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Constitución europea, la gran estafa
Por: Julien Rebotier
Fecha de publicación: 14/05/05
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El próximo 29 de mayo, el pueblo francés se pronunciará a favor o en contra del Tratado Constitucional Europeo (TCE). Este texto debe consolidar la reglamentación entre los 25 países de la Unión Europea. Cada país lo tiene que ratificar, bien sea por vía legislativa o por referéndum. En Francia, el desenlace aparece sumamente indeciso en una atmósfera de crisis del modelo de integración. La campaña a favor del sí, llevada por los políticos franceses se basa sobre el engaño alegando que votar NO es una señal de retroceso. ¡No hay nada más falso! Votar NO al Tratado no equivale a ser en contra de la consolidación de Europa, no es una demostración reaccionaria, no bloqueará las instituciones comunitarias (el Reino Unido queda fuera de varios tratados europeos), tampoco debilitará Francia en la Unión. Aquel NO es constructivo y a favor de Europa. ¿Porqué adoptar posiciones contrarias para llegar igualmente a una Europa más fuerte? En realidad, la protesta no esta relacionada con el futuro Europeo, sino más bien con la elaboración del Texto.

¿Porque es malo el Tratado?

Existen varias razones para criticar el Texto. Entre ellas, y de acuerdo con Etienne Chouard, profesor de derecho, se destacan cinco:

1- Un texto director, constitucional, tiene que ser comprensible por todo el pueblo. En definitiva, son 850 páginas de un texto de lectura difícil que conforman dicha Constitución Europea. Imagínense en el bolsillo una “bicha” de ese tamaño… Nadie lee eso, será la constitución de nadie.

2- El tratado, presentado como “Constitución Europea” (símbolo de integración), se establece entre 25 países y reglamenta la Unión. Puesto que se trata de un “Tratado”, no fue preciso convocar una asamblea constituyente. Resulta que este texto tan importante no emana de los pueblos europeos sino que fue redactado por una comisión reducida de políticos encabezada por el ex-presidente francés de centro derecha, Giscard D’Estaing (1974-1981), que se encargó de recopilar y aumentar los textos precedentes a puerta cerrada, sin asociar la voz de los pueblos.

3- En las democracias representativas europeas, el pueblo sólo asume el poder en tiempos de elecciones. Así, para garantizar el régimen democrático representativo y salvarse de la tiranía, una constitución debe separar los poderes. El gobierno, que ejecuta las leyes, no las puede hacer y el parlamento, el Legislador que las hace, no las puede ejecutar: ¡control mutuo! Está hecho para evitar la concentración de poderes. Si los europeos ratificamos el Tratado Constitucional, el parlamento europeo, elegido por los pueblos, seguirá sin poder (porque ya tiene muy poco en la actualidad) y la comisión europea, órgano ejecutivo, seguirá sin control y con los poderes. Sería acabar con el proceso que garantiza la democracia en una configuración representativa.

4- En varias oportunidades, el TCE toma el liberalismo como referencia explícita del funcionamiento de nuestra sociedad europea. De ser ratificado, el tratado Constitucional privilegiaría el liberalismo como base en la organización social.

5- Como máxima manifestación de las potencias conservadoras del continente, el Tratado estipula que hacen falta el acuerdo de cada uno de los 25 representantes políticos nacionales y la ratificación por los 25 pueblos de los países miembros de la Unión Europea. Se requiere la unanimidad por partida doble para modificar el Texto, es decir la de los representantes nacionales institucionales y la de los pueblos. En consecuencia, se trata de un proceso imposible, no hay marcha atrás…

El caso de Venezuela, un ejemplo a seguir.

Una constitución (o cualquier texto tan importante) tiene que ser un proyecto colectivo que cumpla con los intereses de toda la sociedad. Cabe señalar que Venezuela es pionera en término de democracia participativa. Esta plasmada en la Constitución Nacional. El Tratado no puede ser partidario ni fijar la referencia a un modelo económico como modelo social. Sólo la Constitución soviética tomaba la referencia colectivista como modelo estricto, mientras que la Constitución de Venezuela – pese a lo que sectores de la oposición quieren hacer creer – reconoce y protege la propiedad privada. Sí existen posiciones moderadas y humanistas en cuanto a los supuestos económico-sociales. No queremos la Europa del mercado sino la de los hombres primero. Por fin, un texto progresista debe dejar espacio para reformas eventuales y además de esa alternativa, la constitución bolivariana prevé los referéndum revocatorios para todos los cargos públicos electos. El TCE solo prevé un referéndum consultivo, sin compromiso por nadie, espejismo de poder democrático.

No robar la Historia…

El ideal europeo es demasiado grande para que nos lo quiten después de medio siglo de construcción laboriosa. Esa consulta sobre los fundamentos políticos y sociales de la Unión Europea es una oportunidad rarísima que tienen los pueblos para manifestar su voluntad y reivindicar el sueño europeo humanista de los fundadores – Monnet, Schumann… Hay varias maneras para que el Tratado constitucional represente las aspiraciones de integración. Por ejemplo, pese a que no se trata legalmente de una constitución, que no compete a un solo país, cada nación pudo haber capacitado comisiones en relación participativa con los pueblos para obtener el fruto de un proyecto común, o elaborar consultas sistemáticas…

El proceso revolucionario en Venezuela es objeto de mucha atención por parte del Mundo, pero el proceso constitucional por el cual empezó debe ser un ejemplo para nosotros, los europeos. Por eso, Francia debe decirle No al TCE para dar espacio a un verdadero proyecto.
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Julien Rebotier


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