La Resistencia Indígena nació en 1492

El 12 de octubre de 1492 se conoció como el día del Descubrimiento de América, ocultando así el más grande genocidio en la Historia de la humanidad. Genocidio que acabó con la vida de aproximadamente 90 millones de indígenas; desapareció civilizaciones enteras; perpetró el saqueo de las riquezas existentes y destruyó las culturas autóctonas.

Ese mismo día, el 12 de octubre de 1492 nació la Resistencia Indígena en América. Resistencia que aun pervive ante los despojos y atropellos de los cuales son objetos las comunidades indígenas que sobrevivieron a la matanza de los europeos. En Chile, por ejemplo, ocurren frecuentes atropellos contra la población indígena: la presidenta Bachelet ordenó acciones contra los Mapuches que reclamaban sus derechos y, hace algunos meses el gobierno de presidente Sebastián Piñera ordenó el arresto de una niña Mapuche. Orden que se cumplió cuando salía de su escuela.

En Venezuela no ha cesado la resistencia indígena porque no han cesado los atropellos. Actualmente los Yucpas mantienen una lucha desigual en el municipio Perijá contra los ganaderos, quienes reciben el apoyo de los organismos de seguridad y defensa del país. Vemos que luchadores sociales que trabajan por la causa indígena al lado de los Yucpas son descalificados al ser acusados, inclusive, de ser agentes de la CIA, como es el caso del Prof. Lusbi Portillo. Algunos dirigentes indígenas han sido perseguidos, entre ellos el cacique Sabino Romero, quien fue sometido a juicio luego de estar preso arbitrariamente durante año y medio en un fuerte militar en la ciudad de Trujillo, sin las garantías que reconoce la constitución de la República a los indígenas, entre ellas la posibilidad de recibir visitas de sus familiares. ¿Qué buscan los indígenas  con sus luchas?  Sencillamente que no se explote el carbón ni otros minerales en la Sierra de Perijá para evitar la contaminación de su hábitat y que se les demarquen las tierras que les corresponden para recuperar las que le han sido arrebatadas por los ganaderos.

Observamos con indignación que en varios sitios de Maracaibo son explotados y obligados a ejercer la mendicidad algunas indígenas Yucpas, cargando con sus hijos, durante todo el día y al final de la tarde son retiradas en el mismo vehículo que las trajo. Los organismos a quienes compete velar por los derechos de los pueblos indígenas son los únicos que desconocen que esto acontece. Es decir delitos como trata de personas y explotación de niños y mujeres no existen.

Las primeras crónicas escritas por Colón informaron a los reyes de España que los indígenas, “indios” como los invasores los llamaban, eran gentes tranquilas, sonreían continuamente, no se peleaban entre ellos y con estas características sería muy sencillo dominarlos para convertirlos en esclavos. Efectivamente los indígenas vivían felices en estas tierras, en perfecta armonía con la naturaleza. Felicidad que terminó con la llegada del invasor que trajo consigo entre otras calamidades violaciones de las indígenas, saqueos y matanzas.

Desde las primeras cartas escritas por Colón se evidencia que la conquista de América se hizo bajo el signo del dinero. En 1503, Colón escribía desde Jamaica a la reina Isabel:”¡Cosa maravillosa es el oro: Quien tiene oro es dueño y señor de cuanto apetece. Con oro hasta se hacen entrar las almas al paraíso”. Él calculaba que el Nuevo Mundo proporcionaría al reino de España más de cien quintales de oro al año. Un quintal equivale aproximadamente a 46 kilogramos.

El Inca Atahualpa,  nació en 1500. Después de un inesperado ataque de los españoles fue hecho prisionero por Francisco Pizarro en 1532. Su rescate le reportó a la corona 5.720 kilos de oro y 11.000 de plata. Pero, a pesar de pagar el rescate fue asesinado y su muerte provocó el caos. Sus seguidores lloraban en las calles desesperados por la muerte de su emperador.

La causa esencial de la rápida recolección y producción de metales preciosos arrancados a los aborígenes fue el grado de adelanto minero-metalúrgico que habían alcanzado en América. En fin, los indígenas americanos proporcionaron a los conquistadores los datos para ubicar las minas, oficiaron de técnicos, especialistas y peones, y aportaron un cierto desarrollo de las fuerzas productivas que facilitó a los españoles la tarea de la colonización.

Fue tan feroz la resistencia indígena en Venezuela, según cuenta Eduardo Arcila Farías en su libro "Economía Colonial de Venezuela", que mientras los virreinatos de Nueva España, del Perú y Nueva Granada eran ya dominios florecientes a los que España debía buena parte de su grandeza, en nuestra patria los colonizadores no habían podido pasar de la costa, pues varias tribus continuaban guerreando en su empeño por sacar de sus territorios a los invasores

A la acción de los ejércitos españoles, se unió la participación de la Iglesia Católica. A través de los misioneros, pusieron en marcha un brutal proceso de adoctrinamiento por la fuerza practicando la abolición de sus dioses y sus creencias milenarias. Para fortalecer estas prácticas la Iglesia da inicio a las “apariciones” de las Vírgenes, quienes por supuestos, premiaron a los caciques sumisos con el milagro de su aparición. ¿Por qué la Virgen no se le  “apareció” a Guaicaipuro, quien luchó defendiendo a su tribu y, lo hizo a Coromoto, quien se rindió y entregó su gente al invasor? Porque las apariciones fueron planeadas. Fueron de carácter ideológico. España luchó con dos tipos armas: las convencionales y la Santa Cruz

Fray Bartolomé de las Casas denunció la brutalidad de los conquistadores hacia los indígenas para arrebatarles el oro, la plata y su libertad, al narrar en su "Brevísima relación de la destrucción de las Indias" los crímenes cometidos por los invasores en la isla de La Española, en uno de sus pasajes señala lo siguiente:

“Entraban los españoles en los poblados y no dejaban niños ni viejos ni mujeres preñadas que no desbarrigaran e hicieran pedazos. Hacían apuestas sobre quién, de una cuchillada abría un indio por medio o le cortaban la cabeza de un tajo. Arrancaban las criaturas del pecho de sus madres y las lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos. A otros los amarraban con paja seca y los quemaban vivos. Y les clavaban una estaca en la boca para que no se oyeran los gritos. Para mantener a los perros amaestrados en matar traían muchos indios en cadenas y los exponían a los perros que los mordían y los destrozaban. Organizaban carnicerías públicas de carne humana. Yo soy testigo de todo esto y de otras maneras de crueldad nunca vistas ni oídas".

Cuenta la historia que el cacique Hatuey, de Santo Domingo, logró escapar de la carnicería huyendo a la vecina isla de Cuba donde organizó la resistencia indígena, pero fue perseguido, hecho prisionero y condenado a morir en la hoguera. "Atado fuertemente a un poste cuando las llamas comenzaban a chamuscarlo, se le acercó un sacerdote para hacerlo cristiano antes de morir. Hatuey preguntó si haciéndose cristiano iría al cielo de los cristianos, y como el sacerdote le contestó afirmativamente, Hatuey le dijo que prefería ir al infierno antes de volver a ver un cristiano".

Uno de los jefes indígenas más destacados en América fue Guaicaipuro, orgullo del pueblo venezolano. Fue el primer venezolano que logró una coalición para derrotar al invasor. Junto con Terepaima, Guaicaipuro logró derrotar en varias oportunidades a Fajardo y otros jefes españoles. Consciente del peligro, el Gobernador decidió organizar una fuerte expedición al mando de Diego de Losada. Guaicaipuro lo enfrentó pero después de varios combates fue derrotado y según dice el cronista José de Oviedo y Baños, “Losada se halló con más de diez mil indios acaudillados por el cacique Guaicaipuro, quienes al batir de sus tambores y resonar de sus fotutos le presentaban altiva batalla”.

Desde 1492 hasta avanzado el siglo XVIII, el genocidio se desató impunemente por todas las tierras de América provocando la muerte de millones de aborígenes. Por ello, no es casual que el Canto Guerrero de los Cuicas sea el poema-combate por excelencia ante la llegada de los invasores, quienes, a sangre, fuego y cruz, impusieron su imperio, sus símbolos religiosos y su cultura expoliadora.

Resulta absurdo cómo algunos historiadores con la complaciente actitud de la mayoría de los gobiernos americanos que sucedieron a la gesta independentista que acabó con el dominio español en América, hayan ocultado tan horrendo crimen celebrando como una feliz efemérides el 12 de Octubre como del Día de la Raza, del Idioma, de la Madre Patria, de la Religión Católica, que no son más que la misma lengua, el mismo imperio y la misma religión  impuestos a sangre y fuego sobre millones de nuestros aborígenes para arrasar con las riquezas y las culturas de sus civilizaciones.

Para rescatar el verdadero y auténtico significado de esa fecha que los pueblos del continente han rebautizado como el "Día de la Resistencia Indígena" en justo homenaje a la nación aborigen americana que enfrentó al invasor español y a la religión que le fue impuesta a sangre y fuego, se han creado organizaciones y movimientos indígenas y agrarios que buscan fortalecer la lucha contra la globalización, el neoliberalismo y sus diferentes instrumentos y formas de dominación.

Se trata de la respuesta más oportuna que los pueblos de América Latina puedan dar a las pretensiones de los nuevos conquistadores y colonizadores a poco más cinco siglos del 12 de Octubre de 1492, fecha que no fue la de un descubrimiento como pretendieron llamarlo durante mucho tiempo, repito, sino el punto de partida de la Resistencia Indígena que hoy se fortalece y agiganta con la participación de los pueblos latinoamericanos que están dispuestos a preservar la soberanía y libertad que conquistaron Bolívar, Sucre, San Martín, O Higgins, Morazán y otros próceres y alcanzar la integración que les fue vedada entonces por la traición de las oligarquías criollas y sus amos imperialistas. 

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