Incorporación de las masas populares a la lucha por la independencia (Parte II)

La Segunda República (1813-1814), ya responsabilidad directa de Bolívar, quien empieza a ser Libertador, gana el estilo moderno, las virtudes y la gracia intelectual del joven líder que será Padre de la Patria, pero su influencia es débil en la confrontación práctica con el prestigio arrollador de Boves.

Para los llaneros, el temible Boves personificaba una opción preferible a la de los dirigentes que hablan de abstracciones y novedades peligrosas: derechos, libertad, Estado, justicia... el torrente de los explotados se vuelca tras el impecable y mesiánico caudillo que no ofrece teorías, sino satisfacciones concretas e inmediatas: pillaje, hartazgo, saqueo, ningún control en el deambular ni en las acciones sobre la sabana ilimite.

La Revolución, en estas dos primeras etapas, ha sido muy cautelosa respecto a los fundamentos socio- económicos del sistema colonial. Las novedades acordadas en estas áreas son para el beneficio de la burguesía criolla en ascenso, la cual, procurando ocupar el espacio vacío, así se nivela con los antiguos y desplazados dominadores procedentes de ultramar. Se eliminan las distinciones y títulos hereditarios, se suprime la preposición “de”en los apellidos; los tratamientos. Mejoró levemente la condición de los pardos, pero ellos, que constituían la incuestionable mayoría nacional, siguieron excluidos de los asuntos públicos de su país. Ninguna disposición, de las que se esperaba para derogar las viejas inequidades, llegó a dictarse.

Así fue la situación entre 1810 y 1814. cuando Bolívar entra por los Andes en la Campaña Admirable, cree que todavía es posible confiar la suerte toda a los hechos de las armas, así como a los principios doctrinarios de un republicanismo ejemplar, pero remoto e indiferente a las urgencias materiales de nuestro pueblo. No vaciló en decretar la Guerra a Muerte, más nada dijo de terminar con la esclavitud y cancelar las injustas prácticas ancestrales.

En el balance de acciones y resultados de este difícil tiempo de la I y II República, la conclusión elocuente y cruda enseña que el sistema nuevo cae porque el pueblo lo abandona y lo hostiga, no lo defiende porque le es ajeno. No lo siente suyo porque hasta entonces se ha vivido en un despliegue retorcido de ideas y palabras sin contenido ni efectos tangibles.

Desde luego que el diseño revolucionario seguido por Bolívar desde el inicio hasta la oportunidad de su embarque en Carúpano, era incuestionablemente un esfuerzo de cambio que propendía a satisfacciones históricas muy hondas. El establecimiento de la libertad donde reinaba la tiranía y de la independencia donde siempre se había estado sometido a un poder ajeno y distante, el querer poner en marcha un régimen republicano, constitucional y democrático, era bastante para llenar una vida y proyectar una real superación en lo que hasta entonces era solo una colonia menospreciada.

Por lo demás, no se olvide que esa revolución política era de por sí muy difícil. Sin el resuelto respaldo de quienes debían ser sus sostenedores, nada se avanzaba en la ruta de la perfección pública.

Otra vez brillaba el talento expresivo de Bolívar al justificarse ante sus compatriotas por esta reincidencia en el desplome institucional.

Jamaica será lugar propicio para la meditación. Allí de momento cesa, en función de la distante insularidad, el torbellino caótico, vértigo de acción y pasión, que lo sacude a él desde 1812. conceptualmente hablando, en Jamaica se cierra la parábola de Carúpano: todas las reflexiones de su perplejidad encuentran ahora una respuesta esclarecedora, capaz en lo delante de situarlo por el rumbo verdadero. En Jamaica se hace la luz. Bolívar entiende la razón de sus fracasos en una revolución que, sin menoscabo de su grandeza y trascendencia, ha sido parcial. Comprueba que el pueblo ha determinado un cambio que necesariamente empieza a producirse. Este cambio, generador del nuevo orden, a breve plazo se impondrá, cuando la revolución hable el lenguaje de las masas, y cuando las banderas de la república las sigan hasta los mismos partidarios de Boves.

Bolívar deberá reconocer que en las filas del rey se ofrecía un atractivo mejor, el cual llegaba a resumir en cierto concepto de la libertad absoluta. Y su criterio de dirigente perspicaz, unido a la coherencia moral de su esfuerzo que anima a las metas de su acción, la lleva entonces a la ampliación sincerizadora y convincente del programa de la Revolución.

En el halagüeño y seguro camino de regreso a la rectificación y profundización revolucionarias, la escala será en Haití. Con la presencia cordial de Petión, que se traduce en la ansiada ayuda, Bolívar se pone en la ruta de completar en su esquema revolucionario.

Para pronto será el complemento social y económico de lo que, hasta allí ha enfatizado sólo en torno a lo político, jurídico e ideológico.

Las dos sustanciales iniciativas a la vista son: la abolición de la esclavitud y reparto de tierras.

Pronto él habrá de reforzar esta línea de consecuencia y profundización revolucionaria con la última medida que fue dirigida especialmente a los soldados y combatientes por la libertad, vale decir, el pueblo, porque, en Colombia el pueblo está en el Ejército, porque realmente está, y porque ha conquistado este pueblo de manos de los tiranos; porque, además, es el pueblo que quiere, el pueblo que obra, y el pueblo que puede.

Para 1818, los grupos populares estaban plenamente incorporados a la causa independentista.

*Abogado, miembro emisora comunitaria Llovizna 104.7 FM de Ciudad Guayana. Director de Ideología y miembro del Comando Táctico Regional (CTR) del MVR en el Estado Bolívar. [email protected], [email protected] .

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