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Al hacer un análisis respecto a la situación actual que vive nuestro país y el avance de la Revolución Bolivariana, podemos percatarnos que hay un aspecto que resulta alarmante y es el hecho del poco sentido de colectividad que aún evidencian los venezolanos.
Todavía en nuestra sociedad no hemos visto un cambio sustancial en la manera de percibir la vida y en la forma como se interactúa con el entorno. Aún hoy el venezolano sigue pensando más en su beneficio propio que en el bien común. Aún hoy el venezolano es fiel exponente del individualismo. Todavía hoy la sociedad venezolana está conformada más por individuos que por ciudadanos. Todavía hoy pensamos más en nosotros mismos que en los demás.
La conciencia colectiva implica el hecho de percibirnos a nosotros mismos como miembros de un conjunto de individualidades y, por lo tanto, no estamos aislados ni somos ajenos a la resolución de los problemas que a dicho colectivo afectan. La conciencia colectiva es entender que en la medida que mi entorno esté deteriorado y presente dificultades, yo también presentaré dificultades y problemas similares. A su vez, es comprender que si mi entorno o comunidad evidencia desarrollo y bienestar, eso incidirá de manera decisiva en mi calidad de vida de manera positiva.
Hay esquemas mentales que originan una actitud despreocupada ante los problemas comunes de nuestra sociedad pero esto cambia sólo cuando dichos problemas afectan directamente nuestras vidas. Es como el hecho de no prestarle atención a la inseguridad y sus formas de prevención pero, al ser víctimas de la misma, comenzamos a reclamar lo ineficiente que son los cuerpos de seguridad. Nosotros debemos formar parte en los cambios porque así lo establece nuestra constitución y esa es la orientación de nuestro proyecto de país. Ya no podemos pensar “si yo no trabajo no como”, como argumento básico de nuestra existencia y forma de interactuar con el mundo. Debemos cesar de creer que “el Gobierno” nos tiene que solucionar los problemas, porque ahora la colectividad debe formar parte en la resolución de dichos problemas, porque ahora el Poder reside en el pueblo y así lo establecen los diferentes mecanismos de participación ciudadana puntualizados en nuestra carta magna.
Así mismo, es fundamental que nuestra dirigencia también entienda y practique lo que significa el nuevo sistema político que busca consolidar la Revolución Bolivariana. Basta de gobernantes que disponen de los recursos del pueblo sin consultárselo. Bastante he oído decir a gobernantes regionales y locales “voy a tener que ir a cada plaza bolívar de la entidad a mostrarle a la gente en qué se invierte el dinero”; esa no es una actitud revolucionaria. Lo acertado sería que cada gobernante dedicara gran parte de su esfuerzo a orientar al soberano respecto a la forma de diseñar proyectos para sus comunidades. Formar a cada ciudadano para que conozca la forma de establecer las prioridades de su entorno y así, poder inmiscuirse en la toma de decisiones que lo afectan directamente. La cuestión no es que el gobernante le enseñe a la gente en qué se gasta el dinero, la cuestión es que los gobernantes deben enseñar a la gente el modelo revolucionario que tiene como ideal “Todo el Poder para el Pueblo”. El informar a la colectividad sobre el destino de los recursos del Estado no es transferirle poder en la toma de decisiones. El poder se transfiere cuando se enseña la manera de ejercerlo y se crean formas para tal fin. El poder lo ostenta el pueblo no sólo con su voto. El poder lo ejerce el pueblo por medio de mecanismos como las Asambleas de Ciudadanos, Cabildos Abiertos y los Consejos Locales. Eso es lo que establecen la constitución y las leyes. Eso es lo que plantea la Revolución Bolivariana. Ese es el significado real del cambio de estructura que intenta deslastrar a la Democracia Representativa y consolidar a la Democracia Participativa y Protagónica. Sólo cuando el pueblo entienda su rol como agente de cambio en la sociedad, conozca las maneras y mecanismos para formar parte en la toma de decisiones gubernamentales y las ejerza de manera decidida podremos decir que se ha revolucionado la manera de pensar y de actuar del venezolano. Sólo así podremos afirmar que hay una mayor conciencia colectiva en nuestra patria.
Kenny García Ortega
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