ALBA - ALCA, Dos rutas contrapuestas

Dos rutas contrapuestas


Orlando Oramas León

ALBA y ALCA son dos siglas que se parecen, pero sus contenidos resultan totalmente contrapuestos para los intereses originarios de la integración latinoamericana, aquella que soñaron Simón Bolívar y José Martí.

La Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) es una propuesta del gobierno venezolano y se sustenta en el legado libertario y unionista de Bolívar, que también retomara el Apóstol de la independencia cubana.

Es por ello que sus orígenes se remontan a las batallas del Libertador contra el colonialismo español y luego a sus esfuerzos por unificar a la América hispánica en el Congreso Anfictiónico de Panamá.

Por su parte, el ALCA es una propuesta de Estados Unidos para crear un área de libre comercio hemisférica, con propósitos que han sido denunciados como neocoloniales y de dominación.

Ya en el siglo XIX Martí alertaba de los peligros que escondía la Casa Blanca en el convite a la Reunión Monetaria Panamericana celebrada en Washington en 1891.

“No ha de haber prisa censurable en provocar, ni en contraer entre los pueblos compromisos innecesarios que están fuera de la naturaleza y de la realidad”, escribía entonces.

Y su previsión cobra por estos días plena vigencia, cuando todo indica que buena parte de los gobernantes latinoamericanos hicieron caso omiso a la prisa norteamericana por firmar los acuerdos del ALCA.

Estados Unidos había fijado para enero de 2005 la rúbrica de los compromisos del área de libre comercio, pero a estas alturas el proceso negociador del ALCA parece empantanado, sobre todo por las reticencias y críticas de gobiernos como los de Brasil, Venezuela y Argentina.

Precisamente el gobierno del presidente Hugo Chávez lanzó la propuesta del ALBA en Isla Margarita, en ocasión de la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe, en diciembre de 2001.

Según ese proyecto, el comercio y la inversión no deben ser fines en sí mismos, sino instrumentos para alcanzar un desarrollo justo y sustentable.

En tal sentido, la integración latinoamericana y caribeña no puede ser hija ciega del mercado, y requiere no solo de la acción reguladora de la actividad económica del Estado, sino también de la participación ciudadana.

Se trata de un programa que busca la transformación de las sociedades del continente para hacerlas más justas, cultas, participativas y solidarias, según una declaración conjunta firmada por los jefes de Estado de Cuba y Venezuela.

Los presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez también suscribieron un convenio por el cual se comprometen a aplicar los principios del ALBA a sus vínculos bilaterales, lo cual se convierte en referente para otras naciones de la región.

El documento estipula que ambos países tomarán en cuenta las asimetrías político, social, económico y jurídico entre ambos países, incluido el bloqueo al que está sometida la mayor de las Antillas.

Tal premisa será tomada en cuenta al aplicar el principio de reciprocidad en los acuerdos comerciales y financieros que se concreten entre las partes, todo lo contrario a lo que ocurre con el ALCA.

Estados Unidos pretende imponer su superioridad y reforzar la dominación al desconocer las desventajas de los países latinoamericanos y caribeños en materia tecnológica y productiva, entre otras.

En tales condiciones, el ALCA es un recetario de la globalización neoliberal, donde imperan las leyes del mercado por encima de los intereses y necesidades de un continente donde más de 220 millones de personas viven bajo condiciones de pobreza.

Con el ALBA, por el contrario, Cuba y Venezuela buscan complementar fuerzas y promover la integración bilateral, en un proceso de cooperación solidaria de beneficio mutuo.

Ambos países ofrecen su concurso para combatir el analfabetismo en terceros países y extender hasta allí los programas de salud. Son campos en los que La Habana y Caracas han cosechado, juntos, resultados reconocidos internacionalmente.

Mientras el ALCA retrocede y Estados Unidos ensaya otras fórmulas divisorias, el ALBA da sus primeros pasos, a los que se suman las propuestas de integración energética de Petroamérica; y Telesur, sobre los medios de comunicación.

La visita del presidente Chávez a La Habana hizo renacer entonces los sueños de Bolívar y Martí, cuyos pensamientos cobran nuevos aires al sur del río Bravo, allí donde el ALCA tiene visos de empantanamiento. (Tomado de Cubadebate)


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