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Es el alcalde de la mayor ciudad del hemisferio y el fenómeno político más reciente de México.
Puede convocar a voluntad a decenas de miles de personas a las calles. En un torbellino de tres semanas, llevó a cabo la mayor protesta en la historia reciente de México y revirtió un desafío legal por parte del presidente mexicano y el Congreso, el cual amenazaba con ponerle fin a su carrera política.
Ahora, todo parece indicar que Andrés Manuel López Obrador prácticamente está destinado a ser elegido presidente el año entrante.
''Lo que vimos el domingo pasado fue muestra de que estamos en una nueva sociedad'', dijo López Obrador la semana pasada, en referencia a la marcha de protesta. ``Que las estructuras tradicionales de poder no están en control, ni siquiera con todo su dinero y medios de comunicación''.
De hecho, López Obrador, viudo de 51 años y padre de tres hijos, ha demostrado que puede motivar al vasto estrato de personas pobres. Lo que aún no está claro es si será capaz de mantener a su lado a empresarios que admiran a Estados Unidos y a la frágil clase media.
López Obrador es mejor conocido por elegir sus batallas políticas que por tender puentes. Además, su estilo político, inclinado a la izquierda y de duras embestidas, tiene preocupados a muchos integrantes de la élite gobernante, así como a algunos analistas extranjeros. No son pocos los que temen que México podría seguir el rumbo de Venezuela, involucrada en una guerra de clases a medida que el presidente Hugo Chávez se sube en una ola de sentir antiestadounidense.
Se trata de una ola que ha impulsado al poder a políticos de la izquierda a lo largo de América Latina. De manera similar al presidente de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, y Tabaré Vásquez, de Uruguay, López Obrador personifica el marcado descontento por políticas económicas respaldadas por Washington que han tenido la propiedad de estabilizar la economía para los ricos pero no han logrado levantar a los pobres. Su ascensión al poder desplazaría esa frustración hacia la puerta trasera de Estados Unidos.
En la entrevista, López Obrador rechazó las comparaciones con movimientos de izquierda a lo largo de la región. Dijo que se considera un fenómeno puramente mexicano, moldeado por una devota madre católica, una arrasadora tragedia familiar y un poeta que escribió acerca de los hermosos paisajes de México y lo lanzó a las luchas más sombrías de este país.
En su núcleo, dijo el alcalde, sigue siendo un activista en desventaja procedente del trópico, donde la política puede ser un asunto muy rudo. Sin embargo, destacó que ha sido uno de los participantes de la política nacional casi desde hace una década, fungiendo como presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD) antes de convertirse en el alcalde capitalino en el 2000.
Hizo énfasis en su trayectoria como alcalde de esta gigantesca ciudad, señalando estados financieros que mostraban los menores aumentos en la deuda en los últimos 20 años como prueba de que está calificado para administrar la economía nacional. Destacó la presencia de casi un millón de personas que marcharon en esta ciudad el mes pasado como prueba de que la mayor parte de los mexicanos también piensa lo mismo.
''La mentalidad de la gente ha cambiado'', aseguró. ``Están dispuestos a defender la democracia. A eso le estamos apostando. Y apostamos correctamente''.
De hecho, López Obrador, conocido en México como AMLO, desafía categorizaciones fáciles. Ofrece ruedas de prensa a diario, a las 6 a.m., pero ignora la mayoría de las preguntas sustanciales y ha obstruido la aplicación de leyes sobre el acceso a la información.
Ha sido criticado por conservadores por gastar profusamente en ayudas para la gente de edad avanzada, por proporcionar un refugio a prostitutas que son demasiado viejas para trabajar y por la construcción de segundos pisos en importantes arterias para aliviar el tráfico.
Sacudió a la izquierda mexicana cuando obstruyó leyes que habrían legalizado la unión de personas del mismo sexo, forjó acuerdos con magnates empresariales para restaurar el centro histórico de esta ciudad y trajo a quien fuera el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, para que ayudara en la creación de estrategias de cero tolerancia para combatir la delincuencia.
Y en un gesto que hasta sus subalternos más allegados consideraron un lamentable error que se ganó la enemistad de la clase media, declaró que los organizadores de una marcha ciudadana opuesta a la delincuencia eran peones de una conspiración de la derecha preparada en su contra.
Al igual que casi cualquier otro dirigente político en este país, López Obrador empezó su carrera en el viejo régimen autoritario que dominó el gobierno durante más de siete décadas.
Sus partidarios destacan que el alcalde creó una corriente agitadora contra la corrupción en el interior del Partido Revolucionario Institucional (PRI), para después abandonarlo a fin de ayudar en la dirección de un movimiento opositor de la izquierda que puso a México en el camino hacia una democracia más plena.
''Se ha dicho que López Obrador escribe sus discursos con la mano izquierda y gobierna con la derecha'', observó Héctor Zagal, coautor de una biografía sobre él. ``Es un producto del viejo PRI, con todos sus defectos y virtudes''.
Manuel Camacho Solís, legislador federal y jefe de estrategia política del alcalde, dijo: ``Se siente cómodo como un líder social, y lo hace bien, pero ha tenido que trabajar en su aprendizaje para gobernar. Para ser presidente, necesita ganarse el respeto de la gente a través del diálogo, no entrando en conflicto con ellos''.
López Obrador no disintió.
''Existe la impresión de que soy una persona autoritaria'', dijo. ``Sin embargo, los movimientos sociales requieren de un firme liderazgo. Esta lucha es muy difícil. Y a veces endurece el corazón, pero no por siempre''.
Las pistas hacia el pasado de López Obrador, quien lleva el nombre de su padre, Andrés, y el de su madre, Manuela, están diseminadas a lo largo del estado sureño de Tabasco. Nació en un diminuto poblado, Tepetitán, que no se parece en nada a la ciudad que gobierna hoy día.
Los niños juegan a la pelota en medio de maizales, y pescadores zaparrastrosos como Felipe López González citan las escrituras del Nuevo Testamento al tiempo que explican cómo la familia promedio vive cerca de los yacimientos petrolíferos más ricos del país con el equivalente de menos de cuatro dólares diarios.
La pobreza, en esa época, daba la impresión de ser una cuestión transitoria para el joven López Obrador. Era algo de lo que oía hablar a hombres y mujeres que no podían pagar sus cuentas en la tienda general de su familia.
Después, en 1969, esa vida idílica se hizo pedazos cuando uno de sus hermanos menores, José Ramón, perdió la vida. Estaba jugando con una pistola que se disparó.
Andrés Manuel, entonces de 15 años, presenció el accidente. Algunos parientes dicen que había tratado de convencer a su madre para que su hermano guardara el arma.
En la entrevista, el alcalde se negó a comentar acerca del suceso o las especulaciones de que ese trauma le otorga a su política un celo mesiánico.
''Eso me afectó entonces y aún me afecta'', dijo.
Quizás la experiencia que más lo hizo cambiar se produjo varios años después en el poblado indígena de Tucta. Había acudido a aquella comunidad en 1976 para ayudar a realizar unas labores en un pantano. Iba en compañía de Carlos Pellicer Cámara, uno de los poetas más queridos de México.
Era un lugar que daba la impresión de haberse perdido en el tiempo. Los indígenas chontales, descendientes de los mayas, no tenían electricidad ni agua potable. No había escuelas ni clínicas. Además, la gente vivía en chozas hechas de ramas y hojas.
''No sólo tenían a los chontales confinados al margen de la sociedad'', recordó López Obrador, refiriéndose a las autoridades gubernamentales. ``Sino que negaban la existencia de los chontales, aun cuando ellos son la realidad más íntima de Tabasco''.
Los indígenas se convirtieron rápidamente en una realidad íntima para López Obrador. Mudó a su esposa y su bebé a una choza en Tucta que tenía piso de tierra y techo de lámina. Y, de manera muy similar a lo que ha hecho en Ciudad de México, lanzó una combinación de asistencia social y programas de infraestructura para ayudar a la gente a cubrir sus necesidades más básicas y los puso a trabajar.
''Pudo haber llevado una vida de comodidades con su familia, pero los trajo aquí para que estuvieran con nosotros'', recordó Pedro Bernardo, de 58 años, uno de los beneficiarios del trabajo de López Obrador en Tucta. ``Hay muy pocas personas que podrían soportar los golpes de esta vida''.
Y aún vendrían golpes más duros.
''Mi sueño era convertirme en el gobernador de Tabasco'', dijo López Obrador. ``Porque deseaba cambiarlo''.
Era un sueño que nunca alcanzaría.
López Obrador abandonó el PRI, después se propuso derrocarlo en 1988, cuando el partido se negó a postularlo para alcalde del municipio de Macuspana.
Respaldado por una base política de campesinos a la que dirigía como un general, el revoltoso político se postuló en dos ocasiones para gobernador por partidos de izquierda, perdiendo en ambas. Las elecciones de 1994 fueron manchadas por alegatos de corrupción. Y durante varios meses, López Obrador y sus tropas civiles protestaron por cualquier medio que fueron capaces, a fin de volver ingobernable el estado.
Dos años más tarde, estaba de nuevo en pie de guerra, encabezando a miles de partidarios en un esfuerzo opositor contra la presencia de más de 50 pozos petroleros a lo largo del estado. Los pozos de la empresa paraestatal PEMEX causaban derrames que contaminaban ríos y tierras de sembradío.
Las protestas ocasionaron que PEMEX perdiera aproximadamente $8.5 millones en ingresos durante los primeros 12 días. Docenas de personas fueron heridas y arrestadas a medida que la policía trataba de despejar un camino que conducía a los pozos.
En la entrevista de la semana pasada, López Obrador dijo que los principios de esas batallas siguen guiándolo, pero que sus días de radicalismo ya quedaron atrás.
''Ahora soy centrista'', dijo, con una sonrisa irónica.
''Cuando empezamos, el PRI dominaba por completo'', afirmó. ``Ni siquiera las hojas de los árboles se movían a menos que el PRI lo ordenara. Tuvo que pasar mucho tiempo antes de que la gente empezara a vivir su libertad. Dependía de nosotros enseñarles a no temer. Y ahora ellos ya no temen''.
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