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El gobierno toma el rumbo prometido
“Acaba de pasar el que vendrá…”
La cita pertenece al libro Poemas Humanos de César Vallejo. Viene al caso. Los primeros pasos del gobierno han aumentado su popularidad. Hoy se ganaría por más.
Para las municipales de mayo, nuestro candidato común, el Dr. Ricardo Ehrlich, con una trayectoria política límpida y una formación académica y científica de primera línea, tendrá como principal adversario a un candidato colorado ¡que no se atreve a decir su apellido! Eso sí, siendo ministro tuvo la osadía de presentarse solidariamente en el la sede donde se lo juzgaba por golpista y dictador.
Como se demostró en el acto del jueves en el Cerro, hay efervescencia frenteamplista y los compañeros responden bien a los llamados a la movilización. Es apenas el comienzo.
Esta circunstancia y la alegría de los primeros logros del gobierno popular no debieran hacernos perder de vista que lo fundamental está todavía por hacerse. Y para hacer lo fundamental, el gobierno precisará del apoyo activo de la población.
El ejemplo de los otros gobiernos progresistas de la región muestra los infinitos recursos de que se vale la derecha, aún siendo electoralmente minoritaria, para obstaculizar proceso de cambio. Derechas que, hagan lo que hagan, dentro o fuera de la ley, tienen el apoyo incondicional del gobierno más dado a la intromisión que existe en el planeta, el de Bush. No creo que nuestros fantasticous ex gobernantes colorados vayan a ser una excepción.
El estado de emergencia
La izquierda recibe el gobierno con un país “en estado de emergencia”.
Hay una emergencia social que ha sido bien descrita por el presidente de la República en su alocución del 1º de marzo.
Hay una emergencia informativa pues buena parte de los problemas más serios que padece la nación han sido ocultados o deformados por la intermediación política y los pequeños grupos que manejan la información más extendida. La consecuencia es que una parte considerable de la población no tiene una idea cabal de cuáles son los puntos de partida para el nuevo gobierno.
Hay una emergencia moral por el descaro con que se montaron cadenas de privilegios, se llevaron adelante fraudes gigantescos con los dineros públicos, se desmantelaron servicios esenciales en el Estado y, pese a las denuncias, esos delitos permanecieron en la impunidad y, con frecuencia, casi sin difusión pública.
Sin pretender ser exhaustivos, hay, como consecuencia de lo anterior, una emergencia cívica, una crisis de ciudadanía en su dimensión esencialmente política. Una gran parte de la población no creía en los gobernantes. Sabían que mentían y ocultaban.
La política era el territorio del escamoteo y los políticos eran percibidos como esmerados embaucadores.
La recuperación de ese ejercicio de la ciudadanía, la recobrada credibilidad en los gobernantes es uno los aires que empezaron a cambiar en el país después del 1º de marzo.
En este contexto, creo que la movilización social tenderá a crecer. Para empezar, por la existencia de un gobierno que hará respetar los derechos y las libertades sindicales a las que el país está obligado por sus pactos y compromisos internacionales.
Un gobierno, además, que instalará, desde la máxima magistratura del país, una verdadera agenda social, sin tapujos y sin hipocresía. Es un aspecto sustancial sobre el que no voy a agregar nada más por ahora.
La clave es la movilización política.
La movilización social se sustenta en las necesidades perentorias de la gente. Y la nuestra es una sociedad con una gran tradición de “organización, solidaridad y lucha” para decirlo con palabras obreras. La desocupación hace difícil la acción reivindicativa, pero no la elimina. Con un gobierno legalista y comprometido con la justicia social, la gente irá encontrando por sí misma el camino.
La movilización política es de otra naturaleza. Constituye una opción voluntaria y conciente, requiere una acción militante, una cultura de unidad, para ir amalgamando intereses heterogéneos, de edad, de género, de profesión y también unir en la acción concepciones políticas diversas, convivir con ellas de uno modo fecundo, a través del reconocimiento que existen legítimamente opiniones contrapuestas sobre tal o cual punto. Contraposición de opiniones que están en la base de la democracia interna de organizaciones políticas policlasistas como el FA.
La militancia política no es un hecho de la naturaleza. Es una realización de los partidos, de sus integrantes, sus intelectuales y sus trabajadores.
Requiere, entre otras cosas, la inversión de tiempo en tareas que no rinden fruto de inmediato, como todo lo que tiene que ver con el estudio y la realización de cursos de formación política.
El horizonte socialista
El elenco de gobierno ha demostrado estar bien parado para atender lo esencial que le debe al país: cumplir con su programa de cambios. Esos equipos están construyendo y aprendiendo.
La atención de las acciones del presente inmediato no está reñida con las visiones de más largo aliento, el llamado horizonte socialista al que a menudo aluden los compañeros del PS.
Ese socialismo que, como bien dijo Hugo Chávez, habrá que reinventar.
Ese horizonte ayuda al paso menudo, al quehacer de todos los días, a la ampliación de la mirada.
El horizonte ayuda a reinsertar nuestro quehacer de hoy con lo que fuimos y discutimos en el pasado, del que somos herederos y continuadores. Imaginar el futuro, mejora el paso.
Ese orden de tareas, de formación militante, no es siempre palpable en forma inmediata. El pragmatismo es un mal consejero para la izquierda. Conduce a un error que se ha repetido en más de un país y que consiste en “dejar todo en las manos de los dirigentes”, que además ahora están en el gobierno.
La investigación, desde ese horizonte socialista, de la realidad que nos rodea, como uruguayos, como latinoamericanos, es esencial.
No podemos dejar de tener una mirada crítica al “conocimiento” que producen las agencias ideológicas de los grandes centros del capitalismo.
Mirar el hoy críticamente es esencial para situarse ante el capitalismo tal cual es. Que no es solo un proyecto económico, aunque esta es su base fundamental. Lo primero que produce el capitalismo es… más capitalismo. Y esto quiere decir por lo menos tres cosas: reproducir relaciones económicas de explotación, relaciones políticas de dominación y relaciones culturales de alienación. Si existiera un capitalismo sin esos tres atributos, me avisan dónde queda.
Trincheras de ideas, predicaba Martí
Todo parece indicar que seguiremos creciendo electoralmente. Y eso tiene un alto grado de positiva significación.
A la vez puede conducirnos a una suerte de cuello de botella en la labor de reproducir conciencia y militancia, en la necesidad de contribuir a formar a las nuevas generaciones que se interesan por la participación política.
Seamos concientes que en la actualidad estamos trabajando con los ahorros de las décadas anteriores. Con las obras históricas marxistas y críticas, con los trabajos de Barrán y Nahum, Lucía Sala y Julio Rodríguez, con los libros polémicos, estimulantes de Vivián Trías, Rodney Arismendi, los artículos de Héctor Rodríguez, Carlos Quijano, Real de Azúa y Arturo Ardao.
Hoy esa tarea de investigación y formulación teórico-política está bastante estancada. No hay el desarrollo ni la reposición de las labores de esa generación ligada al auge de la izquierda en los 60 y a la fundación del FA, que fue su culminación política.
Por otro lado, en la sede más adecuada para la elaboración y el intercambio activo de opiniones políticas que es el propio FA, los Comités de Base, la cultura de la discusión parece haber perdido si no la guerra, por lo menos algunas batallas. Se dice que “se pierde demasiado tiempo en discusiones estériles”. Sucede que las discusiones estériles lo son, justamente, porque no estamos sabiendo organizar los intercambios de manera que sean fecundos. Y a eso hay que dedicar un esfuerzo de conducción.
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