“El que no vive para servir, no sirve para vivir”

No podría decirles quien es el autor de esta dura sentencia que he puesto como título para mi artículo de hoy, la encontró mi curiosidad leyendo una entrevista a Fruto Vivas, este gran arquitecto venezolano, revolucionario incansable a quien siempre admiré y a quien he tenido la dicha de de conocer. Fruto es uno de esos genios que quisiéramos pudieran dársele más participación, cosa que nunca he logrado entender porqué no sucede y que quizá el tampoco, pero lo que jamás lo hará renunciar a su compromiso revolucionario. El presidente Chávez lo ha mandado a llamar para que se apruebe su proyecto de transformación del aeropuerto de Caracas: La Carlota, y el silencio se vuelve a tragar el llamado de nuestro presidente. He sido amigo de su hijo Álvaro desde la infancia, sus padres y los míos compartieron la lucha revolucionaria en la época dura en la que se perseguía y mataba a los comunistas, así que por supuesto siempre hubo encuentros suficientes como para un gran respeto y amistad de por vida.  

Decía el periodista que entrevistaba a Fruto que en su taller o estudio encontró un cartel con esta frase escrita. “El que no vive para servir, no sirve para vivir”  Fruto es uno de esos seres que sabe encontrar y escribir frases llenas de fuerza. Recuerdo una vez hurgando la biblioteca de Álvaro una dedicatoria que le escribió Fruto a un libro de él sobre arquitectura en la que le escribió: “Antes que casas hermosas, hombres felices” Demostrando esa vocación y compromiso de Fruto Vivas en la lucha por darlo todo por un mundo en donde nuestro pueblo humilde sea cada día más feliz, para lo que entendemos que será necesaria transformar la sociedad capitalista por la socialista. Quizá por saber esa buena capacidad de Fruto de captar frases llenas de poder y que nos invitan a productivas reflexiones puse mi atención en la frase sobre la que escribo hoy. 

Vivir para servir a la vida, a nuestros coetáneos, a nuestro medio ambiente, a nuestra historia y por ende a la revolución, es un compromiso inmediato de todas y todos los que pretendemos ser revolucionarios, por ello puedo entender a cabalidad el profundo sentido de la frase. No hacerlo, no vivir para servir, en medio de nuestro siglo tan catastrófico, es en verdad no servir para la vida. Nuestra sociedad y nuestro planeta corren un terrible riesgo de extinción. Aun con tanto desarrollo de las ciencias y de todo tipo de tecnologías, esta grandeza del ser humano no ha podido sino llevarnos al borde de un desfiladero sobre el cual escribimos la historia de nuestros días. El veneno del individualismo y el egoísmo que a través de la historia a hecho tan sucio el camino, termina siendo el culpable de todo esto. Antes fue el mercantilismo, feudalismo, capitalismo y ahora imperialismo, pero siempre fue el dominio del hombre sobre el hombre, la explotación de la fuerza de trabajo y la apropiación de los medios de producción: La propiedad privada. 

Vivir para mí y no para los otros, vivir para comprar y comprar compulsiva e incansablemente, para poseer cada vez más cosas y apropiarme de bienes al precio de la miseria del resto de los seres con quienes convivimos. Eso es lo que enseña la sociedad que nos tiene arrinconados contra la muerte como especie, lo que pregonan los amos del mundo capitalista y lo que lamentablemente hipnotiza a muchas y muchos que aun creen que nacieron para ser ricos, sin entender que esa promesa en tan solo el anzuelo por medio del cual serán esclavos de los señores del dinero. 

Creo que debemos escribir en cada muro de nuestro mundo esta frase que he encontrado hoy. En nuestro siglo 21 de luchas y de convulsión, de guerras inminentes y de un imperio agónico que no termina de morir, el compromiso es indispensable para salvarnos, para poder dar una oportunidad de vida a nuestros hijos y nietos. “QUIEN NO VIVE PARA SERVIR, NO SIRVE PARA VIVIR”

Venceremos!! 

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