La culpa es de Chávez

Cuando se diseña un proyecto seguramente en dicho plan están comprometidos numerosas personas. Por lo general, si el objetivo de éste se cumple el resultado es atribuido a todos los participantes y si, en caso contrario, la aspiración fracasa se le imputa a quien la dirige. Contrariamente a lo que ocurre en el proyecto socialista, los triunfos de la Revolución son atribuibles únicamente a nuestro comandante Hugo, dado su incansable trabajo y tenacidad en su ideario.

Antes de llegar al gobierno de mi comandante Hugo millones de venezolano estaban excluidos de la educación a todos los niveles. Muchos de los sin nada les estaba negado ingresar a los diversos niveles educativos. Si bien estaba escrito en la fallecida Constitución del 61 que la educación era gratuita, la o el representante debía cancelar una inscripción para que su hijo o hija disfrutara de ese derecho. Muchos fueron los jóvenes que no concluyeron sus estudios del Ciclo Diversificado y mucho menos, un joven pobre podía pensar en ingresar a una universidad, dado que los cupos estaban reservados para “la elite”, es decir, los bachilleres provenientes de los colegios privados. Con la llegada de la Revolución la falta de instrucción pasó al olvido, hoy Venezuela cuenta con un sistema educativo gratuito que va desde los Simoncitos, las Escuelas Bolivarianas, hasta la construcción de modernos liceos y la creación de nuevas universidades. Es el caso de la Universidad Bolivariana de Venezuela y la fundación de diversos núcleos de la UNEFA (Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerzas Armadas). A lo anterior le podemos agregar la Misión Robinson para erradicar el analfabetismo y las diversas Misiones Educativas que permiten incorporar a millones de personas a diferentes modalidades educativas y capacitación. Y todo esto por culpa de Chávez.

No sólo apuntemos a lo concerniente a los logros educativos. Durante la cuarta república era impensable que un pobre fuera atendido en un hospital y mucho menos en una clínica. Cuando acudía al primero no había cama disponible, o el quirófano estaba dañado, o no había medicamentos o en el peor de los casos, los instrumentos y aparatos médicos se esfumaban y por extraños mecanismos, aprecian en una cínica privada. Para la época de la “democracia representativa” la salud de un pobre y una atención digna no pasaba de ser una quimera. Con la llegada de mi comandante Hugo dirigiendo la Revolución Socialista se crean los Módulos de Barrio Adentro para que los pobres tengan una atención gratuita durante las veinticuatros horas del día, incluyendo la medicina gratis. Además, a través de otras misiones vinculadas a la salud, el Gobierno Socialista le asegura a los sin nada una atención digna, como es la Misión Milagro para devolverle la vista a aquellos que permanecieron en la oscuridad durante muchos años, simplemente por carecer de dinero para una sencilla operación de cataratas. Ahora las parturientas y los neonatos cuentan con excelentes maternidades con modernos equipos. No sólo lo anterior es un orgullo del Gobierno Bolivariano, los CDI constituyen un estandarte de los logros de la Revolución donde reciben una atención digna tantos los pobres como los asalariados de la clase media y toda persona que recurra a los servicios de salud del gobierno socialista. Y qué decir del Convenio Cuba-Venezuela que les ha permitido a muchos venezolanos recuperarse gratuitamente de sus dolencias, algo que hubiese sido imposible e impensable durante un gobierno capitalista. Son muchas las construcciones de hospitales y centros de rehabilitación que le ha dado a Venezuela un nuevo enfoque sobre un servicio de salud digno. Y todo por culpa de Chávez.

Quién de los adultos de mi época no recuerda las llamadas “soluciones habitacionales” para los pobres de los gobiernos adecos-copeyanos. Unas “viviendas indignas” que las entregaban sin puertas, sin piso enlosado, sin pocetas, ni cocina, una verdadera afrenta contra un ser humano. Es bueno recordar los inhumanos contairnes donde vivieron numerosas familias en espera de una vivienda digna. Imposible olvidar que fue durante los cuarenta años de la democracia representativa cuando los cinturones verdes de Caracas se cundieron de ranchos insanos y en muchas de las zonas de la provincia proliferaron ranchos anti higiénicos, ante la mirada pasiva de los ominosos gobernantes de la época. Felizmente llegó la Revolución y con la Misión Vivienda surge un nuevo concepto de un hogar digno. Ahora los pobres y la clase media asalariada pueden contar con una casa propia, con todos los servicios básicos, a bajo costo, a un crédito no especulativo y dentro de un complejo urbanístico donde los hijos de Venezuela podrán crecer y desarrollarse. Con la seguridad de disponer de los servicios básicos de salud, educación, hasta de un sano entretenimiento. Y todo por culpa de Chávez.

Nada de lo anterior es apariencia, porque Chávez descubrió que el presente es hijo del pasado y padre del futuro, un ser noble que concita a la compresión del fenómeno social. Por suerte los venezolanos contamos con mi comandante Hugo, un candidato salido del pueblo, que traspira pueblo que huele a pueblo, porque sencillamente, Chávez es pueblo. De su boca nunca saldrán frases como: “fijación de precios a través del mercado”, “tasas de interés flotantes”. “compañías monopólicas por acciones” “agricultura competitiva”, “materia prima para beneficiar empresas extranjeras” y todas estas sartas de expresiones neoliberales propias del FMI para ser cumplidas por Capriles en el caso negado de su triunfo.

La derecha tiene un candidato inmune a la inteligencia, un producto de un “marketing” publicitario, miembro de una casta que vive de las apariencias, sin vuelo, amando y padeciendo pequeñeces y de pasiones minúsculas. Un oligarca que jamás ha escrito ni tres cuartillas, nunca se identificó con una lucha social ni estudiantil, ni siquiera fue miembro de una junta de condominio. Ahora la publicidad, por arte de birlibirloque, lo quiere vender como un líder moderado, progresista, de centro-izquierda, muy cercano al pensamiento del ex presidente Lula (un dirigente formado en la lucha sindical), al pacifista Gandhi (quien se enfrentó sin armas al Imperio Británico), un clon de mi comandante Hugo y hasta ahora, sin ninguna otra probidad. Quizás en el transcurso de la campaña la publicidad le irá inventando otras virtudes y diversas bondades desconocidas por los electores hasta los momentos. Es cierto, Capriles es “progresista”, porque el único “progreso” que le interesa es el de las empresas familiares y la de los oligarcas criollos financistas de la campaña. No es nada pacifista, es bueno recordar el asalto a la embajada de Cuba durante el golpe de estado, su “arrojo y valentía” cuando expuso al ex ministro Chacín, con riesgo de su vida, ante la iracundia de una caterva de exaltados. Está muy lejos de Lula, seguramente los empleados de las empresas de su familia no gozan de las reivindicaciones por las cuales luchó el dirigente brasilero. Un candidato favorecido por el financiamiento de la derecha, el sionismo internacional y de los EEUU a través de la USAID (The United States Agency for International Development) y la NED (National Endowment Democracy), instrumentos del Departamento de Estado, dista mucho de ser un candidato vinculado a las luchas de un pueblo heroico y mucho menos, un líder de la izquierda.

Parafraseando al general Simón: acaso, más de quinientos años no son suficientes para aprender la lección de la injusticias cometidas por la derecha, de los despojos de la oligarquía, del robo y explotación de las potencias extranjeras, de las torturas, de la restricción de las libertades, entre tantas ignominias cometidas por la oligarquía contra un pueblo. Por fortuna, a cambio del funesto candidato de la MUD los venezolanos contamos con un excelente líder que nos asegura que aquellos aciagos episodios, esos arteros partidos de la derecha y aquellos nefastos gobernantes más nunca volverán.


Enoc Sánchez
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