“No puede haber ningún militante de este partido que no esté trabajando en un organismo social, sindical, cultural, de la tercera edad, de la multiplicidad de organizaciones que existen en el pueblo” alertaba Gladys Marín en el último Congreso del Partido Comunista que encabezó hasta el día de su muerte este 6 de marzo.
Seguramente es una idea que hoy retomarán los integrantes del PC que
pierden a uno de sus líderes emblemáticos y que encabezó todo tipo de
lucha y movilización en los últimos años, después de dedicar sus esfuerzos
a dirigir la confrontación clandestina contra la dictadura.
En esa línea, Gladys Marín aseveró en el Congreso que “el pueblo de
Chile puede seguir contando con el Partido Comunista, no sólo como un
referente, sino como una organización real que se pone al lado, dentro,
junto a los trabajadores para luchar en cada lugar, en cada población, en
cada esquina para organizarnos”.
Muchos recuerdan hoy a Gladys toda mojada por el carro lanza agua y
afectada por los gases de Carabineros cuando reprimieron marchas que ella
encabezaba; su trabajo a la salida de industrias para conversar con los
obreros o sus visitas a las poblaciones a comentar con familias
trabajadoras; sus giras por las zonas campesinas del sur, sus contactos con el pueblo mapuche; sus incisivas participaciones en debates radiales y
televisivos; su lucha por los desaparecidos, por verdad y justicia; y sus
últimas imágenes luchando contra el cáncer cerebral que puso fin a sus
días.
Uno de sus grandes compromisos fue con el proyecto que encarnaba el
Presidente Salvador Allende. “Para mí Allende significó todo. Yo fui y
sigo siendo allendista, y dentro de eso me encuentro como comunista. Mi
definición ideológica es que yo soy allendista”.
Llamada por algunos –y bautizada oficialmente así en el diario “La
Nación”- “La Roja de Todos”, dijo en entrevista con el periódico “El Siglo”
que “lo menos importante somos nosotros en forma individual. Nosotros
somos algo cuando estamos dentro del colectivo, de la vida humana”.
Así, en el último tiempo había trabajado para avanzar en la unidad de
fuerzas de izquierda y antineoliberales y poder presentar un bloque
conjunto en las elecciones municipales (2004) y después las parlamentarias
y presidenciales (2005). El primer paso fue la alianza PODEMOS y luego
el acuerdo de esa instancia con decenas de organizaciones políticas y
sociales.
En la misma entrevista dijo que “este gran movimiento de izquierda se
tiene que formar en el pueblo, en la base. En cada lugar hay que ir
creando un germen de izquierda que no necesita tener siquiera un nombre, es el pueblo en movimiento que crea su propio instrumento y ese
instrumento es la izquierda”.
Como antes fue impulsar la Unidad Popular, trabajar por el gobierno de
Salvador Allende, impulsar la resistencia contra la dictadura, Gladys
Marín había planteado en la última década ejes como resistir a la
globalización neoliberal, exigir verdad y justicia en materia de derechos
humanos, construir una alternativa popular al capitalismo, derogar la
constitución heredada de los militares y luchar por la paz en todo el
mundo.
Para la fallecida presidenta del PC “la democracia no es sólo las
elecciones. Se debe expresar en el terreno político, económico, social y
cultural, con más participación” de la gente. Algo vital, “crear
conciencia” y avanzar en la organización de los distintos sectores sociales.
Las últimas actividades públicas, masivas, activas, las realizó Gladys
Marín cuando se cumplieron (en el 2003) los 30 años del derrocamiento
de Salvador Allende. Significativo que allí comenzara el fin de su
ciclo. Cinco meses más tarde declaró que “el sentimiento que a mí más me
acompaña es la alegría de vivir: Y les digo que vivan la vida
intensamente”. Palabras cuando ya avanzaba su enfermedad terminal. Y como siempre, su mirada, su pensamiento, en el pueblo: “Que ninguno se detenga, por los niños, por las mujeres, por los trabajadores”.-
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