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No piense que en este título se le juzga por su experiencia o trayectoria en el campo de lo sexual. ¡No!, esa no es la intención. La castidad habla también de honestidad, y por extensión sinonímica, de virtuosidad e integridad.
Pero resulta señor, que la postura asumida por usted contra Venezuela y su gobierno, -nueve (9) veces legitimado en igual número de consultas populares-, desde un medio público escrito extranjero (El Nuevo Herald de Miami), siendo usted venezolano, no guarda relación con ninguna virtud conocida y mucho menos con la integridad, cuando esta se mide por el amor y la lealtad a una patria donde todos vivimos, compartimos y nos encontramos y desencontramos, sin necesidad de mediación de terceros, mucho menos cuando estos tienen intereses que ponen en riesgo nuestra soberanía.
Señor Ocando, le pregunto, ¿cuántas veces denunció con el mismo fervor la infinidad de intromisiones de los gobiernos estadounidenses en la política venezolana? ¿Cuántas veces señaló la existencia de células de los cuerpos de inteligencia estadounidenses en nuestro país, mimetizadas en las figuras de boy scouts de camisas blancas y pantalones y corbatas azules, con aspecto de jóvenes estudiosos y cara de inocentes?. Hágamelo saber. Posiblemente hayan sido muchas y no me enteré.
Leí ese, su reciente artículo, titulado: “Redes chavistas penetran en EE.UU.”. Siento decirle, señor Ocando, que ni siquiera califica usted para vivir en los EE.UU., país que se vende como eximio escenario de libertades del mundo, y del cual es usted admirador y enamorado ferviente. Y sencillamente no opta, señor, porque es usted incapaz de entender que esa libertad le da el derecho a todo ciudadano estadounidense de abrazar, defender, promocionar y cerrar filas en cualquier línea de pensamiento político y filosófico que desee, tanto en los propugnados tradicionalmente en los EE.UU., como en los de otras latitudes extra fronteras, y así lo refrenda su Carta Magna, cualquier cosa en contrario se ventila en los tribunales.
De manera que, señor Ocando, y muy a su pesar, el territorio estadounidense es palestra propicia y libre para predicar las bondades de la revolución bolivariana, su mensaje de igualdad, de justicia social, de democratización del capital, de la educación y de la cultura, de protagonismo del pueblo y de democracia participativa, de prosperidad para todos, sin exclusiones.
En este escenario, sus señalamientos sin base y sus falsas denuncias no tienen asidero sustentable, excepto, con toda seguridad, para la enfermiza y disociada comunidad cubano-miamera y sus nuevos asociados venezolano-golpistas, que permanecen sumergidos en el pegajoso gel de sus rencores e incapacidades.
Es muy probable que a futuro, cuando el bolivarianismo se extienda y se haga fuerte en la sociedad estadounidense, se le deba reconocer que usted despertó la curiosidad de todos aquellos norteamericanos que hoy entienden que el sistema actual les niega muchos de los derechos que la constitución les confiere y la justicia social les preserva, y están a la búsqueda de las herramientas de pensamiento y organización que les permitan darle un vuelco a las cosas, para bien de todos.
Recuerde, señor Ocando, lo mejor que tiene esta revolución es el mensaje de cambios radicales en total paz, y quienes propician y mueven los escenarios de guerra y violencia no han podido hacer retroceder ni un milímetro el poder inamovible de un pueblo unido y convencido de su nuevo destino.
Un consejo, dedíquese a escribir sobre cómo los venezolanos que se fueron hace ya algunos años están comenzando a retornar a Venezuela; unos convencidos que es mejor trabajar con ahínco y empuje, en su propio país, que lavar platos e inodoros en tierras extranjeras; y otros, los menos, movidos por las pérdidas económicas sufridas en un país (EE.UU.) donde para invertir hay que saber competir, cosa que no pudieron aprender en la economía de componendas y chanchullos de aquella Venezuela que hoy dice adiós para darle paso a la nueva, la propulsada por el fuerte viento de la revolución de todos, a pesar de usted y su cuestionable castidad, ….¡disculpe!, …integridad patriótica.
jsf945@yahoo.com
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