La Libertad Nunca Está de Saldo

Este 29 de abril marca la veintena de años transcurridos desde los “Disturbios Angelinos”, consecuencia de un veredicto que declaró a cuatro policías “no culpables” de la paliza a que sometieran a Rodney King, un afro-americano; paliza que fue documentada por un video.
 
Por seis días la nación fue testigo mediante la televisión de los disturbios en el área centro-sur de Los Ángeles (California), habitada principalmente por afro-americanos y latinos, donde 54 personas perdieron sus vidas y mas de 2.000 resultaron heridas, con daños a la propiedad que llegaron a los 1.000 millones de dólares. Inquietantemente fue aquí, en Watts, donde otros disturbios tomaran lugar una generación antes (1965) que duró cinco días con un saldo de 34 muertos y mas de 1.000 heridos.
 
Aunque en 1992 residiera a mil millas del lugar de rebelión, fue fácil para mi identificarme con las imágenes que aparecían en la pequeña pantalla, imágenes que me llevaban a aquel verano en 1965 cuando vivía en Huntington Park, por aquel entonces una comunidad residencial casi exclusivamente de blancos; y ver además la poco cambiada calle de Florence que cruzaba la comunidad de color y que yo tomaba para entrar en la autopista que me llevaba a la universidad. Compton, Watts… incendiarismo, pillaje, así lo veíamos con nuestros ojos de blancos; mientras que los residentes de esos barrios lo veían como una revuelta contra un sistema opresivo impuesto por el patrón que continua teniendo al afro-americano en su puño. Y todo esto estaba ocurriendo un siglo después de la Guerra Civil que supuestamente le había liberado de la esclavitud, y un año después de que se promulgase el Acta de Derechos Civiles.
 
Aquí me encontraba al terminarse abril de 1992 viviendo el agosto de 1965, escuchando los comentarios ignominiosos procedentes de la Casa Blanca, donde “Papa” George Bush hacia resumen de los eventos como terror y anarquía; su vicepresidente, el “Evangélico” Dan Quayle echaba la culpa de los amotinamientos al colapso de la estructura de familia y responsabilidad personal; y el secretario de prensa culpaba la política “liberal” de los 60 y 70 como la causa principal de los disturbios – naturalmente, ese era un año de elecciones presidenciales.
 
Esta rebelión o insurrección, como llamó a estos disturbios Maxine Waters, la congresista afro-americana de ese distrito, era simplemente causada según ella por la pobreza y desesperación. Y Bill Clinton, en ese entonces a once semanas de un nombramiento asegurado a candidatura a la presidencia del partido Demócrata [Jerry Brown acababa de cometer el pecado imperdonable de ganarse la antipatía del voto judío] hacia eco a ese análisis razonando los disturbios por falta de oportunidades económicas y el colapso de las instituciones sociales en centros urbanos habitados por personas de escasos ingresos. Los disturbios angelinos se extendieron a otros centros urbanos del país casi de inmediato.
 
Poco fue lo que cambió en Watts durante esos 27 años (1965-1992), pobreza y desempleo manteniéndose rampante, con el correspondiente aumento en la desesperación al paso del tiempo. Si, hubo cambio pero solo un cambio cosmético: si durante los disturbios de 1965 los comerciantes en esos barrios eran blancos, ahora, una generación mas tarde, eran asiáticos, coreanos en su mayoría.
 
A la llegada de la tarde del sábado, 2 de mayo, cuarto día de la insurgencia, 10.000 miembros de la guardia nacional, 2.000 soldados – con sus tanques, y 1.500 infantes de marina tenían la situación bajo control, el fuego de los miles de incendios consumiéndose poco a poco. Los militares continuaron allí por otros dos días antes de declarar fin a la insurrección.
 
Un estudio detallado hecho por un Comité Especial de la Legislatura de California como post-mortem a los disturbios, bajo el titulo de Reconstruir No Es Suficiente, dio en la diana con respuestas; causas que conocíamos muy bien pero que no queríamos confrontar como sociedad responsable que ofrece justicia social a sus miembros. Aparte del racismo prevalente en nuestra cultura – abierto u oculto – el estudio concluyó que la variable causal era económica, y raíz de las condiciones que existian: pobreza, segregación, falta de oportunidad en educación y trabajo, y un acceso desigual a los productos y servicios de consumo. Dadas estas condiciones, y el abuso policial que el afro-americano ha tenido que aguantar… ¿puede alguien esperar otra cosa que no sea un yesquero de frustraciones listo para que una chispa de maldad, en este caso un veredicto cuestionable a lo mínimo? Y… ¿han cambiado mucho las cosas en esto últimos 20 años?
 
Las cosas si han cambiado mucho en este EEUU del 2012 de como eran en 1992; quizás no tanto para la comunidad afro-americana, pero si para una creciente parte de la clase media del país que se ha visto forzada a aceptar un nivel de vida que merma día a día… encontrando por fin algo en común con minorías que por generaciones han estado viviendo en la pobreza, en un estado de desesperación. ¿Quiere eso decir que esa clase media desplazada, cada día mas numerosa, pronto estará lista para los disturbios y la rebelión contra los poseedores de la riqueza y el poder, aquellos que los despojaron y exilaron a Pobrezalandia?
 
No, eso es algo que todavía está distante. Hace dos días tuve un intercambio de ideas con uno de los lideres del Movimiento Ocupación aquí en Portland (Oregón) que ahora dice estar dispuesto a lanzar “una ofensiva de primavera”, pero que dice ha encontrado a la policía con un nuevo aura y determinación muy superior al de hace unos meses que parece asegurar a los que protestan que todos terminaran en la cárcel, no importa su comportamiento pacifico. Una ofensiva de primavera, le dije a mi nuevo amigo, joven e idealista, quizás cuaje para los talibanes contra el invasor extranjero, pero que me parecía algo pírrico cuando el cambio que buscas requiere disturbios y rebelión… todo ello apuntando a una revolución que traiga la devolución del poder al pueblo.
 
El cambio no es fácil, sobretodo cuando la riqueza y el poder político están perfectamente atrincherados en todas las instituciones que rigen el destino de la nación. De todas formas, si no nos negamos a cruzar el torniquete ahora a esa economía global de esclavitud… no se nos ofrecerá otra oportunidad en el futuro.
© 2012 Ben Tanosborn

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