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Siguiendo la tónica de Néstor Francia
Reflexiones bolivarianas
Por: Ing. Luis Díaz
Fecha de publicación: 20/02/05
imprímelo mándaselo a
tus panas
Cargados de autoridad para opinar sobre la intelectualidad y el profesionalismo, están todos aquellos que han transitado con éxito interno y personal por los embates de la vida. Que no les escuchen o que no le paren, a veces no es importante para ellos, porque el sólo decirlo es la primera función de un ser participativo, que se nutre con la experiencia y mantiene una lucha feroz contra la falta de ética y respeto. Creo que la posición económica o social no es determinante para los elegidos a cambiar el mundo; sólo que con más recursos hay más oportunidades para hacerlo, mientras que con pocos recursos, sólo circunstancias inesperadas le darían la oportunidad de dirigir los destinos de un pueblo, si no lo asesinan como ha muchos, eternizados por la historia.

Como muchos otros, logre superar las primeras etapas desde la querida y siempre maltratada Parroquia Catia, con la que me unen muchísimos lazos; a diferencia del compatriota Nestor, tome la ruta señalada por Simón Rodríguez “El conocer y el hacer”, y la experiencia ETIANA, dos años en la del Oeste, con ocho talleres a cuesta; Luego en los Chaguaramos y finalmente en Maracay, me dieron las herramientas para nunca fracasar. Recuerdo que los Etianos, junto a los Peritos Mercantiles éramos, la envidia de Bachilleres e intelectuales, envidia que sirvió para acabar con las técnicas, situación que aprovechó la UCV, para apropiarse de la Escuela de los Chaguaramos. Lo que vino después todos lo conocemos, los Institutos Tecnológicos no pudieron llenar ese vacío, ni siquiera el INCE, donde más tarde realicé unos cursos. En pocos años el titulo de técnico no significaba nada, por lo que decidí, a pesar del desgaste y las telarañas de mi biblioteca de conocimiento, hacer la equivalencia para
obtener la licenciatura y a la vez realizar los viejos sueños de mi padre y en su honor lo logré.

Nunca he dejado de sentirme profesional y menos aún de sentirme humano. Las circunstancias me hicieron conocer lo bueno y lo malo que pueden ser algunas personas y mi tía “Pirula” sembró en mi, a los nueve años, la palabra Camarada; pintora y cultora de juventudes me demostró que uno viene a la vida a luchar por lo que cree, sin traspasar los limites del respeto. Por eso en la misma tónica de Nestor quiero que recuerden que toda madre, que aprecie a su hijo, en cualquier momento de la vida le ha dicho de cualquier forma o manera – estudia mijito para que llegues hacer alguien en la vida – a veces me parece escuchar a la negra Hipólita diciéndoselo a su hijo Bolívar, el Libertador.

Las armas cobardes no infringen respeto sino temor, pero la sabiduría de un pueblo puede vencer siempre a sus propias creaciones. Solos los ilusos podrían pensar que se puede consolidar una revolución sin una masa dispuesta al conocimiento, sin ideales y sin organización. Que existan profesionales e intelectuales sin ética y llenos de los vicios que siempre tientan al ser humano que corrompen y ofenden la vocación, nunca faltarán; está en los gremios evitar su crecimiento, en no permitir que pocos sigan construyendo caminos asquerosos que ponen en duda nuestra integridad y capacidad.

El lugar que debe ocupar Venezuela ante el mundo, esta muy lejos todavía, por lo cual debemos acelerar el paso hacia las verdaderas transformaciones; difiero “del salto adelante” porque se pasan muchas cosas por alto. Es prioritario, transformar al venezolano de un ser apático, materialista, equivocado o extraviado en su vida, a un Republicano con alta autoestima, claro en su deber por la Patria, entendido de sus derechos ciudadanos, respetuoso de sus semejantes y en absoluta convicción de que no debemos hacerle a otro lo que no deseamos que hagan con nosotros.

La revolución sin pasión, sin metas, sin resultados evidentes; está condenada al fracaso y eso no podemos permitirlo. Sin embargo, a pesar de que muchos han buscado la unión de los grupos e individualidades donde muchos cuentan con todas las virtudes para tomar todo el poder del pueblo en sus manos para defenderlo y procurarles la mayor felicidad posible; estos esfuerzos han fracasado y siguen enfrascados es sus luchas dispersas, aunque se les vea cantando la canción de Alí que llama y clama por lo contrario – “dispersas las luchas/ dispersos corazones/ por que nos empeñamos, en aislar nuestras luchas/ las luchas, que nos deben llevar a la victoria final” – la flama de la revolución bolivariana no debe extinguirse y la responsabilidad de evitarlo recae en los hombres predestinados para dirigir esta gran batalla, busquémoslos y abrámosles el paso para que tomen las riendas donde el Comandante en Jefe Hugo Chávez, necesite quien lo entienda.

Respetando todas las opiniones dadas sobre la “Hojilla” quisiera agregar mis apreciaciones personales; recuerdo que antes de salir en TV, utilicé la versión de Internet para destacar el hecho de que los escritos cargados de un tono diferente, eran hasta cinco veces más leídos, que los que ostentaban un titulo denunciando un problema de interés nacional. Pero también recuerdo como era un clamor bolivariano que saliera alguien que contrarrestara tanta mentira y ofensa contra la Patria y su pueblo por parte de los medios de comunicación privados. Es más un grupo de jóvenes crearon una pagina en ese sentido, pero hay que reconocer que para mantener el ritmo se necesita de tiempo y recursos cosa con la que no contaban estos universitarios. Y salió la Hojilla por TV, un elixir para los que no son capaces de ver detrás de la noticia y de las imagines la verdad escondida. Pero como dijo uno de los ponentes todos esperamos que cada bolivariano que tome una responsabilidad pública nos
represente dignamente y que mantenga por sobre todas las cosas la tolerancia y el respeto, actitudes indispensables para una sana convivencia, por lo tanto, para el que tiene un medio de comunicación masivo a su alcance es prioritario la orientación y educación de sus televidentes y debe pensar primero en sus hijos antes de impulsar cualquier conducta oprobiosa que viole los códigos de conducta y principios bolivarianos.

No estoy de acuerdo con los que creen en la irreversibilidad de los seres humanos, todos estamos expuestos a cometer errores o cargar con los de otros, lo importante es reconocer que es de sabios saber rectificar a tiempo o apartarse de los verdaderos culpables.

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Luis
Díaz



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