¡Salvemos la madre Tierra!

El 22 de abril se celebró el Día Internacional de la Tierra. Han pasado 41 años desde la primera celebración de este día; y, por la acción depredadora de sus propios habitantes, “nuestra única y contaminada nave espacial”, como dice Walter Martínez, no tiene realmente, muchos motivos para celebrar. El calentamiento que está sufriendo nuestro planeta, el deterioro de su capa de ozono, la destrucción de sus bosques y la contaminación de sus suelos y aguas, entre otras calamidades, la tienen muy maltrecha.

Como escribió Manuel Pereyra: “… más allá de la indiferencia de sus habitantes y de la falta de motivos para celebrar de nuestra anfitriona, la idea de este día es la de reflexionar y generar conciencia, para impulsar acciones en torno a la problemática ambiental y la preservación de nuestro planeta. Actos públicos, campañas de reciclaje y de incentivo al uso de transportes no contaminantes, plantaciones masivas de árboles y jornadas de sensibilización, son sólo algunas de las acciones que se llevan a cabo este día, en todo el mundo”.

Desde la primera vez, la celebración del Día de la Tierra, se ha utilizado para evaluar los problemas medioambientales del planeta, como son (se mencionan en todos los escritos sobre el tema): la contaminación del aire, agua y suelos; la destrucción de ecosistemas; los cientos de miles de plantas y especies animales diezmadas, y el agotamiento de recursos no renovables. En este día se insiste en soluciones que permitan eliminar los efectos negativos de las actividades humanas. Se proponen soluciones tales como el reciclado de materiales manufacturados, la preservación de recursos naturales como el petróleo y la energía, la prohibición de utilizar productos químicos dañinos, el fin de la destrucción de hábitats fundamentales como los bosques húmedos y la protección de especies amenazadas. Pero, generalmente se deja fuera del debate el problema fundamental. El origen de toda esta problemática está en el sistema político imperante en el planeta, el capitalismo voraz. Este sistema, que sólo persigue producir grandes ganancias para los dueños del poder, sin importarle para nada los desastres que origina en el medio ambiente.

Por ejemplo, en la reciente cumbre de Cambio Climático realizada en Cancún, se dejaron de lado, una vez más y por intereses de las potencias capitalistas del mundo, las propuestas de la justicia climática, relacionadas con el límite del aumento de temperatura a 1,5°C; la responsabilidad de los países más industrializados en cambiar su modelo de producción y consumo, basado en los combustibles fósiles, así como en la forma en que se lleva a cabo la financiación de la lucha contra la crisis climática; o sea, “… la reparación de la deuda ecológica del “Norte” con el Sur Global”.

Es por ello que, los países progresistas que enfrentan el capitalismo, han fijado sus posiciones en diversos momentos. Uno de ellos, en el denominado Acuerdo de los Pueblos, que surgió como producto de una conferencia mundial sobre el cambio climático, en Cochabamba, Bolivia, en 2010, donde se destaca que: “Hoy, nuestra Madre Tierra está herida y el futuro de la humanidad está en peligro. De incrementarse el calentamiento global en más de 2°C, a lo que nos conduciría el llamado “Entendimiento de Copenhague”, existe el 50% de probabilidades de que los daños provocados a nuestra Madre Tierra sean totalmente irreversibles. Entre un 20% y un 30% de las especies estaría en peligro de desaparecer. Grandes extensiones de bosques serían afectadas, las sequías e inundaciones afectarían diferentes regiones del planeta, se extenderían los desiertos y se agravaría el derretimiento de los polos y los glaciares en los Andes y los Himalayas. Muchos Estados insulares desaparecerían y el África sufriría un incremento de la temperatura de más de 3°C. Así mismo, se reduciría la producción de alimentos en el mundo con efectos catastróficos para la supervivencia de los habitantes de vastas regiones del planeta, y se incrementaría de forma dramática el número de hambrientos en el mundo, que ya sobrepasa la cifra de 1.020 millones de personas”.

De la misma manera, se destaca que el sistema capitalista ha impuesto una lógica de competencia, progreso y crecimiento ilimitado, ya que este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre ella, para convertir todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales, la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma. Bajo ese sistema, la Madre Tierra se convierte en fuente sólo de materias primas y los seres humanos en medios de producción y consumidores.

Sin duda, que la humanidad está frente a un gran dilema: continuar por el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida. Por ello, el Acuerdo de los Pueblos plantea: “…a los pueblos del mundo la recuperación, revalorización y fortalecimiento de los conocimientos, sabidurías y prácticas ancestrales de los Pueblos Indígenas, afirmados en la vivencia y propuesta de “Vivir Bien”, reconociendo a la Madre Tierra como un ser vivo, con el cual tenemos una relación indivisible, interdependiente, complementaria y espiritual. Para enfrentar el cambio climático debemos reconocer a la Madre Tierra como la fuente de la vida y forjar un nuevo sistema basado en los principios de: armonía y equilibrio entre todos y con todo, complementariedad, solidaridad, y equidad, bienestar colectivo y satisfacción de las necesidades fundamentales de todos en armonía con la Madre Tierra, respeto a los Derechos de la Madre Tierra y a los Derechos Humanos, reconocimiento del ser humano por lo que es y no por lo que tiene, eliminación de toda forma de colonialismo, imperialismo e intervencionismo y paz entre los pueblos y con la Madre Tierra”.

Y destaca que el modelo que se propugna no es el del desarrollo destructivo, sino que los países necesitan producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades fundamentales de su población, pero de ninguna manera pueden continuar por el camino de ese desarrollo. Se recuerda que en la actualidad ya se han excedido en más de un 30% la capacidad del planeta para regenerarse.

Es por ello, que debemos seguir luchando por la construcción del Socialismo, único sistema que reconoce los derechos de la Madre Tierra y de todos los seres vivos que en ella habitan. Como dijo el Presidente Evo Morales: “Ha llegado el momento de reconocer que la Tierra no nos pertenece, sino que nosotros pertenecemos a la Tierra”. Y también recientemente, nuestra diputada indígena Nohelí Pocaterra: “La Pachamama está dándonos un mensaje a través de sus lágrimas”.

Salvemos pues al Planeta, teniendo claro que no hace falta cambiar el clima sino cambiar el sistema; el sistema capitalista quien es “el culpable de todos los males que esta sufriendo mi pueblo”. Y que podamos igualmente seguir cantando con aquel viejo poeta: “¡oh, tierra majestuosa!, en tus abrazos tu corazón ardiente yo sentí. Y a través del velo de tu fragancia el palpitar del Universo percibí “

¡Patria Socialista o muerte!!.

Venceremos!!.

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Adán Chávez Frías


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