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Semanario DESPERTAR Universitario (Año 3, No. 169, p.20)
Sibilinamente, los partidarios de la privatización de la Universidad tratan de introducir su Caballo de Troya en la institución. Estos universitarios desprendidos (de lo ajeno), nunca han ocultado sus propósitos, pero la coyuntura no les ha sido favorable; en la Venezuela Bolivariana, núcleo mundial fundamental en la lucha contra el neoliberalismo, privatizar es una felonía que el pueblo rechaza con toda energía… y es lo que está sucediendo ante la mafiosa conducta de unas autoridades universitarias sinuosas, que se comportan en la historia actual como la mujer del tamborero.
La justificación de la medida de privatizar la vigilancia del edificio administrativo, es falaz. Desde DESPERTAR Universitario hemos denunciado la impunidad y complicidad presentes en cada uno de los robos, hurtos y degradación de bienes universitarios. Todos los innumerables delitos contra la propiedad universitaria se han caracterizado por la total impunidad: ni un acusado formalmente, nadie sometido a juicio y, mucho menos, condenado. Esta impunidad sistemática ha sido la que anima a nuevos actos delictivos; es decir, la lenidad de las autoridades universitarias alienta robos, hurtos y degradación del patrimonio universitario y, en última instancia, son las únicas responsables. Hasta casos graves, como la participación de los jefes de la “vigilancia” en actos vandálicos contra la Universidad y sus integrantes (ejemplo, caso del asalto del edificio administrativo en la pasada administración) se han quedado sin sanción ejemplar.
De las autoridades haber actuado con la energía (responsabilidad) que ameritaban los delitos contra la propiedad, ningún sindicato habría salido a protestar. En todos los gremios hay malhechores o cómplices, y su descubrimiento sería aprovechado para una limpieza necesaria. Sólo un espíritu de cuerpo tan desarrollado en otras “asociaciones” de la universidad, defienden hasta última instancia a los tomates podridos del cesto. Pero, ante la entrega de la Universidad, cualquier gremio responsable está en la obligación de oponerse con todos los recursos.
Nadie, y menos unas autoridades transitorias, elegidas por el reciclamiento mafioso del poder, nos van a privatizar la Universidad. Y es su terquedad para aceptar el rechazo universitario a su bajada de pantalones ante la empresa privada, la que ha provocado los desmanes que sufrimos todos los merideños. Por esto, los actos vandálicos de los infiltrados de turno, algunos, criaturas de las autoridades, usados para joder cuando consideren necesario hacerlo (el financiado Nicson, expresó: “…dentro de nuestra universidad siempre hay protestas que muchas veces se manifiestan con acciones de violencia.”) son responsabilidad del cuarteto que usufructúa el poder en la ULA; como ya se le salió a Lester: “nosotros asumimos las consecuencias”. ¡Pero que las asuman de verdad!
En la Universidad hay otros sectores “sanamente” privatizables, o prescindibles. Uno, el vicerrectorado administrativo, tan inútil como teta de hombre. Una vez establecida la política presupuestaria por la Academia, cualquier agencia de contabilidad podría llevar la administración, sin necesidad de esos figurones llamados vicerrectores administrativos, improcedentes hasta más no poder. Podríamos figurarnos que es el olor del dinero lo que pervierte a quienes, nominalmente, les ha tocado administrarlo en las universidades. De la conducta del administrativo pasado, tenemos para varios tomos; de la de éste, sólo su demoledor paso por el IPP debió ser motivo para no ser electo ni para administrar el cafetín de Ingeniería. Pero el poder come poder y caga poder, y de ahí que, sobre los excrementos del poder, se erijan autoridades incapaces.
Entre las prácticas maliciosas de Lester y CIA, se gana la palma el de tratar de oponer a estudiantes contra obreros, empleados contra profesores, profesores contra obreros, todos contra todos. Es la división que, cree, debilitará los sentimientos de los universitarios, y dará paso a las próximas etapas de la entrega de la Universidad. Sobre el comedor universitario, CAMIULA, transporte, estacionamientos (ya parcialmente privatizados)… pende la espada de los traidores a la Universidad. Con la experiencia de los seguros tendría cualquier universitario para detestar la intromisión de la empresa privada de la administración universitaria; corrupción e incumplimiento ha sido el mejor saldo de esa experiencia. Pero la historia no da cagajón, y el olvido muchos “beneficios”.
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