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Frente a los Apocalípticos
Por: Antonio López Campillo (kaos. Opinión)
Fecha de publicación: 04/04/05
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1. Enemigos de la esperanza
Todos los días nos hablan de catástrofes que han sucedido en el mundo, inundaciones, terremotos, matanzas étnicas, incendios de bosques… Pero parece que esto les parece poco a algunos y nos anuncian otras muchas, producto de nuestro propio hacer como seres humanos, civilizados. Son, estos agoreros, los apocalípticos del título.

Los "apocalípticos" nos anuncian que no hay esperanza en el futuro, ya que lo que viene es horrible y fruto de no ser lo que somos, según ellos, en realidad. Rousseau, uno de los padres de los apocalípticos, veía en el discurrir de la civilización la raíz de la maldad de los humanos, su degradación. Lo que significa que el paso del tiempo genera degradación, que es cierto en el caso del envejecimiento, pero no en el del crecimiento del niño y del paso a través de la juventud al estadio adulto.

Un modo de luchar con el tiempo, que todo liquida, es negar su acción y aquí nos encontramos con una de las ideas básicas de los apocalípticos, negar la historia, el paso del tiempo, como formador, generador de mundos. El modo de negar el fluir, histórico, del tiempo es volver a un estado anterior donde Cronos no había comenzado a "digerirnos". Querer volver al Paraíso, que es lo que quieren, es olvidar que hay una maldición divina, y el tiempo del monoteísmo judeo-cristiano es lineal y no cíclico, no hay vuelta atrás, sólo queda salvarse. La esperanza es hacer, o cohacer, el futuro, pues el regreso es imposible, todos los procesos que tienen lugar en el mundo son irreversibles.

La irreversibilidad produce terror. Vivir es sólo vivir aquí y ahora y viviendo, hacer el futuro. La responsabilidad personal de lo que viene incomoda, inquieta, por eso creer en magnetismos negativos y positivos, en posiciones de astros que pueden ser favorables o no, son creencias aceptables por muchos. Junto a los astrólogos y los "magnetólogos" encontramos los filósofos postmodernos que en sus múltiples variedades niegan, a su vez, la acción de la "hacendosa" historia.

Una de las proclamaciones de los postmodernos, la de que todas las culturas son "adultas", idea emitida por Lévis-Strauss, tiene un éxito que se explica por eliminar el paso del tiempo como maduración. O lo que es lo mismo, todas las civilizaciones son equivalentes y no se puede establecer un orden, son "inclasificables". Para estos etnólogos, insinuar que la cultura de los Ming nos parece superior a la magdaleniense, nos clasificaría sin remedio como "eurocentristas". Para Lévi-Strauss ambas son "adultas" y de ahí se ha pasado a "equivalentes", pero el paso del tiempo ha hecho que los humanos de la cultura Ming habían acumulado conocimientos sobre el funcionamiento del mundo que se reflejaban en, por ejemplo, cómo hacer las cosas.

Sin duda un magdaleniense ante la cultura Ming habría aceptado integrarse en ella, mientras que un chino de la cultura Ming habría rechazado vivir en la cultura magdaleniense. Posiblemente por razones tan simples como la protección ante el frío y el calor, y la seguridad de poder comer, también, pasado mañana. Razones epidérmico-gástricas que tienen su peso y razón.

Las diferentes culturas son diferentes por su capacidad técnica, la de hacer las cosas útiles, y también lo son por el trato que dan a los humanos que en ellas viven o vivieron, es decir que algunas son menos inhumanas que otras.

Los apocalípticos de todo tipo son enemigos de la esperanza. Esta característica es el núcleo ideológico tanto de los estructuralistas, como del resto de los filósofos postmodernos, o como buena parte de los ecologistas, por citar unos pocos ideólogos de nuestro tiempo. Veremos más tarde algunos casos concretos de estos doctrinarios y los frutos de su acción.

2. Los postmodernos

Entre los apocalípticos están los postmodernos y entre estos destaca Foucault, posiblemente el más inteligente de todos. Fue un hombre brillante que se ocupo de la historia de un modo original, para él es una sucesión de "bloques" (épocas) sin conexión entre ellos, es decir que en cada "bloque" domina un "episteme" diferente y especifico, pasándose de un "episteme" a un otro por mutación brusca, rechazando toda transición histórica, lo que elimina el tiempo como generador del cambio. La discontinuidad absoluta entre los "bloques" es la ley. Foucault lo que hace es desenterrar los diferentes epistemes y estudiarlos uno a uno, es por eso que bautiza su método histórico como "arqueología".

En Foucault el tiempo como proceso no existe, el hombre como agente activo de la historia tampoco. Lo que le sitúa como miembro de honor del, por emplear su terminología, "episteme" postmoderno. En Foucault el hombre se eclipsa como fundamento del pensamiento.

Es curioso que Foucault se aproxime al anarquismo en cuanto desconfía de las instituciones, incluidas las revolucionarias. Para los anarquistas clásicos, las instituciones eran fuentes de poder fuera de control y son un poder controlado por unos pocos individuos. Los individuos en las instituciones generan el poder, por ello la lucha contra el poder es la lucha contra las instituciones y los hombres que las manipulan. El poder en Foucault es algo difuso y que escapa a la acción humana, el poder es algo que está ahí y que escapa a la acción de los hombres. Foucault es en realidad un neoanarquista, pero a diferencia de los clásicos es irracionalista y negativista en el sentido que niega toda acción posible contra el poder. Si en el anarquismo la utopía juega un papel importante, como esquema de lo que hay que hacer por faltar en esta sociedad, para el neoanarquismo no es posible construir, solo negar. Para Foucault y sus seguidores, no es la utopía la que puede guiar a una sociedad mejor, son las experiencias locales actuales las que tienen en su seno el futuro, como la droga entre otras.

La noción de poder en estos neoanarquistas impide oponerse al poder, es que el poder está en todas partes y oprime en todos los sitios, su misma generalización hace que sea inalcanzable, e impide su localización precisa y su análisis riguroso, cosa que los foucaldianos consideran una tontería, una inutilidad. Reducir, como hace este autor, toda relación social a una relación de poder, impide su conocimiento y toda capacidad de modificación o mejora. Posiblemente las ideas foucaldianas acaben liquidando el anarquismo, como tratan de acabar con toda crítica razonable de la sociedad.

Las ideas de Foucaul, que van entrando en nuestro país por vías muy variadas, son aceptadas por una característica de su doctrina, lo que se ha llamado neoanarquismo es en realidad un nihilismo un poco especial, pero de fácil aceptación, pues su "cinismo subversivo", es decir predicar contra las instituciones desde lo más alto de las instituciones y permanecer en ellas, permite no ya ser un nihilista de salón, ser algo más "moderno", ser un predicador de un nihilismo de cátedra, el que ha fundado y ejercido Foucault.

Foucault es un ejemplo, el más inteligente, de los postmodernos. Su teoría del poder genera temor, al no poder hacer nada, y justifica, entre líneas, la sumisión a ese poder omnipresente. En él también hay una crítica de la noción de verdad que es común a los otros "apocalípticos". Y como ellos, es un enemigo de la Ilustración en la que ven la fuente de todos los males de nuestra sociedad. Es él quién ha dado el mejor fundamento filosófico a la idea de que todas las culturas son "equivalentes".
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Antonio López Campillo (kaos. Opinión)


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