Nuestro petróleo está en la mira del imperio

La defensa militar de la revolución bolivariana

“Nos amenazan con ser nosotros blanco de ataques nucleares: no nos asustan. Tenemos que saber vivir en la época que nos ha tocado vivir y con la dignidad que debemos saber vivir. Todos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, ¡todos somos uno! en esta hora de peligro. Y nuestra, de todos, de los revolucionarios, de los patriotas, será la misma suerte, y de todos será la victoria… Patria o Muerte ¡Venceremos!“ 

Fidel Castro, Crisis del Caribe 1962.

Hablar de defensa militar puede para algunos sonar a anacronismo. Para muchos es insensato hablar del tema dada la enorme capacidad destructiva de las armas disponibles por las principales potencias capaces de borrar varias veces del mapa a la especie humana. Sin embargo, la historia está llena de acciones de valentía de colectivos humanos que no dudaron afrontar la muerte ante la posibilidad cierta de ser sometidos a la esclavitud y a la ignominia. Por eso el tema hay que afrontarlo evitando la famosa conducta que se le atribuye al avestruz.  

Las recientes experiencias de invasiones y amenazas militares a países que se niegan a someterse a los intereses hegemónicos del imperialismo nos alertan de la factibilidad de una agresión armada contra Venezuela proveniente lógicamente de las fuerzas imperiales. Los países más amenazados son en particular los productores petroleros del llamado Tercer Mundo cuyos pueblos y gobiernos han asumido la defensa patriótica de ese recurso. Nosotros pues, calificamos plenamente.

En días recientes el Comandante-Presidente Chávez abordaba el tema haciendo énfasis en la necesidad de fortalecer este aspecto, el de la defensa militar, como una de las aristas fundamentales del Plan Nacional rumbo al Socialismo para el lapso 2013-2019. 

Las cifras que nos colocan como el país individual poseer de las mayores reservas petroleras del mundo, hablan por sí solas. Este hecho está acompañado de las tremendas complicaciones estratégicas en que in crescendo se ven envueltas las potencias imperiales en las regiones del Medio Oriente y del Asia Central, poseedoras en colectivo de las mayores reservas mundiales de petróleo y gas.

Para nadie es un secreto la avidez y la extrema dependencia que del recurso fósil tiene todo el sistema capitalista mundial hegemonizado por EE.UU desde fines de la II Guerra Mundial. Todo ello configura un cuadro que nos alerta de un peligro inminente.  

Cuando hablamos de la posibilidad real de una intervención armada imperial no  partimos de determinismo alguno, ni mucho menos esta afirmación es reflejo de alguna fijación derivada de la interpretación dogmática de las contradicciones que hoy sacuden al mundo. Tampoco nos embarga un voluntarismo irracional cuando sostenemos la factibilidad de salir airosos de tal circunstancia. Cabe, en este complejo escenario, que la acción política revolucionaria y patriótica de los pueblos permita catalizar que distintas variables se combinen y actúen como elementos desactivadores o disuasivos de una conflagración que, en caso de producirse y alcanzarnos, no podría ser sino por haber adquirido ésta un peligrosísimo carácter internacional.

Un escenario así no es deseable por nosotros puesto que el mejor escenario para el desarrollo de las fuerzas productivas que anuncien un mundo de satisfacción sustentable de las necesidades humanas, es decir, el socialismo, tiene a la paz como componente fundamental. Por ello nuestra acción política gira en torno a la paz mundial. Pero en todo caso, la paz que nos interesa no es la paz impuesta por las bombas y misiles del imperio sino la paz entre múltiples, equilibrados y soberanos centros de poder que expresen a todo el planeta. 

También es cierto que existe un margen importante de incertidumbre en cuanto a la súbita aparición de algún casus belli producto de decisiones irresponsables tomadas por aquellos que tienen bajo su control dispositivos de armas de destrucción masiva, como el Estado de Israel, por ejemplo, o de personeros de la plutocracia gringa vinculados con el llamado complejo militar-tecnológico estadounidense.

Cuando hablamos de defensa militar no sólo nos referimos a las armas. En todo escenario de conflicto bélico la diferencia la pone el ser humano, su moral y la manera creativa como las armas (que son siempre necesarias en cualquier confrontación) son dispuestas y utilizadas en el campo de batalla, real o posible. 

La primera guerra del Golfo significó un tremendo error estratégico de las fuerzas iraquíes quienes prácticamente confrontaron a los EE.UU. en términos de simetría armamentista. Un tú a tú con un enemigo tecnológica y logísticamente superior, agravado por la seguidilla de errores políticos internos y externos que condenaron al gobierno iraquí al total aislamiento local, regional e internacional. Políticamente, el gobierno iraquí estaba en clara minusvalía.

La guerra es un hecho político y en caso de su inevitabilidad, es menester llegar a ella en las mejores condiciones políticas posibles. 

Un caso reciente, el de Siria, nos enseña como un escenario político de un relativo no aislamiento internacional ha podido jugar decisivamente a favor de la causa del gobierno y del pueblo sirio sometidos a una guerra no declarada de los factores imperiales.  Ello a pesar de la cobertura “mediático-ideológica” de una claudicante “izquierda” impregnada de una chovinista visión eurocéntrica, a todas luces al servicio de la política imperial, independientemente de toda su retórica de “solidaridad” con el pueblo árabe.

Por un lado, la amistad franca sostenida y cultivada por décadas con Rusia, han contribuido no sólo a bloquear (a través del veto) un “mandato legal” de la ONU para agredir a Siria sino -lo que es igual de importante- no ha detenido el flujo de armas modernas rusas capaces (en expertas manos sirias) de derribar un buen número de aviones de la OTAN. Esto constituye otro factor militar disuasivo que juega políticamente a favor del pueblo sirio y su gobierno.  

Después de la equivocada posición asumida ante Libia, estamos seguros que los estrategas rusos (y chinos) están más convencidos acerca de los objetivos verdaderos de la estrategia global del imperialismo yanqui y de las decadentes potencias europeas que lo secundan. Se trata, nada más y nada menos, de someter a Rusia y a China (y a los países BRICS y del resto del mundo) a la hegemonía de los EE.UU.

En este contexto, es lógico suponer que tanto Rusia como China no estarán dispuestas a perder sus necesarias relaciones con esta parte del mundo ubicado en el Sur donde la República Bolivariana de Venezuela representa la vanguardia modélica en una relación mutuamente provechosa, amén de las coincidencias de visión que van más allá del mero interés económico o comercial. 

Al contrario de la situación del pueblo árabe cuya mal llamada Liga Árabe está aparentemente dominada por el sector más reaccionario representado por los regímenes monárquicos, pro-imperialistas y semi-feudales del Golfo, en la región latinoamericana y caribeña soplan vientos integracionistas en términos contrarios a la nefasta Doctrina Monroe y del panamericanismo yanqui. Muchas de las entidades políticas árabes fueron producto artificioso de la vetusta política imperial británica (y europea en general) de “divide y reinarás”. Nosotros aún cargamos con rémoras como la OEA pero en situación de franco descrédito. A la balcanización de la América Latina y Caribeña (inducida fundamentalmente por los EE.UU.), se le ha venido respondiendo con procesos integracionistas como la ALBA, UNASUR, CELAC y otros.

Producto de la acertada política internacional de la revolución bolivariana podemos contar con el equipamiento militar necesario y suficiente para el objetivo de construir una disuasiva capacidad defensiva militar acorde a nuestras realidades. Aquí no solo nos referimos al aspecto técnico sino también a la asistencia disciplinaria, interdisciplinaria y transdisciplinaria de países amigos con importantes experiencias en el área militar como Cuba, Vietnam u otros, con pensamiento militar alejado del modelo anti-popular .  

Las guerras internacionales en las condiciones específicas del mundo actual, tienden a ser guerras cortas (o por lo menos su segmento más intenso). Así que la potenciación de la ventaja política está directamente relacionada con la capacidad de resistencia activa de la nación agredida en el corto periodo de mayor intensidad del conflicto. Por supuesto, esto no es ninguna ley.

Asumir una conducta estratégica basada en la interpretación dogmática de la tesis de “guerra popular prolongada” puede ser un error que arroje como resultante probable el exceso defensivo que nos haga caer en la pasividad perdiendo la iniciativa estratégica. Un ejemplo de reacción inmediata y contundente lo tenemos en los eventos de Girón (Cuba) cuando la fuerza armada revolucionaria cubana derrotó en el cortísimo plazo la cabeza de playa de la invasión yanqui gracias a la inmediata movilización del Estado-pueblo y el uso de armamento convencional, no obstante estar Cuba provista de un plan de acción para emprender una guerra de resistencia prolongada a una eventual invasión.

Si bien es cierto que no debemos subestimar al poder enemigo, también es cierto que no debemos subestimar las capacidades propias para golpear al enemigo en un escenario asimétrico, pero que no excluye la utilización combinada de los elementos más modernos en cuanto a sistemas de armas, informáticos, de comunicación y detección temprana de los movimientos del adversario, en armonía con la geografía, la solidaridad internacional y la más amplia participación popular.

Un requisito indispensable para una exitosa defensa nacional es el de la unidad nacional bajo un mando único. La victoria del pueblo vietnamita no hubiera sido posible sin la presencia de un liderazgo patriótico reconocido por todo el pueblo vietnamita como extensión de una conciencia nacional de que aquella tarea sólo era posible como producto del esfuerzo colosal de una nación entera. 

Son patéticas aquellas corrientes ideológicas que sostienen que un esfuerzo de esta naturaleza debe estar basado en la existencia de unas anarquizadas milicias “populares”, comandadas cada una por caudillos o grupos sectarios. Este es un concepto que parte del criterio equivocado, por su descontextualización histórica, de la supuesta desconfianza popular hacia la Fuerza Armada Nacional Bolivariana –FANB- por tratarse de una ”institución burguesa”. Está claro que esta línea de acción desintegradora sólo puede favorecer al imperialismo siendo no descartable que sus agentes infiltrados estén trabajando en este sentido.

Y aunque sólo tangencialmente llegamos al punto, la inteligencia y contrainteligencia juegan un papel fundamental en este tipo de conflicto. La experiencia libia y siria nos alecciona de la amenaza que representa la formación con ayuda externa de cuerpos armados mercenarios al interior de la nación y la necesidad de suprimir, con inteligencia y contrainteligencia, los factores que puedan permitir su surgimiento (“secar sus fuentes”), aún en los casos en que se alegue “el interés revolucionario”. La FANB a través de sus componentes está llamada a ser la estructura fundamental que viabilice el esfuerzo nacional de la defensa militar.  

Por razones obvias no entraremos en el detalle de los escenarios posibles. Sólo agregaremos que ese nuevo componente de la FANB que es la milicia nacional constituye un factor novedoso que debe vencer todas las resistencias para terminar de instaurarse como el mecanismo más expedito para viabilizar la unidad cívico-militar indispensable tanto como disuasivo y como instrumento estratégico y operativo.

La coyuntura electoral de 2012 es para nosotros una oportunidad para propinarle al imperialismo una derrota de alcance estratégico, Pero también se presenta para el imperialismo y la burguesía lacaya como un momento propicio para adelantar sus planes violentos y desestabilizadores. ¿Hasta donde serán capaces de llegar en estos planes violentos? La experiencia propia e internacional nos indica que la estrategia enemiga pondrá énfasis en la desestabilización y la violencia interna como factor desencadenante de la injerencia extranjera, probablemente bajo el disfraz “humanitario”.  

Este libreto ha tenido una constante en la creación de una cabeza de playa o “zona liberada” (o “corredor humanitario” como quieren imponerle a Siria) que actúe como foco del proceso desestabilizador del proyecto nacional. Por supuesto, la FANB será un blanco seguro puesto que la división-desmoralización de la misma es un requisito indispensable para mantener activo cualquier foco de irradiación del conflicto. No lo han logrado en Siria y están siendo derrotados, pero sí lo lograron en Libia, por lo menos en el grado suficiente para apoderarse de la ciudad de Bengasi donde instalaron el “gobierno de transición” y donde se apoyaron para orquestar la agresión armada imperial, incluyendo la ofensiva mediática. Hay que estar preparados para afrontar y derrotar la agresión en el plano mediático la cual será intensa.   

Allí están las recientes y más antiguas experiencias para que a la luz de la teoría revolucionaria sirvan para profundizar en ese nuevo pensamiento militar venezolano.  

Trabajemos para construir una efectiva y eficaz defensa nacional. Hoy más que nunca se aplica el axioma que reza “si quieres la paz, prepárate para la guerra”.

INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA. VIVIREMOS Y VENCEREMOS. 

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