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El 27-F del 1989 una multitud de hombres y mujeres salió a la calle en rebelión para ser escuchados(as); para ser respetados(as); para que la democracia dejara de ser una mentira, para decirle a las elites políticas y económicas que democracia no significa turnarse en el poder; para decir Basta! al Neoliberalismo y a los pésimos gobiernos puntofijistas.
En nuestro Febrero rebelde emergieron nuevos códigos de la lucha política, de la lucha de la multitud a través de la cual empieza la búsqueda de una nueva forma de decir y hacer la política centrada en el protagonismo anónimo, progresivo, colectivo y directo de los más de la calle como agentes creadores y cambio.
Desde este momento la democracia representativa, siempre reservada a una minoría empieza a ser interpretada como expresión de la mentira, la soberbia, la impunidad y la vagabundería propia de las enquistadas cúpulas secuestradoras de sueños y esperanzas, que durante años reservaron al partido el rol de la representación de los más.
Las prácticas sociales y políticas de nuevo tipo buscan construir y reconstruir los principios de la democracia girando en torno a la participación directa y protagónica, como expresión de la voluntad constituyente. Así mismo la diversidad de las luchas contra la exclusión múltiple, es decir, que al mismo tiempo son políticas, culturales, sociales y económicas fueron creando y recreando sus propias iniciativas de acción y discursos. En algunos casos, unos cuantos equivocados intentaron hacer lo nuevo recurriendo a las viejas formas de decir y hacer, lo cual los obligo a morir en el intento.
En otros, imperó la innovación de hacer de la política un acto pedagógico, intentando así interpretar la lógica de relacionamiento de la multitud de colectivos, razones y pasiones, con el sentido y significado que le inyectan sus propios(as) actores(as), generando espacios libres y democráticos para el debate y la lucha política, desconociendo y deslegitimando los “no lugares” del poder constituido brotando lugares constituyente.
La necesidad imperiosa de los colectivos comunitarios y los movimientos sociales signados por una irreverencia la clientelismo partidistas y la búsqueda de una opción antisistema dio paso a iniciativas organizativas de otro matiz, siendo unos de ellos la Asamblea de Barrios, los movimientos pedagógicos de base y los movimientos estudiantiles pro-transformación, lugares estos donde la organización se entendió como un proceso constructivo y relacional, y como expresión del continuo cultural y la acción articulada de los colectivos comunitarios, que unen, fundan y convocan las relaciones con otros(as) iguales o distintos(as) invitando a la democracia de la palabra, el saber y el poder.
Luego en el año 92, la gesta libertaria y rebelde la multitud febrerista, es precedida por otro tipo de rebelión, esta vez cívico-militar, que también contribuyó a la movilización social y política permanente en la calles, en ese lugar que por razones y derechos histórico siempre le ha dado voz, rostro y nombre a las luchas de la multitud, donde emergen y se acentúan las contradicciones con la cultura partidista-clientelar del orden constituido. En estos momentos fue la cacerola, carne y metal, el instrumento de la multitud para que la voz de su disidencia fuera escuchada, la Asamblea de Barrios convocó a un cacerolazo para recordar la rebelde dignidad del 27-F, ese día la voz de la multitud sonó fervorosamente para conmemorar su historia y brindar aliento al desanimo, y las manos hacedoras que le dan su son original cultivaron la alegría y la esperanza de un mañana donde reine la paz con justicia y la vida con dignidad.
El 10 de marzo vuelven a retumbar las cacerolas, esta vez las consignas más vitoreadas: “hoy es 10, son las 10 vete ya Carlos Andrés” y “Libertad para Chávez”, desde ese momento empiezan las voces de la multitud a pedir la renuncia de CAP, a desconocer pública y abiertamente “los no lugares” de los poderes constituidos.
Durante los años 92-93 la movilización callejera fue incesante, la acción espontánea, protagónica, colectiva y anónima del sentir, decir y hacer popular contribuyó con sus esfuerzos al ejercicio de la democracia de la calle; a lucha contra la exclusión, los privilegios, las desigualdades y la opresión; a la construcción de una Nueva Cultura Política, espacios libres y democráticos para los deseos de liberación de los más de la calle. Fue finalmente el 20 de Mayo del 93 cuando la antigua Corte Suprema de Justicia decide la destitución de CAP por malversación del herario público.
Luego con la llegada de R.J Velásquez a la magistratura de un gobierno de transición nacional se profundiza a un más la crisis de la democracia representativa. Siendo esto lo que obliga al propio sistema a buscar oxigeno en los propios deseos de liberación de la mayoría siempre excluida y despreciada, así se plantean en el juego electoral la candidatura de Rafael Caldera como tabla de salvación, esto a través de la llamada convergencia nacional conocida como “el chiripero”, que prometió el sobreseimiento de los militares implicados(as) en las rebeliones del 4-F y 27-N.
En el periodo Calderista se acentúan las contradicciones con los partidos políticos tradicionales, sumado esto a la venta de las prestaciones sociales de los(as) trabajadores(as), la apertura petrolera, privatizaciones y con la libertad Chávez, Arias y otros que nombrarlos sería una larga lista, se calienta nuevamente el escenario político.
Más tarde la consigna por ahora no, encuentra su momento adecuado. Fue así como en Diciembre de 1998, millones de hombres y mujeres honestos y de buena fe concurrieron a los centros electorales repletos de sueños, con la esperanza de construir un mañana mejor, sin prebendas ni traiciones, decididos a decir por la vía pacífica, popular y democrática, ¡BASTA! A las elites corruptas de los partidos políticos que gobernaron nuestro país durante más de 40 años, turnándose en el poder. ¡Basta! A la impunidad, a la injusticia. ¡Basta! Al silencio en complicidad con la corrupción, el saqueo y atraco a la Hacienda Pública. ¡Basta1 a los fraudes con los que se prostituye a la Democracia. ¡BASTA! a los asesinatos, detenciones y desapariciones. Significando esto una profundización de la crisis de la cultura política de los partidos puntofijistas, debido a sus prácticas antidemocráticas de dominio y subordinación expropiadoras de la voluntad de la mayoría.
La práctica clientelar y burocrática que lamentablemente preño al propio partido de gobierno MVR ha contribuido a agrandar la brecha entre los que siempre han tenido y los nunca han tenido, entre dirigentes y dirigidos(as), gobernantes y gobernados, usurpando así la voluntad de la mayoría con el mismo estilo de la cuarta república. La vieja cultura política de los partidos de ayer y hoy no ha permitido derrotar los vicios del puntofijismo: burocracia, corrupción y la representación de la mayoría siempre reservada al partido.
La forma de elección de estos representantes muchos de ellos sin amarre en el plano de las ideas y sin compromiso con sus representados, impuestos de forma inmoral, viciada e ilegitima como manda la dedocracia, por el amiguismo o compradazgo Miquilenista cercenó desde el primer momento la participación protagónica y directa, para ensalzar el nacimiento de las nuevas cúpulas, que traicionando a quienes de buena fe le obsequiaron su voto hoy son los aliados más aguerridos del puntofijismo.
Por otro lado están unos cuantos equivocados que ven en el partido la forma de capitalizar la fuerza social y política que finalmente será el muro de contención necesario para frenar el deslave de la Democracia Representativa y consolidar el viejo orden con discursos y frases “revolucionarias”. Pero también hay una amplia mayoría que ha tomado como opción la búsqueda de una nueva forma de decir y hacer lo político, para construir un país y una sociedad donde quepamos todos(as), decida a conquistar espacios libres y democráticos.
Revisar estos aspectos del proceso significa ser críticos y autocriticos(as) con el papel que hemos tenido y tendremos en el curso de la historia, es por ello entonces que hoy no podemos permitir que los coleados y fósiles político de ayer y del presente den marcha atrás a la historia, borrando las manos, los rostros, las voces que desde el 27 de Febrero hicieron suyo ese ¡basta!. A quienes no han sabido cumplir con su deber: servir al pueblo. A quienes no han empeñado su vida para defender con dignidad los intereses de la mayoría, siempre olvidada y despreciada, también les decimos ¡BASTA!, Basta a los secuestradores de sueños y esperanzas!.
Hoy nos toca conquistar la autonomía siempre usurpada por unos pocos, movilizándonos en las calles, en las comunidades, en los campos, en todos los espacios de vida, para que los deseos constructivos de un mañana mejor para todos y todas, la confrontación y crítica a: las relaciones de organización, producción y acumulación capitalista; la constitución de nuevas elites políticas encuentren cada vez más fuerza en el discurso y práctica de los colectivos comunitarios y movimientos sociales de base que cada día asumen con más beligerancia la lucha contra la exclusión, la identidad de clase y también la denuncia contra el imperio global.
En el año 2001, en numerosas ocasiones la lucha de la multitud tomo las calles como su espacio natural de combate para conquistar victorias, todo esto se revitalizó con la rebelión del 13-A, con el liderazgo anónimo y colectivo de una multitud insurgente, creadora de sueños y paridora de esperanzas, construyendo sus propios discursos y consignas, conquistando victorias desde su propia condición de multitud: como excluidos(as) y como agentes sociales y políticos de la insurrección, convocando a sus iguales a la acción rápida y espontánea y al protagonismo directo y colectivo, evocando al poder constituyente como horizonte para restaurar el hilo constitucional y la democracia arrebatada por las ilegitimas, inmorales y viciadas aspiraciones de poder de una minoría siempre privilegiada.
La trayectoria descrita hasta aquí desde lo que es nuestro joven y fresco conocimiento de la crisis política de la democracia representativa, nos permite de algún modo entender que estamos viviendo un proceso que intenta romper con el pasado, inventar nuevas formas de decir y hacer la política, lo social, lo cultural y económico, pero que al mismo tiempo ha sido cómplice del desarme del proceso constituyente y de la usurpación de la voluntad de la mayoría.
La actual Asamblea Nacional se ha quedado corta para construir y estrechar las nuevas relaciones políticas. De espalda al pueblo discuten y aprueban leyes y proyectos, apostando quizás a que esta revolución concluya en la constitución de nuevas elites políticas de espalda a la mayoría, cuya base sea la confrontación de cogollos partidistas por algunas prebendas y unos cuantos curules, y no por el encuentro y diálogo de sus propuestas políticas con las clases sociales, cerrando así la posibilidad a estas para ser conductoras y constructoras de su propio destino. Por ello hoy es necesario y urgente el decir y hacer que contribuya hacer de este proceso algo más que una cáscara vacía, construyendo subjetividades políticas que puedan responder y vencer las siempre vencedoras sombras del poder constituido.
No es nuestra intención resolver en estas cortas líneas las contradicciones entre el orden excluyente del poder constituido y el orden incluyente y constituyente de las luchas de la multitud, porque sencillamente en primer lugar reconocemos abierta y francamente nuestras limitaciones; en segundo lugar porque la producción concreta de una alternativa política jamás será asunto de lápiz y papel, tampoco podrá nacer del simple malabarismo ideológico, al contrario solo podrá nacer de las prácticas creativas y recreativas que emergen y residen de la multitud de colectivos comunitarios, movimientos de base, de los hombres y mujeres que sueñan y apuestan a un mañana nuevo haciendo algo distinto.
Sin embargo si creemos y estamos convencidos(as) de que la posibilidad de esa nueva opción necesita romper por un lado con la vieja cultura política, por otro con las barreras fijas que impone la territorialidad a una autonomía local y limitada, pues no avanzaremos mucho en la soledad sin la compañía de otros(as) que iguales o distintos están orientados(as) por la misma búsqueda, más bien es cuestión de articular estas experiencias organizativas y de resistencia esgrimiéndolas contra los nervios centrales del poder constituido. Es decir en estos momentos se ha de reivindicar la premisa Moriana: “actuar localmente, pensar globalmente”. Necesitamos una fuerza social y política que no solo sea capaz de organizarnos, sino que al mismo tiempo construya una alternativa real y posible a través de los anhelos, sueños y esperanzas que aún permanecen como una fuerza implosiva e incontenible, buscando deslegitimar los “no lugares” constituidos en lugares libre y democráticos para lucha.
La lucha de clase, la lucha contra la exclusión múltiple posee el potencial de que puede brotar en cualquier aspecto de la vida social, haciendo así de cualquier espacio una instancia para lucha de los(as) excluidos(as). Sin embargo hasta ahora no ha sido posible elaborar un programa de lucha coherente, un poder constituyente para la configuración de la nueva sociedad.
Desde nuestra óptica la lucha de la multitud tiene una trinchera desde la cual luchar, combatir, esta es la trinchera de la construcción del sentido y significado lingüístico con sus propias palabras, imágenes, sonidos y rostros -bien TAARIANO esto-, es decir de una nueva forma de comunicación no monopólica que a su vez consolide las nuevas relaciones de organización no verticales, ni burocráticas. Todos los elementos de discriminación, intolerancia, fascismo, vagabundería y explotación siguen siendo impuestos y socializados por los sentidos lingüísticos de quienes ostentan el poder de los grandes medios, que por cierto practican una democracia bien particular la democracia de la soberbia, mentira y desprecio por los más de la calle. Es por ello que hoy es tan necesario y urgente combatirlos con hechos y también con nuestras propias palabras, imágenes y sonidos que permanentemente construyen y reconstruyen vida mediante la lucha cotidiana por la sobrevivencia y contra la exclusión de todos los signos.
La opción de una nueva racionalidad comunicativa será insuficiente para generar lugares y procesos constituyentes si ella no construye relaciones orgánicas, si ella no logra articular su propia producción con la generación nuevos conocimientos y diálogos de saberes, para finalmente fortalecer y estrechar las nuevas relaciones y prácticas sociales organizativas diferentes a las burocráticas-partidistas. Lo que significa la reapropiación y libre acceso a la información, comunicación apoyándose en tres grandes principios:
* Aprender a ser
* Aprender a aprender
* Aprender a hacer
Aprender a ser. El desarrollo de la personalidad, con su propia escala de valores, asumiendo una concepción del mundo y actuando en consonancia con ella, es el modo principal en que se expresa el aprender a ser.
Aprender a aprender, el aprender a aprender se refleja en una modalidad pedagógica en la que los agentes creadores y cambio participan activamente, no tanto para recibir los resultados de un conociendo científico, sino para ser responsable de su formación, pero para lograr esta capacidad de autoformación de aprender a aprender es necesario tener los instrumentos para apropiarse del saber que constituye parte del acervo común.
Aprender a hacer. No se trata de aprender por sólo conocer especulativamente, ni de conocer por conocer, sino de conocer para transformar la realidad. Partiendo de los problemas que se confrontan en la realidad, la búsqueda de la solución de los mismos debe ser siempre una marcha hacia la solución. Este ir a la acción es un aprendizaje del saber hacer.
Como ocurre en todos los procesos creadores y de cambio, el modo de producción o la búsqueda que guía es la necesidad de liberarse del verdugo, del tirano que oprime, explota y excluye. Así pues un programa de lucha debe alzar las banderas del trabajo que dignifican al ser en contra de la explotación; la inclusión en contra de la exclusión; la historia y la memoria en contra del olvido; la reapropiación en contra de la acumulación de bienes y servicios en manos de unos pocos; la paz con justicia y la vida con dignidad en contra de la impunidad y la injusticia; la honestidad en contra de la corrupción; el protagonismo anónimo, progresivo y colectivo en contra de la representatividad de los más por unos pocos. La bandera de una nueva sociedad posible sin División Social del Trabajo, sin dirigentes y dirigidos.
Hoy en el contexto de la lucha contra los círculos viciosos de la exclusión múltiple, luchas que al mismo tiempo son sociales, políticas, culturales, económicas y ecológicas, el liderazgo nuevo, de este presente, de esta realidad compleja es y debe ser ajeno a la representación y sed de protagonismo, al contrario creativo, colectivo, anónimo y progresivo con amarres fortalecidos en la identidad de clase; las comunidades al mando de la política configurando el país y la sociedad que queremos, luchando contra el imperio global y redescubriendo lo que siempre han sido: un plano de singularidades, diversidades, un juego abierto de relaciones, voluntades y acciones luchando contra el poder que siempre ha querido disciplinarlas y controlarlas ocultando sus diferencias, excluyéndolas. Las comunidades al mando de la política contando su historia para brindar aliento al desanimo; cultivando con amor y frescura la esperanza de un mañana donde reine la paz con justicia y la vida con dignidad; planificando, organizando y decidiendo su destino; construyendo el Movimiento de la Multitud Rebelde en lugares constiyutentes, libres y democráticos.
Desde el contexto de los modos de resistencia de la multitud, siempre signados por una irreverencia a la cultura representativa, vertical y excluyente de la burocracia partidista es necesario y urgente que broten lugares constituyentes que residan en las prácticas creativas y recreativas de la multitud. Por esto tenemos el gusto de invitar a los colectivos sociales, culturales, políticos, de todo tipo, a los padres y madres de familia, a los y las jóvenes, a los trabajadores y trabajadoras a encontrar y encontrarnos, a organizar y organizarnos, para la acción espontánea, protagónica, colectiva y anónima del sentir, decir y hacer popular. Invitamos a la multitud de colectivo a contribuir con sus esfuerzos incesantes a la organización revolucionaria, al ejercicio de la democracia de la calle, a la construcción de una Nueva Cultura Política.
Invitamos a la multitud de colectivos a luchar contra la exclusión, los privilegios, las desigualdades, y la opresión. Invitamos a la multitud de colectivos a la organización libre y espontánea por la emancipación y deseos libertarios de Nuestra América con la fuerza de nuestras alegrías, sueños y esperanzas por la construcción de un mañana para la mayoría.
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