Toque de pimienta

Las relaciones diplomáticas

Las naciones no se pueden equiparar a las personas. Los seres humanos a veces tenemos predisposición a mostrarnos temperamentales, volubles, arrogantes, ingratos o intransigentes con nuestros amigos o relacionados. Algunos tal vez lo soporten, pero la mayoría, seguramente, nos retirará su amistad.

Entre las naciones no existen tales sentimientos. No se trata de amigos o panas del alma, que meten las manos en la candela el uno por el otro. Las naciones no tienen amigos sino intereses, que de vez en cuando son comunes, aunque casi siempre obedecen a situaciones específicas y concretas de un Estado.

Un país puede y debe mantener relaciones con otro por encima de diversas consideraciones y yo diría que, salvo la declaración de guerra entre dos Estados, todo lo demás se puede tolerar sin necesidad de llegar a la ruptura diplomática.
Más allá del gobierno de George W. Bush, al que considero con toda sinceridad, y sin apasionamientos de ninguna clase, el peor mandatario que haya pasado jamás por la Casa Blanca, las relaciones con Estados Unidos resultan vitales para la economía venezolana. Es por ello que no pueden depender de un hecho tan relativamente insignificante como el de la extradición del terrorista Luis Posada Carriles hacia nuestro territorio.

Antes de llegar a ese extremo nuestra Cancillería debió agotar procedimientos contemplados en los Tratados bilaterales, y, en caso de fallar todo, recurrir a organismos multilaterales como la Organización de Estados Americanos, adonde podrían plantearse alternativas como la aplicación de la Carta Democrática a Estados Unidos.

La diplomacia es un arma que favorece al menos fuerte cuando la emplea con paciencia y sin ofuscamientos. Para lograr esos fines resulta indispensable tratar los asuntos diplomáticos en un ambiente adecuado, con la mesura y el cuidado que se estila en esos casos.

No me parece necesario que en el programa "Aló Presidente" se diriman las quejas o reclamos contra la política exterior de los Estados Unidos. Tampoco creo indispensable o conveniente para los intereses venezolanos que a los jerarcas extranjeros se los llame imbéciles.


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Augusto Hernández


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