Ni el ciego ni el garrote… el capitalismo

 No tiene la culpa el ciego sino quien le da el garrote … reza el dicho popular. El drama carcelario que vivimos en Venezuela es una de las tantas consecuencias nefastas del capitalismo que lleva más de 200 años reinando en nuestros lares.

Si los hombres y mujeres que hoy padecen la desgracia de estar en una cárcel venezolana acceden a drogas o armas de fuego es porque desde fuera esto se les facilita. Con esto no queremos afirmar que el propio Estado juega a esto y ocurre a su conveniencia, como lo han dicho los sinvergüenzas mediáticos, algunos hoy sancionados por mentirosos.

Las mafias que existen dentro y fuera de las cárceles son herencias del capitalismo que ha depravado a funcionarios y funcionarias, tanto o más que a los propios presos y presas que el sistema después de haberlos envilecido los reduce y aisla como manera de ocultarlos en busca de la negación de sus propias miserias.

El capitalismo es miserable, enseña a todos que el ideal es el consumo sin límites, sabiendo que a fin de cuentas son pocos los que podrán hacerlo realmente y son más los que terminarán envilecidos en procuras de ese falso ideal. Muchos de esa masa de estafados por el capitalismo darán con su humanidad a cárceles, no a redimirse sino a redimir al sistema imperante que no les quitó la vida de una vez, como en otros tiempos lo habría hecho, sino que se las va quitando de a poquito.

Ninguno de los esfuerzos que adelanta el Gobierno Revolucionario a favor de los presos y presas actualmente generará las respuestas con la premura que esperamos, sólo con otro modelo de sociedad el hombre y la mujer, cualquiera sea su condición, podrán aproximarse al “vivir bien”, aunque se hayan cometido faltas que la sociedad penaliza.

carloslunarvelo@hotmail.com


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