Niños armados: meando fuera del perol

El caso de las fotos de niños armados en el 23 de enero tiene sus bemoles. Lo primero que debemos decir es que ni por asomo nos sumaremos a la moralina de los representantes de la burguesía que se dan golpes de pecho al hablar de esas imágenes.

En realidad, a la burguesía le importan un comino los niños. Esta clase social dominante, y que en Venezuela se hace representar por todos los pre-majunches y los partidos de la derecha, así como por grupos hipócritas y canallescos como gremios empresariales, sindicatos desclasados, jerarquías religiosas, medios de comunicación reaccionarios y otros, es responsable por la muerte debido a la inanición de millones de niños en el mundo. Por otra parte, apoya, abierta o solapadamente, las acciones militares imperiales en países como Irak, Libia y Afganistán, por nombrar solo algunos casos, que se traducen en masacres donde miles de niños son asesinados, mutilados, desplazados o convertidos en huérfanos.

Los contrarrevolucionarios venezolanos sueñan secretamente con una intervención imperialista que les haga el trabajo de derrocar a Chávez y  no piensan ni un minuto en el dolor que esto causaría a nuestros niños y a sus familias. Durante doscientos años y más, los oligarcas condenaron a gran parte de nuestros niños a la exclusión, a la miseria, a la ignorancia, a los estragos de la violencia familiar. Ellos defienden la cultura capitalista que degrada la conciencia de nuestros niños desde muy temprana edad y los esclaviza mentalmente a través de las bazofias de sus programas de televisión y su publicidad, además de incitarlos al odio y la violencia con juegos de video donde reinan la guerra y la crueldad. Las jugueterías venden todo tipo de armas simuladas, pistolas, revólveres, dagas y otras simulaciones del arsenal de la violencia virtual. Esa cultura convierte a los niños y jóvenes en asesinos y suicidas, como lo demuestran los numerosos casos de escolares o liceístas que disparan contra sus propios compañeros y/o maestros, sobre todo en Estados Unidos. Es sabido que la apología de la violencia es una de las características principales del conglomerado mediático burgués, y entre las principales víctimas de este despropósito están los niños.
    

Zanjado ese punto, tenemos que referirnos a la estupidez política de quienes armaron a los niños de las imágenes en cuestión, a su absurdo exhibicionismo y al complejo escenario que plantean para nuestro Gobierno, nuestra Revolución y para los propios habitantes del 23 de enero. La verdad es que el repudio en el campo revolucionario ha sido generalizado. No solo han rechazado esta acción el Gobierno y partidos revolucionarios, como el PSUV y el PCV, sino que todos los camaradas con quienes hemos podido hablar en torno al asunto han sido tajantes en su condena. Esto nos lleva a una primera conclusión: los responsables del desatino son grupos aislados, sin perspectiva política alguna, encerrados en sus guetos, y en sus fantasías y sus juegos de guerra. No representan en modo alguno al pueblo venezolano, ni sus valores ni sus actuales condiciones históricas. Son ultraizquierdistas equivocados que simplemente, y como decimos en criollo, están meando fuera del perol.
    

A esta altura de nuestro análisis, debemos enfrentar otra moralina que no podemos aceptar: la de que los niños no pueden armarse. En cualquier situación normal, los niños deben estar alejados de las armas ¿Pasa lo mismo si mancilla nuestra tierra un invasor extranjero? Por supuesto que no. En ese caso, todos los venezolanos sin importar ni edad ni condición tienen que estar dispuestos a tomar las armas para defender la Patria. En ese sentido, somos partidarios de impartir formación militar a toda la población, incluidos los niños, ya que somos un país bajo amenaza y tenemos que estar preparados para la acción asimétrica contra una guerra de conquista por parte de potencias extranjeras. No nos oponemos, pues,  a que los niños de nuestros barrios conozcan el manejo de armamento y aprendan el arte militar. Lo que no podemos aceptar que esto se haga al  margen del Gobierno revolucionario y del Estado nacional, y violando claramente la Constitución que los venezolanos nos dimos mayoritaria y soberanamente ¿Qué se creen estos grupos, que pretenden pasarle por encima a la piedra fundacional de la nueva república que colocamos los venezolanos el 15 de diciembre de 1999?  
     

Ahora bien, aunque existe la posibilidad de una invasión imperial, lo cierto es que no estamos hoy en esa situación. Venezuela es un país estable, básicamente en paz, que además fundamenta su política de defensa en buena parte sobre la acción diplomática e integradora. Muestra de ello son la creación de Unasur, de la ALBA y de la CELAC, además de las alianzas militares que se perfilan con el conjunto de América del Sur y en acuerdos bilaterales, de lo que son ejemplo las recientes visitas de los ministros de Defensa de Brasil y de Perú. Lo que nos lleva a una segunda conclusión: los grupos señalados por las fotos de marras están fuera de la realidad, no comprenden el momento político y actúan movidos por el resentimiento irracional. Digámoslo otra vez: mean fuera del perol.
    

Otro punto a señalar es que al actuar de esa manera descocada, los grupúsculos erradamente militaristas le hacen un gran favor a la contrarrevolución, aunque no sea esa su intención: de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Como suele suceder, la ultraizquierda termina abonando a los intereses de la ultraderecha. Los majunches andan felices con el resbalón que se dieron quienes difundieron las infelices fotos ¿Qué ganan los autores del desaguisado con la exhibición pueril de esas imágenes? Rechazo, repudio, condena de la gran mayoría de los revolucionarios ¿Acaso es eso lo que quieren? Suponemos que no, pero es de hecho lo que cosechan.
    

Ahora bien ¿qué puede hacer nuestro Gobierno ante esta situación? No es nada fácil. Por una parte, tiene el deber de condenar la acción y de investigar para esclarecer responsabilidades. Pero por otra parte ¿Cómo actuar si esos grupos pretenden insistir en sus métodos y en sus errores? Recordemos que se trata de grupos armados, con armamento de guerra ¿Puede nuestro Gobierno pensar con el rasero burgués y cumplir lo que las leyes recomiendan, en el sentido de utilizar las armas del Estado para reducir a estos grupos y desarmarlos? Por supuesto que no. Eso sería otra fiesta para la burguesía, que se produjera una masacre, que se cobrarán las vidas de habitantes de esa barriada tan emblemática y querida que es el 23 de enero. En cierto sentido, nuestro Gobierno está atado de manos en el aspecto militar. Aquí solo cabe actuar pacientemente y utilizar la persuasión y la concientización, no hay otra manera.

Sabemos que la mayoría de quienes integran esos grupos son sinceramente revolucionarios, solo que están profundamente equivocados. Solo podemos nosotros contribuir llamándolos a la reflexión, a desechar la soberbia y la prepotencia, a revisarse humildemente. Reconocer los errores es el primer paso para corregirlos. Nosotros no nos vamos a sumar al coro de la burguesía que quiere condenar a la pira a estos camaradas. Todos hemos cometido, cometemos y cometeremos errores. Lo único bueno de los errores es que nos permiten aprender. Si no lo hacemos, entonces solo quedará lo malo. En fin, que cada cual asuma su barranco.


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