|
Si existiera la posibilidad de que el Presidente colombiano más popular de los últimos tiempos borrara una semana de su cuatrienio, sin duda sería la presente. Al caso Granda, que desde hacía varios días tenía a Álvaro Uribe seriamente afectado y cuya solución final todavía no ha llegado, se le sumaron otros episodios nada fáciles.
La “mala hora” de Uribe comenzó el lunes, cuando se declaró indignado por el manejo que se le había dado a la información sobre la crisis entre Colombia y Venezuela. Según fuentes de la Casa de Nariño, el mandatario les hizo un fuerte llamado de atención a sus más cercanos colaboradores, argumentando que se estaba filtrando la información.
El regaño apenas terminaba, cuando su programa bandera, la política de seguridad democrática, sufría el más duro golpe de los 30 meses que lleva su gobierno. El martes, en Iscuandé (Nariño), las Farc atacaron una base naval y asesinaron a 15 infantes de marina y dejaron heridos a otros 25, todos miembros del programa de Soldados Campesinos, una de las estrategias que más ha defendido Uribe.
Al día siguiente, ocho militares y un civil murieron en una vía del departamento del Putumayo, cuando un grupo de guerrilleros activó explosivos al paso de un camión del Ejército. El saldo, a mitad de semana, era bastante trágico: 23 soldados habían muerto a manos de las Farc.
Aunque el mandatario ha sorteado con éxito varios episodios difíciles, estas noticias llevaron su estrés a niveles extremos. Tanto, que el miércoles, ni el yoga ni las goticas surtieron efecto.
Ese día, cuando su nivel de tolerancia ya llegaba a los más bajos niveles, ordenó la cancelación de varias entrevistas programadas con agencias internacionales, y en los corredores de Palacio ya se hacía evidente que el ambiente se enrarecía con el paso de las horas. No era para menos, pues en medio de tan malas noticias, al siguiente día Uribe debía sostener dos citas trascendentales: la reunión con Chávez, en Caracas y la reunión de la Mesa de Cooperación, en Cartagena, que definiría los parámetros de su viaje a Europa, la siguiente semana.
De Cartagena al hospital
Rumbo a Cartagena, le informaron de los duros editoriales de The New York Times y el Chicago Tribune. Los diarios estadounidenses criticaban severamente la propuesta de desmovilización que el Gobierno presentaría ese mismo día, calificándola de “vaga y repleta de vacíos”. Además, recomendaban a la comunidad internacional, reunida en Cartagena, no respaldarla. Como si esto fuera poco, varios representantes del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos le enviaron una carta, indicando que tenían serias dudas sobre el proceso de desmovilización. En la mañana, otro incidente aumentaría su malestar, pues la aparente luna de miel que vivía con la bancada uribista del Congreso, terminó en un fuerte agarrón.
El Presidente no aguantó más y en pleno discurso frente a los representantes de 34 países, ONG y organizaciones internacionales, el Presidente mostró su malestar asegurando que en Colombia no había un conflicto sino “un desafío del terrorismo a la sociedad colombiana y a las instituciones democráticas”. Los representantes internacionales decidieron entonces cambiar su declaración final, que inicialmente era de un apoyo total al Gobierno, para emitir un comunicado que seguía insistiendo en el tema de Derechos Humanos. Los donantes dijeron que no contribuirán con dinero hasta que no se juzgue a los paramilitares por sus crímenes. “Es importante que haya un marco legal y penas”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores británico Bill Rammel.
De mal en peor
En ese momento, el presidente Uribe se retiró del Centro de Convenciones de Getsemaní, en donde se desarrollaba la reunión, según testigos, porque sufrió una baja de presión. En las horas de la tarde, un comunicado de la Casa de Nariño anunció que el Presidente era víctima de una “intoxicación alimentaria” y que el encuentro con el presidente Chávez se posponía. Un parte médico posterior explicaba que el presidente sufría de laberintitis y que era recomendable “posponer cualquier desplazamiento aéreo”.
Uribe pasó la noche en el Hospital Naval de Cartagena y a primeras horas de la mañana la evaluación médica fue contundente: “para plena recuperación, se ordenó un reposo total de por lo menos cuatro días”. En consecuencia, fueron cancelados sus viajes a Caracas, Madrid, París y Bruselas. Con semajante noticia, Uribe llamó a Noemí Sanín, embajadora en España, para anunciarle la cancelación de la visita. También habló con su canciller, Carolina Barco, quien les informó a los gobiernos venezolano, español y francés la situación médica del Presidente.
En este momento Uribe ya estaba en su límite y les ordenó a todos la gente que lo estaba acompañando que lo dejaran solo y que regresaran a Bogotá para seguir trabajando. Les dijo que “su enfermedad” no debía ser motivo para dejar de “trabajar, trabajar y trabajar”. Uribe se quedó acompañado únicamente por su esposa, Lina Moreno, y una enfermera, que ya le ha manejado otras crisis.
Analistas internacionales aseguran que si bien la cancelación de la visita no es grave, sí representará algunos problemas a la Cancillería, pues volver a coordinar las agendas con los gobiernos de Francia y España no será tarea fácil. Y en el caso de Venezuela, el tema se complica, si se tiene en cuenta el agitado horario de Hugo Chávez.
Según dicen fuentes de la Casa de Nariño, esta no es la primera vez que el mandatario se enferma en medio de una crisis. En el referendo de 2003, la salud de Uribe se vio seriamente afectada frente a los inesperados resultados de su primera apuesta de gobierno.
Sus colaboradores agregan que este episodio es consecuencia de los excesos del mandatario. Cuentan que ya había sido advertido que si seguía volando en “la cafetera”, su oído no resistiría, pues la exposición constante al ruido y la falta de presurización del avión lo hicieron más sensible a una enfermedad auditiva. Así fue, pues Uribe vuela casi diez veces a la semana en esta aeronave. Otros, por el contrario, dicen que si bien el Presidente sí es víctima de una dolencia auditiva, su temperamento le habría jugado una mala pasada.
Tomado de el diario liberal espectador -colombia.
6 de febrero de 2005
Articulo leido aproximadamente 1389 veces
|