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*SE SUELE DECIR que la viudez en el hombre es peor que en la mujer. Ésta tiene más aguante, más espíritu de abnegación. En cambio, parece que el hombre exhibe en ese tránsito una fragilidad anímica y espiritual que lo sumerge en profundas depresiones. En fin, no me extiendo en más consideraciones porque no soy viudo y además soy un neófito en esta materia para la que es recomendable recurrir a un psicólogo. Pero de lo que sí puede escribir con propiedad este humilde observador de lo cotidiano, es acerca de la viudez política. Del quiebre espiritual, de la ruptura de sutiles mecanismos del alma, cuando alguien que hace la política pierde la relación creadora con esa actividad y es incapaz de evaluar con seriedad, sindéresis y coraje la situación.
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*POR LO REGULAR el viudo comienza por divagar en la soledad. Por no asumir lo sucedido. Por atribuir la responsabilidad de lo que le ocurre a otros -incluyendo a la occisa-. Por despojarse de toda capacidad autocrítica. Un viudo de la política, por ejemplo, es Vargas Llosa. Hombre de talento, de capacidad creativa como novelista y una destacada posición en el mundo intelectual, sin embargo no ha sido capaz de superar la derrota electoral que le propinara Alberto Fujimori. Han pasado los años, creció su prestigio como escritor, está rodeado de admiradores, pero no ha podido sacarse el golpe de aquella derrota espectacular. Sus juicios, sus opiniones sobre la política y dirigentes políticos, reflejan frustración, reconcomio, la sordidez del despechado. En el fondo, seguramente el autor de “La Ciudad y los Perros” -para mi humilde gusto la mejor obra suya- cambiaría todo el prestigio que le deparó la literatura por haber vencido al “Chino” en aquellos históricos comicios. Y quizá Fujimori cambiaría con deleite esa victoria electoral por la gloria del novelista atrapado en su frustración.
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*CITO EL CASO sólo para ilustrar lo que pienso. Para asumir lo que sucede en Venezuela. La actual política venezolana tiene demasiados viudos: una legión inconsolable. Muchos han logrado éxitos en el sector empresarial, han destacado en el campo de las letras, del periodismo, cuentan con audiencia en círculos sociales privilegiados, son personajes del jet-set, pero rumian la desolación de la viudez política. Se sienten con el alma arrugada, y no les importan los éxitos en otras actividades.
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*DESDE LUEGO, el centro de la reacción de los solemnes e inconsolables viudos venezolanos no es otro que Hugo Chávez. Contra él descargan su infinita frustración, su inquina, su amargura por la derrota, su afilado odio por la manera como Chávez los suplantó en la escena y los relegó al sótano de los trastos inservibles. No le perdonan a Chávez su triunfal carrera. Su incuestionable liderazgo nacional y mundial. El viudo político no perdona semejante éxito.
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