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La izquierda que el capitalismo necesita
Por: Manuel Guerra
Fecha de publicación: 22/03/05
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De un tiempo a esta parte, ciertos personajes que en lo más duro de la ofensiva neoliberal dejaron sus ropajes radicales y, en aras de una supuesta modernidad y renovación teórica, renegaron abiertamente del socialismo, han vuelto a la palestra para presentarse como los promotores de una “izquierda democrática” y de un “socialismo democrático”.

Tal vez el más descarado de ellos sea Nicolás Lynch, quien después de haber pasado sin pena ni gloria por el Ministerio de Educación del gobierno toledista, no ha encontrado mejor cosa que hacer que dedicarse al rentable oficio hoy en boga: el antipatriarrojismo militante. Pero no es el único. Son pocos pero son. A este pequeño grupo la gente lo ha identificado como la “izquierda caviar”. ¿Podría alguien haberles escogido un mejor nombre?

Pero vayamos a lo serio. ¿En qué consiste el “socialismo democrático” que pregona con envidiable apoyo mediático esta gente? Ni más ni menos que los postulados de la “tercera vía”, es decir del “capitalismo con rostro humano” surgido frente al fracaso y descrédito del capitalismo salvaje, el neoliberalismo. Lynch, con la agudeza que lo caracteriza, ha bautizado al primero como “capitalismo de consenso”, y al segundo “capitalismo a patadas”. Si nos atenemos a los argumentos de este señor, el “socialismo democrático” no es otra cosa que el “capitalismo de consenso”. A confesión de parte, relevo de pruebas.

En este mismo sentido argumenta Manuel Dammert, otrora líder del Partido Comunista Revolucionario, quien luego de un largo periodo de reflexión que lo obligó a mantenerse ausente de la lucha contra el fujimorismo, ahora emerge convertido al nuevo catecismo capitalista.

Se congratula el Sr. Dammert de los triunfos electorales de la izquierda latinoamericana y los ve como la realización del “socialismo democrático”. Este es su techo u horizonte. Para ellos las conquistas electorales de la izquierda dentro del sistema capitalista constituyen el objetivo y no episodios aproximativos al objetivo socialista. Lo cierto es que a las fuerzas de izquierda que acceden al gobierno se le presenta la siguiente disyuntiva: o bien, teniendo como horizonte el socialismo, se apoyan en las masas para abrir paso a un proceso de reformas profundas en favor de las mayorías y la defensa del país, lo que inevitablemente llevará a una mayor confrontación con el imperialsmo y las clases dominantes, como es el caso de Chávez en Venezuela, o bien se amoldan al sistema, se vuelven en voluntariosos implementadores del modelo, como es el caso de Lagos, en Chile.

Este último es el referente de esta gente que se sostiene en los fondos de las ONGs y que suele reunirse en un cafetín miraflorino. “Socialismo en democracia”, “liberalismo social” cuyo horizonte es la refundación de la república. A ello se reduce la propuesta de esta izquierda. Ningún cuestionamiento de fondo al sistema capitalista, a su naturaleza explotadora y expoliadora, ninguna alusión al imperialismo, categoría, que junto a otras como plusvalía, clases sociales, lucha de clases, han erradicado de su diccionario, por considerarlas anacrónicas y propias de ultras y sectarios..

Se trata entonces de una izquierda funcional al sistema capitalista, que no lo cuestiona, sino que se mueve dentro de sus marcos, lo sostiene y justifica, una izquierda que el capitalismo necesita para anteponer y confrontar con la izquierda socialista. Incluso su crítica al neoliberalismo es superficial: no le reprochan sus contenidos, sino que para implementarse haya necesitado una dictadura. Por ello postulan a una versión más “humana” del capitalismo, a la que han bautizado como “capitalismo de consenso” o “socialismo en democracia”. Pretendiendo ser abanderados de la democracia abjuran de las “dictaduras de derecha e izquierda”; en realidad proponen una democracia liberal, expresión política de un sistema profundamente injusto, excluyente y antidemocrático: el capitalismo.

Quien conozca de cerca los procesos de elaboración teórica de la izquierda peruana, sabrá que nuestro Partido en su VI Congreso Nacional celebrado en 1994 asumió la tesis del Nuevo Curso, la misma que en año 2000, en el VII Congreso Nacional, se convirtió en la táctica General del Partido. La táctica del Nuevo Curso la entendemos como una fase de aproximación al socialismo, una salida a los problemas nacionales en condiciones de correlación de fuerzas desfavorables a la revolución. Esta táctica asume la lucha por reformas, la necesidad de una nueva República, de una nueva Constitución que le dé sustento, de un Proyecto Nacional que encamine al país hacia el desarrollo independiente; de ella se desprende una política de frente único, destinada a conseguir la unidad más amplia de los sectores que aspiran a cambios de verdad. Sin ningún empacho, los representantes de la izquierda capitalista se han apropiado de esta táctica en sus enunciados formales, pero quitándole sus contenidos que colisionan con el sistema imperante, amputándole su proyección al socialismo. Y a esa versión adocenada del Nuevo Curso la han convertido en su estrategia, su objetivo último


Para nosotros de lo que se trata es de hacer un cuestionamiento integral y de fondo al capitalismo y al imperialismo desde posiciones socialistas, asumiendo que la lucha por el socialismo no deja de lado la lucha por reformas. Pero estas no constituyen nuestro horizonte. Nuestro objetivo irrenunciable sigue siendo el socialismo. En esto consiste nuestra diferencia de fondo con la izquierda que promueve el capitalismo.
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Manuel Guerra


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