Una nueva fórmula: Todo Once tiene su Trece

El 11 de abril de 2002 se cocinaba una violación flagrante de la Constitución venezolana; se preveía una masacre de proporciones incalculables y la cara del neofascismo se veía muy diáfana.

El guión de la jornada vino del Norte, del Imperio y ya lo conocían varios de los actores principales. Recientes documentos desclasificados y la lengualarga de algunos dirigentes de la oposición han aclarado el panorama: el embajador de Estados Unidos, Charles Shapiro llamó a su jefe Roger Noriega para leerle el decreto que el 12 de abril firmaría el presidente de facto, que resultó ser el presidente de la inefable Fedecámaras, Pedro Carmona, abogado barquisimetano, vinculado a empresas caraqueñas y al diario El Impulso de la capital larense. Noriega se alarmó y manifestó a Shapiro que Carmona debía eliminar varios números del innoble decreto porque violentaban la Constitución Bolivariana. Lleno de orgullo y envalentonado, Pedro El Breve expresó al embajador que no recibía instrucciones del exterior, que el decreto iría tal como estaba redactado, se dice que por el abogado supuestamente constitucionalista Allan Randolph Brewer Carías, que lanzó por la ventana todo lo que sabía de su profesión y de la materia de la que es especialista.

Carmona se juramentó, lanzando una mancha imborrable sobre él y sobre quienes atendieron el guión preparado, incluyendo un grupo de altos jefes militares que traicionaron al país, a su juramento de defender la Constitución y con la derrota sumieron a sus familias en grave trance de angustia. El 12 de abril en la tarde las cosas se tornaron negras para los golpistas atrincherados en Miraflores. El pueblo y su Fuerza Armada coparon Miraflores, fuerzas leales al Gobierno legítimo, desde Maracay, siempre Maracay, planificaron el rescate del Presidente Chávez, detenido en Caracas, luego en Turiamo y finalmente en la isla de La Orchila con grave riesgo de su vida. El rescate se efectuó con helicópteros que decolaron de la base aérea El Libertador de Palo Negro, sin resistencia.

El 13 de abril en la madrugada Chávez regresó en triunfo al Palacio de Miraflores y para él resonaron nuevamente las trompetas, pífanos y redoblantes de la Marcha Presidencial, mientras a las puertas del recinto, miles de personas lo vitoreaban. Carmona El Breve y sus aliados circunstanciales, civiles y militares, escapaban por todos lados. La Casablanca guardó silencio cómplice por varias horas. Se comprobó la nueva clave matemática: Todo once tiene su trece.

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