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Ronald McDonald nos ha brindado a los anaqueses el placer de vivir esta semana sin tener que oler el aroma a carne sintética que despide sus chimeneas.
¡Gracias McDonald’s!
Por: F.G.
Fecha de publicación: 08/12/02
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En Anaco, Estado Anzoátegui, el paro se ha restringido a un grupo de personas que en las tardes hacen caravanas con lujosos carros por toda la ciudad. De resto el comercio y las empresas han venido tendiendo al funcionamiento convencional.

Sin embargo, cabe destacar una importante excepción, que se ha mantenido estoica y solitaria en el paro-patronal-a juro-golpista. Me refiero a McDonald’s.

Ronald MacDonald nos ha brindado a los anaqueses el placer de vivir esta semana sin tener que oler el aroma a carne sintética que despide sus chimeneas y sin tener que ver la sonrisa forzada y exhausta de sus jovencísimos empleados.

Por supuesto que no es esta una crítica a los empleados de McDonald’s, que son además unos trabajadores sobre los cuales se practican las más “modernas” formas de explotación capitalista: contratación de jóvenes estudiantes a quienes les pagan como “pasantes” o “aprendices”, pero trabajan 10 a 12 horas haciendo, cada uno de ellos, todos los oficios posibles (cajeros, freidores de papas, barrer pisos, limpiar baños...). Todo esto en medio de un intensísimo bombardeo ideológico y psico-social, que los enseña a competir a muerte entre ellos (el “empleado del mes”). Seguramente, como forma de “involucrar a los trabajadores a las decisiones de la empresa”, sus dueños han decidido no pagarle a los muchachos los días que ELLOS decidieron pararse.

Pero no podría ser de otra forma. Una empresa que muestra semejante desprecio por sus trabajadores, que basa sus amplísimas ganancias en la explotación más espantosa, tenía que estar comprometida a fondo con un paro de intensiones oscuras.

Recientemente leí que esta cadena de comida rápida había abandonado Bolivia por sus bajísimas ventas (o por la altísima pelazón de bolas de los bolivianos, que da igual pero no es lo mismo). Yo consideraría un avance cultural-gastronómico e incluso socio-económico para el país si McDonald’s nos abandona. Claro que tendrán que inventarse alguna excusa para irse (el “castro-comunismo” ya está muy trillado, ¿qué tal Mao-chavismo?), pues los mismos carros que caravanean estos días por Anaco, se estacionan todos los días en sus puertas.

Pensándolo bien, ¿será que las protestas escuálidas y sifrinas de Anaco obedecen al descontento por el paro de McDonal’s, que les impide añorar Miami o Nueva York mientras tragan happy boxes?

FG
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F.G.


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