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Colonización mental a través de las universidades
Por: José Del Grosso, Rebelión
Fecha de publicación: 05/02/05
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En cierta ocasión la ULA rindió homenaje a Don Luis Zambrano, autodidacta y
genio merideño, haciendo una exposición de sus asombrosos inventos de
ingeniera. Durante la inauguración de la exposición el rector del momento le
dijo a Don Luis: “¿Se imagina usted dónde estaría si hubiera estudiado en la
universidad?”.
Don Luis se quedó pensativo y luego mirando al rector le respondió: “Estaría
en una exposición mirando la obra de un campesino autodidacta”.


En apariencia las universidades venezolanas, como la mayoría de las
universidades del mundo, son centros de aprendizaje en los cuales se divulga
y se adquiere un conocimiento universal (no único ni globalizador) del
pensamiento en medio de un clima en el cual predomina el libre pensamiento.

Pero las apariencias son las apariencias y los hechos son los hechos. Si
revisamos la historia de las universidades, esta nos señala que son centros
de adoctrinamiento, que la realidad que se enseña en ellas es distinta a la
realidad de las calles y que sirven a propósitos económicos y políticos y no
al desarrollo conocimientos que beneficien a la Humanidad.

Este adoctrinamiento ha sido tan sutil, que quienes de buena fe han estado
trabajando en la creencia de que contribuyen al desarrollo del conocimiento
y a su enseñanza, están convencidos de que las ideas que divulgan las han
hecho suyas por propia voluntad. Pero no es así.


La ciencia


Si echamos una mirada a la Historia de la Ciencia, podremos apreciar que el
desarrollo y el estímulo al desarrollo del conocimiento siempre ha estado
vinculado a intereses económicos, políticos y religiosos.

En ninguna cultura y en ningún momento de la historia se ha permitido la
aceptación y divulgación de aquellos conocimientos, por verdaderos que
fueran, que fuesen contrarios a dichos intereses. Como en la actualidad,
quienes se atrevieran a presentar visiones del mundo distintas a la versión
oficial de la realidad eran objeto de burla, exclusión y/o persecución.

El sometimiento a la verdad doctrinal ha sido siempre obligatorio en los
círculos de quienes dicen tener el conocimiento. Si se quiere pertenecer a
él, hay que inclinar la cabeza. Si los estudiantes quieren graduarse deben
inclinar la cabeza.

Decía Max Planck en su “Autobiografía científica” que, “…una nueva verdad
científica no triunfa convenciendo a sus adversarios y logrando que vean la
realidad, sino cuando estos finalmente mueren y le sustituye una nueva
generación que ha crecido familiarizada con ella”.

Si se desea investigar sólo hay recursos y se proporciona el permiso para
hacerlo a quienes trabajen dentro del marco de la verdad oficial. Hacerlo
por cuenta propia es imposible, pues los costos de las investigaciones con
frecuencia son tales que los profesionales no se pueden dar el lujo de
costearlas.

Para quien no se ha dedicado a estudiar con detenimiento y profundidad el
surgimiento y desarrollo de la ciencia moderna, esta proporciona verdades
innegables, pues no repara en el hecho de que su metodología tiende a ser
auto-validadora, pues la realidad es lo suficientemente compleja como para
validar las teorías al seleccionar los datos de manera específica. Pero no
sólo es auto-validadora, sino que también es impositiva. Cuando oímos hablar
de los resultados de las investigaciones, la mayoría de los investigadores
suelen decir en su argot, que han comprobado científicamente X, X, X…, que
se ha determinado que las cosas son así… Quien diga lo contrario, es un
ignorante.

Para colmo de males, las verdades científicas han sido elevadas a la
categoría de verdades bíblicas, pero como estas, muchas de ellas resultan
ser falsas, basta leer una obra como la de Alexander Kohn, “Falsi profeti:
inganni ed errori nella scienza” (Falsos profetas: engaños y errores en la
ciencia) para que comencemos a cuestionar seriamente, todo cuanto hemos
aprendido y hemos venido enseñando en las aulas universitarias.


El positivismo en Venezuela


Unida a la colonización mental subyace una ideología. En Venezuela esa
ideología es la del positivismo, la cual, a su vez, está alineada a los
intereses imperialistas de USA.

El positivismo llegó a Venezuela en época tan temprana como los años de la
Independencia. Sin embargo, en sentido estricto, según Arturo Sosa, este se
difunde en el país en tres etapas. La primera cuando Adolfo Ernst es
nombrado titular de la cátedra de Ciencias Naturales de UCV y desde allí
difunde las ideas darvinistas. La segunda, es su expansión a todo el
quehacer humano –historia, ciencias naturales, sociología, arte...- durante
el período Liberal Amarillo. Y la tercera, en la que el positivismo se
impuso como paradigma de pensamiento generalmente aceptado en todo el país,
lo cual ocurrió aproximadamente entre finales del 1800 y 1930 (Carmen Anaya,
Carolina Díaz, Yenny Gourmets y Maria Angela Petrizzo: “La corriente
positivista en el pensamiento político venezolano”).

Sin embargo, yo diría que la ideología positivista ha predominado en la vida
académica y científica venezolana hasta nuestros días, ello a pesar de que
surgen hacia inicios del 1900 el paradigma Relativista con Einstein; el
paradigma Cuántico/Relativista en la década de los 20; la Teoría del Caos en
la década de los 60 y el paradigma Holográfico hacia los 70. Para comprobar
lo que digo, basta con observar que la inmensa mayoría de las tesis de grado
e investigaciones científicas de este país son del corte del paradigma
cartesiano-newtoniano.

Como explican en su artículo las autoras antes mencionadas, en el
positivismo, que es una manera más de mirar el mundo, se concentraron todas
las ilusiones de transformación social. Este apareció en la vida venezolana
como un movimiento de liberación política, económica, cultural y científica,
mientras en la realidad a través de este se conservaron y se conservan
muchos de los males sociales de la colonia y la independencia venezolanas.
Más aún, sirvió durante casi dos siglos para justificar los desmanes de
grandes dictaduras y dudosas democracias.


Procedencia del conocimiento usado en las universidades venezolanas


Lamentablemente, los conocimientos de los que se nutren las mentes de
profesores y estudiantes universitarios venezolanos (y latinoamericanos)
proceden casi exclusivamente de textos made in USA. Lo poco que escriben los
criollos con una mente libre y pensamiento propio, son tenidos a menos y no
pocas veces han sido objeto de burlas por los fieles seguidores de la
ideología y mentalidad estadounidense tenida como palabra de Dios, lo más
avanzado….

De modo que la producción nacional original se mantiene guardada en los
depósitos de las editoriales universitarias. Las únicas publicaciones que
tienen una salida apenas visible es la enmarcada dentro de los parámetros de
los conocimientos gringos.

¿Dónde está la universalidad de lo que se enseña en las universidades?
¿Adónde quedan las ideas de los venezolanos? ¿Adónde las visiones del mundo
de la Vieja Europa, como afirman despectivamente los gringos? ¿Adónde la
ignorada visión de los asiáticos, africanos, latinoamericanos y la gente de
Oceanía? ¿No existen? ¿No piensan? ¿Por qué sus voces no llegan a nosotros?
¿Por qué no nos podemos enriquecer en y con la visión de nuestros hermanos
de otros países? ¿Por qué permitimos que nos sometan a una sola visión del
mundo?

El problema de los conocimientos derivados casi exclusivamente de USA no
radica sólo en que de ese modo tenemos una visión única del mundo y
criterios tipo gríngola que filtran como dioses lo que es o no es
conocimiento, sino que además, nos imponen una forma de pensar y una
ideología y una forma de ser y actuar en el mundo.

Si reflexiona acerca de los textos que durante tanto tiempo ha estado
estudiando, puede llegar por usted mismo a la conclusión de que en ellos no
existe ejercicio de pensamiento alguno, crítica alguna ni desde el reducido
criterio de la ciencia ni desde el marco amplio de la epistemología.
Simplemente, de manera implícita, se afirman cosas como verdades y basta.

Nunca se habla de ni se cuestionan los parámetros sobre los que se elaboran
los conocimientos. Siempre se habla de conocimientos islas,
descontextualizados, super-especializados, en una jerga para los pocos que
entienden la misma. Siempre se habla del saber como una cuestión de
acumulación lineal y progresiva de ideas.

Los textos están llenos de afirmaciones elaboradas en forma de verdades, que
aunque supuestamente son verdades temporales para aparentar ser
conocimientos científicos, son afirmaciones asimiladas y divulgadas como
absolutas.


Detrás de los textos provenientes de USA


Antes de ingresar a la universidad y durante nuestra estadía en ellas, se
nos venden las inigualables y superiores características de la ciencia como
las pautas de comportamiento que todo científico debe aceptar y seguir si
desea desarrollar ideas que no sean opiniones (¿Si desea ser aceptado en la
comunidad científica?); lo cual es un paralizante del pensamiento, es decir,
de la posibilidad de desarrollar un pensamiento autónomo.

La ciencia aplica el método científico como modo de obtener un conocimiento
que normalmente es presentado como incuestionable. Si bien es verdad que a
veces se revisa si quien escribió aplicó bien o no el método científico, el
método científico no es cuestionado, sino que se usa ciegamente a pesar de
lo inadecuado que pueda ser, algo que ocurre, sobre todo, en el ámbito de la
conducta del hombre.

La ciencia es objetiva e independiente de toda influencia política,
económica, religiosa o militar, de modo que bajo esta afirmación el mensaje
es: “no se preocupe, puede aceptar con los ojos vendados cuanto decimos
porque lo expresado es imparcial y acorde con la verdad”.

Sin embargo, ya hace muchas décadas, Von Foster estableció que es imposible
eludir la auto-referencialidad. No puedo, y lo hago en este momento, ni
nadie puede, dejar de hacer referencia a sus conocimientos y creencias
personales, las cuales, directa o indirectamente, reflejan una posición
religiosa, política…, una visión particular del cosmos.

Las anteriores y otras características atribuidas a la ciencia junto con
gran despliegue de propaganda proporcionan un terreno fértil para que
aquellos conocimientos que provengan de ciertas universidades sean
considerados como conocimientos verdaderos, indiscutibles y de avanzada ante
los cuales nos debemos inclinar.

Existe la premisa ¿irrefutable? De que en Harvad, Yale, IMT, la universidad
de Chicago, New York o Bostón… se concentran los genios. Allí sólo se
gradúan los genios y los genios son los que producen los conocimientos más
relevantes y, por ende, los únicos en dar la pauta.

Pero lo cierto es que universidades como Yale o Harvard son universidades
exclusivas a las que asisten mayormente los hijos de quienes conforman la
elite financiera de USA y de quienes se espera que integren y formen parte
del círculo de poder. En ellas no necesariamente ingresan individuos dotados
y estudiosos, como es el caso de George Bush.

La elite económica sabe que la mejor manera de controlar y manipular a la
gente no es a través de la fuerza, sino a través de la colonización del
pensamiento. De allí, que hayan hecho énfasis en controlar el sistema
universitario.

Estas universidades son financiadas y mantenidas por grandes consorcios. Las
directivas de dichas universidades usualmente están conformadas por miembros
de las petroleras y los bancos vinculados a la elite y como para no dejar
cabos sueltos, la mayoría se halla infiltrada por la CIA en todos los
ámbitos del saber. Infiltración de la cual no escapan las universidades
latinoamericanas (Walter Graciano, “Hitler ganó la guerra”).

De los alumnos extranjeros que asisten a las universidades estadounidenses
se espera que reproduzcan, mantengan y defiendan los conocimientos
científicos ¿progresistas y de avanzada? de producción made in USA.

De allí, que por la misma confianza ciega depositada en los conocimientos
derivados del Norte, nos veamos reproduciendo por décadas las teorías
conductistas y neoconductistas en el ámbito de la psicología y la educación,
siendo que los padres de estas escuelas: Watson y Skinner, respectivamente,
trabajaban para la CIA.

La manipulación del conocimiento es tal, nos dice Walter Graciano en su obra
mencionada, que la Universidad de Chicago se ha encargado de mantener oculta
la obra de John Forbes Nash vinculada a la economía, la cual pone en
evidencia la falsedad de la teoría de Adam Smith (padre del capitalismo), y
que inevitablemente daría lugar al derrumbamiento del capitalismo y el
neoliberalismo.


El comportamiento de los profesores universitarios venezolanos


Primero que nada hay que distinguir entre politiqueros, cuotas de poder
partidario político y quienes somos profesores. El primer grupo lo integra
alrededor del 70% de los universitarios, mientras que el segundo grupo lo
conforma alrededor del 30%.

Tras la caída de Pérez Jiménez, los politiqueros echaron por tierra la
academia y se repartieron la universidad entre la ultraderecha y una
izquierda muy sospechosa, pues, entre otras cosas, el saber era cosa de
burgueses: “10 es nota y lo demás es lujo…”.

La politización de la universidad, consciente o inconscientemente, conllevó
a que los cargos directivos no fueran asumidos por personas académicamente
idóneas, sino por acuerdos partidistas y el apoyo proporcionado por estos,
de modo que los ¿academicistas? Se vieron obligados, por ser minoría, a
aceptar la imposición partidista.

Al ocurrir otro tanto en el sector estudiantil, a través de la politización
de los centros de estudiantes, a sabiendas o no, se impidió toda posibilidad
de organización diferente y se apoyó una organización universitaria
fragmentada tal que: lo que se enseña en la universidad está divorciado de
la realidad social; desaparecieron los vínculos que daban un sentido de
pertenencia a estas instituciones; que daba sentido al objeto de ser de las
mismas; borraron la universalidad del conocimiento universitario y el
pensamiento libre y autónomo…

Transformándose la universidad en un recinto de parásitos con intereses
egoístas y particulares: “Los profesores dejaron de trabajar para aprender y
enseñar y se convirtieron en asalariados reproductores de textos gringos que
debían depositar información en los alumnos. Los alumnos dejaron de ir a la
universidad para aprender y se convirtieron en buscadores de diplomas que
les permitieran acceder a trabajos que “los sacarían de abajo”.

Murió el espíritu académico, murió el espíritu universitario

Los politiqueros, además, de imponer el positivismo, junto con los pocos que
pueden ser llamados profesores, se dejaron arrastrar por la ideología
dominante subyacente en las décadas de los 60, 70, 80 y principios del 90.

Todo conocimiento estaba impregnado y sigue impregnado, directa o
indirectamente o de ideas marxistas o de ideas capitalistas y/o de ideas
psiconalíticas o de ideas conductistas, neoconductistas y/o piagetianas o
neopiagetianas. De cuya esencia deriva el que todo conocimiento tenía y
tenga como punto de partida la economía y/o las ideas del principio del
placer y el desarrollo de la inteligencia. ¿Es que el hombre se dedica sólo
a producir, es frívolo y es sólo razón?

Unido a este eje de ideología economicista y psicologista del saber, el
conocimiento adquirido y el conocimiento divulgado, se convirtieron en la
repetición de textos extranjeros, traducidos al español 10-20 años después,
incluso cuando en ocasiones esos conocimientos hubiesen sido desechados.
Textos predominantemente provenientes de USA.

La colonización mental de politiqueros, profesores y estudiantes se vio
facilitada porque, además, no es que uno sencillamente trabaja en la
universidad o uno estudia en la universidad, sino que se debe aprender a
sobrevivir en ella.

Y se debe aprender a sobrevivir en un contexto en el que:


· Predomina el individualismo y cada cual anda por su lado.

· Poco dura o progresa en la universidad quien carece de filiación política,
quien no es protegido por los de arriba, o por alguna mafia, lo que no
significa intereses y objetivos comunes en la adquisición y producción de
conocimientos.

· Está prohibido pensar.

· Si uno quiere mantener un mínimo de pertenencia ha de estar en la cresta
de la ola de las teorías predominantes en el recinto, lo que no significa
teorías actualizadas.

· La sumisión lleva a esperar que los que tienen el poder hagan algo por
nosotros, en lugar de ser nosotros quienes hagamos algo.


La mayoría de los profesores y quienes se suelen creer intelectuales, de
buena fe, se engañan a sí mismos y se han convertido en repetidores de
ideas, que más o menos son dominadas y adaptadas a nuestra idiosincrasia,
pero que no son cuestionadas, porque la inmensa mayoría de los profesores no
ha considerado el dedicarse a estudiar filosofía e historia de la filosofía,
filosofía e historia de la ciencia, epistemología, la historia de su
profesión… de manera que desconocen sobre qué bases se sustenta lo que
aprendió y se muestran incapaces de cuestionar la ciencia y las teorías que
comparten porque carecen de criterios sólidos para ello.

Para más, el profesor universitario se comporta como el niño bueno, el buen
estudiante. El niño bueno, el buen estudiante, repite, no piensa, no
cuestiona, no innova, siente miedo de ser excluido del círculo de los que
¿saben?, de los doctores achinchorrados y caducos; siente miedo de lo nuevo
y lo nuevo dentro de las universidades lleva casi 100 años de atraso, pues
continúan con la visión del paradigma cartesiano-newtoniano o de los
arreglitos que se le han hecho a la ciencia para decir que estudian e
investigan sobre las bases de una ciencia actualizada; ello, a pesar de que
el paradigma cuántico/relativista nació hace casi 100 años, de que hoy día
se habla de paradigma holográfico o se habla de la teoría del caos.

Los más valientes y aventurados, precisamente por la ignorancia de la
epistemología, la filosofía de la ciencia… cuando tratan de pensar en
términos de los nuevos paradigmas y teorías como las del caos, no dan un
paso adelante, porque adaptan y reducen los principios epistemológicos de
los nuevos paradigmas al viejo paradigma cartesiano-newtoniano, de modo, que
lo viejo es visto como nuevo, gracias al barniz del empleo del nuevo
lenguaje.

Para terminar con lo que es apenas una breve idea de cómo los universitarios
(profesores y estudiantes) hemos sido mentalmente colonizados, pensemos a
manera de evaluación: ¿de qué ha servido copiar y reproducir los
conocimientos procedentes del norte? ¿Han servido a los economistas para
erradicar o para aumentar la pobreza? ¿Han servido para generar medicinas a
bajo precio? ¿Han servido para producir mejores y más sanos alimentos? ¿Nos
ha permitido desarrollar una tecnología autónoma, barata y que nos permita
ser independientes? ¿Hemos planificado mejores ciudades? ¿Ha servido para
mejorar la salud física y psicológica de la población? ¿Ha servido para que
nuestro sistema educativo enseñe a pensar?...
Articulo leido aproximadamente 1365 veces

José Del Grosso, Rebelión


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