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De liberación en liberación...
aprendimos que no puede haber una sociedad justa en general que no lo sea para cada uno/a en particular. Una asociación de seres humanos que en nombre de la liberación no libere a cada uno/a de sus miembros no constituye un objetivo socialista.
"De cada cual según su capacidad y a cada cual de acuerdo a su necesidad" debe ser nuestra máxima consigna, si queremos realmente rescatar el valor superlativo del individuo y el de la propiedad privada para todos; no únicamente para una minoría.
En ese sentido el socialismo que se caracteriza por la propiedad social de los grandes medios de producción, es la mejor posibilidad de liberar al ser humano de la esclavitud y también de la explotación de uno/as sobre otros/as y de todas las formas de opresión. (económica, nacional, étnica, sexual, religiosa). Sin embargo no creemos que baste con dicha socialización. Mucho menos bastará con la simple expropiación de los medios de producción y su administración por el Estado. No sólo no será suficiente sino que puede ser peor.
Por el contrario, el objetivo debe ser la disolución del Estado.
Los burócratas que en nombre del socialismo se adueñaron del poder del Estado reproduciendo de un modo peculiar los valores del capitalismo, introdujeron la confusión entre socialización y estatización. Sólo ellos y los capitalistas -porque les convenía- entendieron y predicaron que eso era socialismo.
Mediante otra subversión ideológica unos y otros, confundieron la lucha de los seres humanos por la igualdad con el rastrillo grueso del igualitarismo burocrático, traicionando la citada consigna socialista: "De cada cuál de acuerdo a su capacidad a cada cuál según su trabajo". El capitalismo no permite como ya vimos, que cada ser humano aporte su capacidad y la burocracia tampoco. Ni unos ni otros retribuyen según el trabajo. Por el contrario unos y otros se apoderan del trabajo de los demás. Ambos -mucho más la burocracia- necesitan para ello, el poderoso aparato del Estado.
Sin embargo y pese a ello, entendemos que mientras haya necesidades humanas de carácter vital y material aún no satisfechas, seguirá habiendo necesidad de Estado y de economía política. Mientras esa escasez exista seguirán generándose valores contra solidarios en la lucha por la vida. La lucha por la retribución de acuerdo al trabajo aportado debe mantenerse; en estas duras circunstancias la más alta solidaridad es el trabajo. Sólo los burócratas y los capitalistas pueden ser partidarios de retribuir por no trabajar o de no retribuir por lo que se trabaja. Sólo el egoísmo mezquino e irracional de una minoría puede sostener como valores el exceso de consumo y el asco o el miedo al trabajo. Porque la cuestión no es sólo repartir con justicia las riquezas que hayan, sino también los trabajos desagradables y la escasez.
Olvidar este sentido del reparto es olvidar la lucha contra los explotadores sean de la calaña que sean. Esa distracción nos ha costado históricamente mucho. Mientras la escasez exista será necesario, no sólo administrar las cosas sino también, contra nuestra voluntad, los distintos intereses sociales es decir: las personas.
Se ha dicho que esta es una utopía irrealizable y se lo ha dicho desde el examen de experiencias concretas llevadas a cabo en ciertos países pobres rodeados por un mar de capitalismo. A su vez se ha incurrido en el error de pretender una defensa en nombre de la ideologización y aceptando el sofisma.
El capitalismo como sistema mundial acorraló múltiples intentos, algunos frustrados de inmediato, otros con más tiempo, mediante bloqueos, guerras de distintas intensidades, sabotajes desde adentro y desde afuera.
A la postre, cuando fallaron los argumentos de la guerra gracias al heroísmo de las multitudes, terminaron triunfando los argumentos estratégicamente decisivos, de la simple mercancía. Asistimos por la otra parte, al penoso esfuerzo de inventar los modos de combatir las expresiones materiales, sociales y políticas del egoísmo irracional, ante la avalancha de la escasez o simplemente de la mercancía y el consumismo. Tarea de cíclopes casi siempre destinada al fracaso mientras la derrota del capitalismo no se produzca a una escala internacional, que a su vez genere condiciones determinantes. Dicho de otro modo, mientras el socialismo no sea un sistema a escala grande.
Por poner un solo ejemplo: La heroica Cuba debe hoy plantearse, en realidad hace muchos años que lo hace, cómo construir el socialismo no sólo sin el apoyo de la clase obrera norteamericana sino contra el imperialismo de ese país. Resulta fácil comprender el tamaño de dicha empresa. ¡Qué distinto sería si pudiera contar con esa solidaridad y no tener que enfrentar esa agresión sino todo lo contrario! En ese caso sería inconcebible que una mercancía tan simple como un pantalón de cierta marca duradera, pudiera originar colas o tristeza por la necesidad no satisfecha.
Un blue jean o un plato de caraotas aportan ese efecto cuando se anda desnudo/a y con hambre. La polémica entre estímulos materiales o morales sólo puede tener sentido en el mundo de la escasez, a veces de la escasez recalcitrante. La comida, para una sociedad de hambrientos deviene en moral y estímulo revolucionario, aunque en las universidades bien alimentadas pase por cosa lírica.
Hay algunos “socialistas” que, cuando piensan en la posibilidad de realizar estas “utopías” lo hacen siempre a partir de una inferioridad de condiciones, la cual dan por descontada. Sin embargo, hasta los organismos internacionales en manos hoy de países capitalistas, reconocen que solamente con la riqueza que se dilapida en gastos militares bastaría para resolver las más grandes necesidades materiales de la humanidad.
Se cuestiona la planificación en base casi siempre a la maciza peripecia burocrática sin libertad, sin participación, sin democracia, que se llevó a cabo durante algunas malas experiencias; abriendo las vías del mercado, que como dijimos constituye el interés de un puñado de monopolios transnacionales de mantener el campo abierto de su acción asoladora.
Ambos aspectos de la contradicción edificada no se oponen. La planificación sometida al examen del mercado y corregida permanentemente en consecuencia, debe formar parte de la lucha por disolver el Estado, con lo cual se deviene en un mercado supremamente libre. Libre de verdad.
Para finalizar, no creemos posible para el logro de los objetivos propuestos, el camino de la reforma del capitalismo o su embellecimiento. Han sido dichas ya unas cuantas características que son inherentes al sistema, que no sólo impiden su reforma sino que generan de modo permanente e inagotable los valores y las condiciones materiales y políticas que actúan contra la posibilidad de una superación del capitalismo en el marco del capitalismo.
Se confunde adaptación con superación. El capitalismo ha mostrado una proteica capacidad de adaptación, incluso a sangre y fuego. Siempre para peor. A lo largo de mucho tiempo ha reinado sobre la tierra. Ha tenido la posibilidad de agotar alternativas. Ninguna de ellas ha conducido al bienestar de la mayoría. Por el contrario, lo que hoy nos muestra a nivel planetario es un agravamiento, de horror, de las consecuencias de su sistema. Peor: de las consecuencias imprescindibles para que el sistema siga en pie y se reproduzca.
Además es notorio que prácticamente todas las propuestas de reforma o embellecimiento son por tendencia, socialistas o socializantes, aún cuando ellas se hagan para frenar la caída del capitalismo. “Un tributo que la hipocresía le paga a la virtud”.
La democracia capitalista es parcial y lo es en grado sumo.
Ella se detiene ante una serie de portones. Allí no entra. Ante el portón de la fábrica; de los cuarteles; de los bancos; de los canales de televisión, de los otros grandes medios de comunicación e información; de los partidos políticos... Se detiene ante los legajos de los grandes títulos de la propiedad abusiva. Se detiene, en fin, ante todos los lugares donde se toman o gracias a los que se toman, las más importantes decisiones. Las que habrán de determinar el futuro de las grandes mayorías. Se detiene también ante el portón de los almacenes de alimentos. Su democracia no llega ni tan siquiera a la hora de comer; verdadero lastre bochornoso para todos los seres humanos, comamos o no comamos.
Luchar por la democracia en su pleno y cabal sentido, en su sentido completo, sin portones ante el paso de la gente, conduce a otra sociedad. Para nosotros esa sociedad se llama socialista. Sin la democracia, los/as trabajadores/as, aunque crean vencer, serán vencidos/as: de entre sus propias filas surgirán los/las nuevos/as explotadores/as.
Para los/las trabajadores/as y el pueblo el compromiso con la democracia es un principio. Ella es la idea de una sociedad solidaria de personas libres e iguales. Sin ninguna clase de opresión ni discriminación.
Es por eso que defendemos aún, la reducida democracia actual -producto de la lucha popular y no de la generosidad capitalista- frente a todo intento de limitarla aún más. Sólo debemos aceptar como alternativa un sistema con mayor democracia.
Ya dijimos que para nosotros la emancipación de los trabajadores o sea de la inmensa mayoría, será obra de los trabajadores mismos. Ello conlleva una concepción directa de la democracia en todos sus aspectos.
Estamos en contra de los diversos modos de intermediación que, como la experiencia muestra, sólo sirven para manipular en contra de las grandes mayorías los resortes del poder, generando además nuevas modalidades de opresión. Si el poder, como ya vimos, descansa en la conciencia de las mayorías, ellas deben ejercerlo directamente. El poder no es para un partido ni para un ejército por más que se crea o diga representante de los intereses de la mayoría.
Gobierno y democracia directa. Capacidad de ser todos electores y elegibles. Revocabilidad de los mandatos otorgados. Transparencia en la gestión de los asuntos públicos. Descentralización del gobierno. Transferencia del poder desde el Estado hacia todas las formas imaginables de organización social de base. Fortalecimiento de la sociedad civil democráticamente progresista. Transferencia desde los centros de poder hacia la gente, de los medios de comunicación y de información. Enflaquecimiento de los aparatos estatales hasta llegar a su disolución pasando de la administración de los seres humanos y las cosas, a la simple administración de las cosas. El pluralismo es inseparable de este concepto de la democracia. Es un atributo inalienable de la libertad el derecho a organizarse por afinidad. Sea para lo que sea. Con el único límite colocado en el respeto al mismo derecho en los demás.
Si entendemos –y así lo hace también el liderazgo- que el pluralismo es natural en todo tipo de actividad colectiva que se proponga construir algo, así sea sobre ruinas, nuestra lucha por el cambio en revolución irá trazando nuestro camino socialista.* ( rdiverio@yahoo.com )
Nuestro reconocimiento al pensamiento vivo de Eleuterio Fernández Huidobro* vertido en este ensayo.
* Fundador del MLN-Tupamaros del Uruguay y actual senador por el Movimiento de Participación Popular (MPP)
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