Opinión i política

Tres opiniones en síntesis

Atendiendo a una exigencia que se hace en los medios de comunicación, especialmente escritos –periódicos, revistas, etc., voi a referirme a tres cosas delicadas pero de profunda gravedad, especialmente los que tomamos por primera virtud, la ética en la vida humana.

     Por una parte, según leí en Internet, el presidente Chávez, sin inmiscuirte en las cosas del Poder Electoral, porque es un Poder i no simplemente un CNE, reclama con el derecho que tiene cualquier ciudadano –el caso mío i de muchos−  el no lograr explicarse cómo, la presidenta de ese Poder Electoral, permite una elecciones primarias a la MUD, con las condiciones que ellos impongan, i no lo que está legalmente establecido, especialmente el poner en uso obligatorio los capta huellas (control de voto por elector), la tinta indeleble, i los resultados en los cuadernos electorales, aceptando o permitiendo  que les sean ajenos, cuando siempre se ha respetado el secreto del voto, i sin la colaboración del CNE, habrían sido imposibles esas elecciones Primarias;  i cediendo, para colmo,  en cuanto al permiso para ser quemadas. Esto, realmente es ilegal, producto de los manejos turbios de esa supuesta organización de “unidad”  en la oposición que entre ellos rivalizan fieramente, que de paso rematan su fascismo, con la intención de desestabilizar, engañando a sus propios electores; luego, protagonizando el supremo irrespeto (que merece investigación i castigo ejemplar) como es desobedecer una decisión del Tribunal Supremo de Justicia, i quedarse la mesa de  alacranes burlonamente impune, ofreciendo en regalo las cenizas.

      La segunda de estas fallas o faltas a señalar, lo constituye la actitud del pretendido historiador, autor de esos libros titulados LA CARTA. Este señor vuelve a la carga con su paranoia e irrespeto a una verdad histórica ya corroborada con la faena científica en el Panteón, con el anuncio o afirmación del asesinado del Libertador Simón Bolívar, la carta de Fanny (aunque tiene un revoltillo de cartas) como código de un magnicidio i la tesis de que Bolívar fue secuestrado por un barco norteamericano, llevado a selva, fusilado i enterrado en el sitio. (¿Los del imperio del norte permitirán esta versión, como parte de una estrategia de desestabilización, llevada a cabo por este autor, acaso como miembro de la CIA que parece ser?) pues es una acusación formal contra el gobierno del Presidente Chávez, la Asamblea Nacional i todo el equipo de historiadores, científicos, observadores profesionales, etc., que exhumaron el cadáver del Padre de la Patria, comprobaron la obra del sabio José María Vargas i los científicos que realizaron la investigación del ADN, o son estúpidos, no supieron hacer lo que se les encomendó o son infiltrados; “sicarios científicos” que se prestaron al más grandioso o monumental engaño que se haya hecho a un pueblo, a una nación, a un continente o al mundo, porque ese esqueleto que hasta vimos por televisión, no es el de Bolívar sino de un desconocido que homenajeamos en el Panteón Nacional i de paso le estamos  construyendo  otro  majestuoso. El verdadero Bolívar, fue fusilado en la selva como se ha visto en los libros de lujo publicados  (ahora acompaña los hechos con dibujos, porque  a la quebrada Kodak no se le había ocurrido hacer una cámara fotográfica para aquellos tiempos) i la única persona que a los 180 años localizó el sitio en la selva, ha sido el señor Jorge Mier Hoffman. Surgen entonces algunas preguntas de elemental lógica o los que algunos llaman, de sentido común: ¿Quién era el personaje que murió en Santa Marta en San Pedro Alejandrino? ¿No lo conocían ninguno de los generales i oficiales que lo acompañaron hasta el momento de morir? ¿El pariente del autor de LA CARTA, don Joaquín de Mier, era un cómplice traidor, igual que el médico francés Próspero Reverend i lo generales que lo velaron? ¿Cómo ese “sustituto” de extraordinario parecido, se prestó a morir para el sensacional engaño?  ¿Cómo los habitantes de Santa Marta, pudieron engañarse desde entonces, i trasmitir el engaño a un médico i humanista de la talla de Vargas, apenas 12 años después del fallecimiento i traslado de los restos? ¿Cómo pudo el sustituidor redactar o dictar un testamento o esa bella proclama de despedida a los colombiano i demás seres humanos que hoi se nutren con su hidalguía, amor a la patria que nacía i su sabiduría? Este genio de la historia, JMH, único en saber dónde está El Libertador, debe  responder a eso; pero al mismo tiempo, no debe olvidar que ha hecho al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, la más sensacional denuncia de corrupción, inmoralidad i abominación a nuestro Libertador i a sus pueblos de América i del mundo. Esto debe ser planteado en la Asamblea Nacional, en la Procuraduría de la Nación, la Fiscalía General i, obviamente ante el TSJ.

      En tercer lugar, i perdonen mi inconformidad, exponiendo con todo respeto mi idea, compartida por hombres conocedores de la materia, referirme a la actitud tomada por el Tribunal Supremo de Justicia. No soi abogado para saber qué daño social se hace a un país, a la nación, cuando su autoridad es desacatada. Los filósofos vemos a veces los problemas concernientes a la política, como la libertad, el respeto a las leyes, la ética de los preceptos que para los hombres de pensamiento i razón, son especies de imperativos kantianos, como asiento de la Verdad i la Justicia;  i con El Libertador, estamos convencidos que la Justicia es la reina de las virtudes republicanas. El TSJ es la máxima autoridad o exponente supremo de esa justicia que no puede ser burlada o la anarquía nos devorará, frase igualmente de Bolívar. I por otro lado los ciudadanos demócratas, morales i justos, vemos la impunidad como el cáncer o el sida de la sociedad civilizada, tendiendo a la barbarie. Por eso somos muchos los que estamos en espera de ver qué respuesta tiene ese Supremo Tribunal, ante la desobediencia de sus dictados i la impunidad consiguiente, o sólo quedamos en rescoldos i cenizas.   

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Roberto Jiménez Maggiolo


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