran los pasmosos límites de la "inteligencia" antichavista, eso no debe desviarnos de lo central: la vieja clase política, decadente y desfasada, y que no pertenece a otro tiempo histórico que el pasado, realmente cree que "está llegando" su momento.

Tal desenlace no obedecería a las virtudes o las fortalezas de la clase política antichavista, a su improbable apoyo popular, sino a una circunstancia providencial: el estado de salud del comandante Chávez.

Dicho de otra forma, un hecho fortuito, el azar, la fortuna, vendría a servirle en bandeja de plata lo que el antichavismo partidista no fue capaz de ganarse ni en buena lid ni violentando las reglas de juego, esto es, apelando al golpe de Estado, al sabotaje, al terrorismo, y en general a la vía violenta y contraria a una Constitución que, y esto no es un dato menor, fue refrendada popularmente.

Si bien es cierto, como me comentaba recientemente mi amigo Javier Biardeau, que la fortuna cuenta (según enseña Maquiavelo), y que por eso hay que zurrarla y zaherirla, también hay que decir que si hoy la vieja clase política le apuesta todo a un juego de dados, esto es un signo inequívoco de su impotencia política.

Impotencia que queda en evidencia, una vez más, en los cuestionamientos que el mismo Franceschi hace al entorno político más íntimo del gobernador Capriles, el pasado lunes 21 de mayo: "¿Quién puede creerse el cuento de hadas, que (sic) sustituir al chavismo en el poder es solo una cuestión de caer simpático a los votantes rojitos y ganar por algunos puntos la elección de octubre?". Como suele suceder, impotencia política que se disimula en la grandilocuencia, en la sobreestimación de la propia fuerza: "Hay talentos en Venezuela para armar 100 gobiernos de primera. Entre los banqueros, los industriales, los líderes de medios, y entre factores de liderazgo político viejo y nuevo, sobran quienes puedan ayudar al señor Capriles a montar una presencia electoral determinante. A veces dudo que él sea capaz de dar la talla, pero asumamos que sí, para no tener la tentación de sumarme a los escépticos que abundan y han ido creciendo".

Exactamente la misma impotencia que destilan las palabras del viejo adeco Rafael Poleo, del mismo 21 de mayo: "El Capriles que nos muestran es un candidato flojo con una estrategia equivocada. Ignora que en Venezuela el voto es emocional y que en todas partes la gente vota por la esperanza. Le han hecho una imagen de chayota creyendo que cada uno le pondría su propio sabor. Esa imagen y ese mensaje de muchacho decente ganará (sic) en el este de Caracas. Pero el resto no ve al hombre de las circunstancias".

Tal vez el gobernador Capriles "es un candidato flojo" precisamente porque es el candidato de los banqueros, los industriales, de la vieja partidocracia y de los partidos "nuevos", herederos de aquella. Pero supongamos que eso es harina de otro costal.

Mientras tanto, limitémonos a dejar constancia de la respuesta del aludido. Blanco, por una parte, de las crecientes críticas provenientes de sus propias filas, y objeto de la crítica implacable, como corresponde, del comandante Chávez, el martes 22 de mayo, el gobernador Capriles respondió al día siguiente adoptando un tono "frontal", en contraste con lo que ha sido su prédica de no confrontación.

Pero el gobernador Capriles, el mismo que, según cuenta la leyenda, sólo una vez en su vida peleó en el colegio, y además perdió; ese "muchacho de jeans, con la franela por fuera", pudiendo asestar un buen par de golpes, se limitó a decir, con el tono característicamente afectado de quienes tienen la piel lisa, que el "otro candidato" le había proferido "insultos y descalificaciones". Bien bueno pues. Segundos más tarde, y en un arranque de aparente valentía, advirtió: "Hugo Chávez: prepárate…". Y debemos suponer que tembló en Miraflores.

Un momento. ¿Hugo Chávez? ¿El mismo que el antichavismo se apresura a despedir, en medio de abucheos, de la arena política? Sí, "reapareció" el hombre, firme, sereno, de buen humor, y pegaron el grito en el cielo quienes tienen todas sus esperanzas cifradas en su definitiva desaparición. Los mismos que, esos sí, son cosa del pasado.


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