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Muchas personas que frecuentan el bingo, van decididas a ganar. Para lograrlo, en una caracola profundamente íntima, hacen un rito estrictamente personal que nunca, o casi nunca comparten con nadie: se bañan con cariaquito morao o con el agua del frasquito de las siete potencias. Alguno de ellos, el más huidizo, el más “wanted” por los organismos policiales internacionales, se pone pelucas, se deja crecer los bigotes a lo Juan Charraqueado, lleva en sus alforjas más de tres millones de bolívares dispuestos para el juego diario. Se convierte en el hombre de las mil caras. Se frota las cejas con tintes “Miss Clairol”. Agarra sus guerreros –Elegguá, Oggúm, Changó-, se echa cascarilla en la frente, se traga el corazón vivo y palpitante de una paloma blanca. Se hace una cruz en la lengua con un cuchillo torvo y sin mango y en el nirvana de un paroxismo colérico y babilónico, pronuncia, en lengua Yoruba el cántico de la suerte; “Aché pa’mí”… “Aché pa’mí”.
Y mire Señor Jesse Chacón, mire Señor Ministro de Interior y Justicia, mire que son los mostachos de Juan Charrasqueado y no los santificados bigotes del insigne y valeroso paladín de la Revolución mexicana, Don Pancho Villa. Mire y diga bien: no se preste a equivocaciones. Mire que en nuestra gloriosa lista de peleadores por la Libertad de nuestra patria, obligados a vivir en el exilio, desde Miranda, Bello, Andrés Eloy Blanco y tanto y tantos otros aguerridos patriotas venezolanos, ninguno de ellos, óigase bien, ninguno de ellos fue apresado por andar jugando truco, dominó taguarero, ajiley o cantando ¡bingo! de cuatro esquinas.
¡Qué desfalco! Después de tanto revuelo mediático, después de prender al país por los cuatro costados y de, manera irresponsable y vulgar, llevarlo al caos y a la bancarrota, y después de confesar cobardemente que “el paro se les fue de las manos”, uno cree que esos tipejos cumplen extremas jornadas de sacrificio personal para el avance progresivo de la inteligencia y la creatividad, leyendo periódicos escritos en inglés, francés y castellano, o consultando la Biblia de vez en cuando, o aferrándose a las genialidades del Gran Quijote de la Mancha, o maravillándose con las Memorias de mis Putas Tristes del Nóbel García Márquez. ¡No! ¡Oh implacable e inexorable vigencia de la realidad! Aquí viene una brigada de la policía para arrestar y poner en canana al máximo dirigente de esa atrocidad que se cometió contra el país en diciembre del 2002. ¡Bingo! Gritó uno de los funcionarios, al descubrir en pleno juego al Rey del Antifaz.
¡Y mire de las cosas de que son capaces! Una de las cajeras de la Hawai-Kay, una de las discotecas-bingo más frecuentadas de Caracas y donde el hombre fue apresado, nos confesó que “la gente hace cosas muy raras: me ha tocado ver personas que vienen temprano y barren la mesa con hierba buena, mejorana y llantén. Lo que más se estila es que mojen el dinero con un aceite nauseabundo para atraer la suerte que huele horrible, y que luego deja apestando la caja registradora. Pero, la mayoría, recurre a los amuletos. Hemos visto que traen elefantitos, budas y patas de conejo. Entre los más extraños, una persona trajo una vez una serpiente macaurel y en otra ocasión, cuando ya se había ido toda la gente, el muchacho de limpieza encontró debajo de una mesa, una pata de gallina amarrada con una cadenita al símbolo de la CTV”.
Ingeniero.
*hugomoyer@hotmail.com
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