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Con 40 grados de temperatura, los participantes del Foro Social Mundial
trabaron una batalla contra el calor para participar de los 2 mil paneles
organizados por casi 6 mil organizaciones de 122 países. Venció la gente, y
no es poco.
En esta V edición del Foro Social Mundial han abundado las ericipelas,
ampollas y fuertes sensaciones de mareo. Y no es para menos, la ciudad
capital del Estado sureño de Río Grande do Sul se encuentra en pleno verano
con temperaturas que llegan a los 40 grados.
Con este clima desplazar los pies sobre el suelo ardiente con el sol
disparando sus rayos solares sobre las cabezas de miles de personas que se
desplazan hacia las carpas donde se desarrollan las actividades ha tenido
serios im pacto sobre algunas.
Hay casos de mujeres que debido a la fuerte insolación en las piernas no
pudieron moverse un día de sus habitaciones, otras personas tuvieron
descompensaciones en su organismo que las obligó a suspender actividades y
muchas más pescaron un severo resfrío con fiebre incluida.
En los cuatro centros de salud previstos por los organizadores de foro fue
común atender casos de ampollas y heridas en los pies. El personal a cargo,
muy eficiente, no sólo curó heridas sino que brindó masajes que permitieron
recuperaciones rápidas.
Y por qué tantas ampollas? Por la obligada caminata a las carpas ubicadas a
lo largo de 10 kilómetros en los once espacios temáticos agrupados por
letras de la A a la J, donde se realizaron los talleres, conferencias,
debates, recitales, ferias y las más de 2.000 actividades autogestionadas
por 5.700 organizaciones, redes y movimientos de 122 países.
Los 150,000 metros de área construida usados para el desarrollo del V FSM
equivalen a 18 estadios de fútbol como el Maracaná. En esa extensión
estuvieron las instalaciones para los eventos, 80 por ciento de ellas carpas
de lona plastificada que incrementaron la sensación de calor.
Rostros húmedos, manos agitando papeles, cuadernos o lo que fuera para
procurarse un poco de aire y algunas expresiones de sueno resultaron
imágenes comunes en este foro que dejó los espacios cerrados de la
universidad para ubicarse a lo largo del Lago Gauiba, a fin de promover una
mayor participación de la gente común.
Pero en opinión de muchas personas tanto asistentes como panelistas y
periodistas, esta modalidad trajo dificultades no previstas para la
cobertura y asistencia a las actividades debido a las distancias enormes,
problemas en el sonido pues se filtraban las exposiciones de una carpa a
otra, y prematuros cansancios por el agobiante calor que al interior de las
instalaciones de lona alcanzaba niveles aletargantes.
Como comentó una mujer de Colombia, sentía que en cualquier momento las
ideas podían derretirse y confundirse con las gotas de sudor que mojaban su
frente, espalda, pecho y brazos.
Aún así la gente camina y camina por todo el margen izquierdo del Lago
Guaiba donde se ubica Porto Alegre, está ciudad de más de un millón 300 mil
habitantes compuesta por 25 etnias y descendientes de inmigrantes europeos,
y que ostenta uno de los índices más alto de desarrollo humano.
Por ejemplo desplazarse desde los antiguos depósitos del puerto o del
cercano Gasómetro donde se encontraban las salas de acreditación, de prensa
y escenario de varias de las conferencias más esperadas, hasta las carpas de
Derechos Humanos (J) o de Etica, Cosmovisiones y Espiritualidad (K), la
última en ubicación dentro del territorio del foro, tomaba una hora con 20
minutos.
La caminata permitía bronceados rápidos y efectivos, aunque feroz si no se
toman las precauciones. Además, se observaba el otro paisaje diverso y
multicultural de las calles. Allí están hombres y mujeres de los diferentes
continentes que vendían artesanías y productos de sus países, junto a la
población local que aprovecha el acontecimiento de estos días para sacar
ingresos extras.
Han sido cinco días de idas y venidas para participantes y también para los
5.400 periodistas, hombres y mujeres, llegados de 69 países del planeta.
Casi una semana de estar en una ciudad que albergó a la comunidad mundial,
en coherente referencia a su origen histórico. Y seguramente la maravillosa
vista del Lago Guaiba, tan ancho que no se distingue su orilla opuesta,
rodeado de un paisaje verde fresco, acunando al sol al final de la tarde,
será una de las imágenes simbólicas de que los esfuerzos y energías
compartidos fluirán al nuevo amanecer que se desea para hoy.
(PULSAR) Mariela Jara - Milenia Radio
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