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Hacer frente a los matones del patio de recreo
Por: Jorge Noriega
Fecha de publicación: 07/02/05
imprímelo mándaselo a
tus panas
El reciente artículo de Seymour Hersh en The New Yorker sobre los planes de
EE.UU. para invadir Irán, me recuerda algo que sucedió hace exactamente 51
años.

En enero de 1954, Estados Unidos estaba preparándose afanosamente para
invadir Guatemala con un ejército encubierto para derrocar al gobierno
progresista elegido democráticamente (debido a que ese Gobierno no hacía
exactamente lo que quería Washington, esa era la razón. ¿No es suficiente
motivo para Ustedes? ¿Acaso son Ustedes de ese tipo de pacifistas
alborotadores y terroristas?) De repente, la operación parece que sufrió un
grave contratiempo cuando documentos clave llegaron a las manos del Gobierno
guatemalteco y fueron publicados seguidamente en la prensa de Guatemala,
sacando a la luz la existencia de los planes organizativos, de entrenamiento
e invasión en los que los estadounidenses estaban implicados.

El Departamento de Estado calificó las acusaciones de “ridículas y falsas” y
afirmó que no haría más comentarios porque no quería darles una importancia
que no merecían. Un portavoz del Departamento dijo: “La política de Estados
Unidos es la de no interferir en los asuntos internos de otros países. Esta
política ha sido repetidamente ratificada por la presente Administración (la
de Eisenhower)”.

La revista Time dio por finalizado el asunto con la afirmación de que todo
lo revelado había sido “dirigido por Moscú”. El New York Times coincidió en
los juicios (1).

Y la CIA continuó con sus preparativos como si no hubiera ocurrido nada. En
junio, se produjo la invasión, el derrocamiento del gobierno y se sentenció
para siempre al pueblo de Guatemala a la más absoluta pobreza, a los
escuadrones de la muerte y a las torturas.

En su artículo, Hersh afirma que, al menos desde el pasado verano, Estados
Unidos está llevando a cabo misiones secretas de reconocimiento en el
interior de Irán para identificar posibles objetivos que atacar. Una de las
fuentes de Hersh dice: “Los civiles del Pentágono quieren atacar a Irán y
destruir todas las infraestructuras militares posibles”.

No se trata de la primera ocasión en la que se ponen al descubierto los
planes de Washington para invadir Irán, ni será la última. Y, aunque sea
triste decirlo, no va a echar atrás la preparación de la guerra más de lo
que lo hicieron las revelaciones sobre Guatemala en 1954 ni las numerosas
revelaciones de la preparación de la invasión de Irak, mientras se nos decía
una y otra vez que no se había tomado ninguna decisión de invadirla.

La arrogancia de los dirigentes estadounidenses es tal que no se les puede
poner en aprietos. No les preocupa especialmente quedar ante la opinión
pública como mentirosos- salvo que sea cara a cara- o como violadores de las
leyes estadounidenses y de las internacionales.

Sin embargo, ha habido algunos momentos en los últimos años en los que la
administración Bush ha tenido que dar marcha atrás en algunas decisiones o
proyectos, o ha tenido que modificarlos. Así ha sucedido cuando la Unión
Europea, China u otros países han plantado cara a los matones del recreo.
Semejantes actuaciones podrían haber sido mucho más efectivas si los
demócratas se les enfrentaran en casa.

Pero los demócratas continúan más preocupados en imitar a los republicanos
que en oponerse a ellos. Así ha sucedido hace pocas semanas, cuando el
senador Edward Kennedy declaraba que era útil que un candidato demócrata
“hablara de Dios”; Nancy Pelosi, líder de la oposición en la Cámara de
Representantes, decía que las Escrituras “nos indican que atender a las
necesidades de la creación de Dios es un acto de adoración”; y en una
reunión de los demócratas del Senado se invitó a un clérigo que les presionó
para que hablaran más en público sobre religión. “Dedicaron más tiempo a
esto (la religión) que a cualquier otro asunto”, dijo el pastor después (2).

Debido a la disminución de las asignaciones federales, el estado de
Tennessee está reduciendo, en gran medida, su muy innovador y elogiado
programa de asistencia médica para los trabajadores pobres- 323.000 adultos
se han visto afectados, entre ellos 67.000 personas con graves situaciones
de salud y 97.000 con tratamientos médicos muy caros. Cuando leí esta
información, mi primer pensamiento fue que me gustaría encontrarme con
alguna de esas personas afectadas por el recorte y preguntarles si habían
votado a Bush. Y si decían que sí me hubiera gustado sacudirles y sacar a
relucir mis mejores sarcasmos con ellos. Pero el segundo pensamiento que me
vino a la mente fue que los demócratas tampoco les habían ofrecido nada que
garantizara su salud.

Como he mencionado con anterioridad en este lugar, Harry Truman tenía razón
cuando dijo: “Si propones a los electores que elijan entre un republicano y
otro republicano siempre elegirán un republicano”. ¿Quién sabe cuántos
liberales y radicales se quedaron en casa el día de las elecciones porque
Kerry fue incapaz de ofrecerles algo parecido a una alternativa decente a
Bush?

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Jorge Noriega


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