El ghetto empresarial

En un país con una tasa de desempleo cercana a 10% y 44% del empleo en el precario sector informal, es mucho el apoyo que la empresa privada puede dar. La tarea de derrotar estos flagelos sociales no puede seguir recayendo única y exclusivamente sobre el Gobierno. La responsabilidad social empresarial tiene que ser mucho más que un saludo a la bandera o un acto de caridad para quedar bien con Dios y la conciencia.

Venezuela necesita un nuevo sector empresarial capaz de presentarse ante el país como una poderosa fuerza motriz de grandes transformaciones, no sólo económicas, sino también sociales. El interés supremo de los empresarios no puede girar solamente en torno a los incrementos de la productividad, la reducción de costos, el aumento de la ganancia y rentabilidad, la conquista de una mayor cuota de mercado, etc. Figurar en el ranking de las empresas más rentables o competitivas puede ser importante para la empresa, más nunca será suficiente para alcanzar una verdadera estima y aprecio por parte de la inmensa mayoría de la población.

El movimiento empresarial, como una fuerza de cambio social, está llamado a trascender su discurso economicista y su letanía de lamentos ante la política gubernamental. Tiene que salir de su ghetto empresarial para tejer vínculos más estrechos con sus trabajadores y la comunidad. Es un anacronismo creer que a fuerza de publicidad o discursos políticos se puede alimentar una valoración social positiva del papel de la empresa en la construcción de la nueva sociedad.

Si la empresa privada quiere convencer al país de que su lógica de funcionamiento no es contraria al desarrollo humano integral, debe demostrarlo con hechos. Cuando el humilde trabajador o el sencillo ciudadano de a pié vean que gracias a la inversión social de la empresa sus trabajadores continúan su educación formal y capacitación técnica, o sus hijos concluyen loa estudios de educación secundaria y universitaria, o su familia tiene asegurada atención médica y un espacio para el esparcimiento y la recreación en el club de los trabajadores, o lograron adquirir una vivienda propia gracias a su plan de financiamiento solidario, a partir de ese momento la empresa empezará a ser vista como un instrumento cuya misión es generar un creciente excedente, ya no sólo para satisfacer el afán de ganancias y dividendos de sus dueños y accionistas, sino también para financiar la creciente inversión social que se requiere para mejorar la calidad de vida de la población. No se puede despachar esta responsabilidad diciendo que para esos se pagan los impuestos.

Para reducir la tasa de desempleo y el elevado peso que aun tiene el precario sector informal, el apoyo de la empresa privada a la economía comunal puede ser una demostración de la responsabilidad social empresarial. Si las empresas llevan a cabo programas de desarrollo de proveedores de la economía comunal, promoviendo el espíritu emprendedor de estas grandes masas de desempleados y subempleados, brindándoles asistencia técnica para que puedan obtener financiamiento, en lugar de enfrentamientos estériles tendríamos un sector empresarial haciendo causa común con esta gran tarea de erradicar las raíces desde las que crecen el desempleo, la pobreza y la exclusión social. ¡Eso si es ser radical!



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Víctor Álvarez


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