Qué te puedo decir sobre ese ambiente de voces tempraneras,
comenté yo, algunas razones son más o menos claras, y me atreví a señalarle: el
gobernador y su corte de aduladores de boinas rojas controlando todo,
incluyendo al PSUV, no son cosas muy estimulantes. Sin embargo, continúe, hay
otras más difíciles de visualizar que pueden prestarse a lecturas equivocadas,
imaginando desesperanzas.
Y me refería, cuando le dije esto último, a que el pueblo,
sin duda, ha logrado conquistas importantes: la alimentación, la salud y la
educación son los tres grandes logros luego de estos once años, pero, se
equivocan aquellos que imaginan que, habiéndose superado los huracanes de la
necesidad básica, entramos a la mar apaciguada donde hay que dejar las
angustias y apuros, sometiéndose a los procedimientos.
Estas conquistas de justicia y equidad, en las que hemos
avanzado enormemente, no producen, como muchos funcionarios imaginan,
tranquilidad en quienes las reciben. Por el contrario, una vez alcanzadas, se
generan en aquellos, antes marginados, un proceso de develamiento de una vida
que permanecía oculta a su comprensión, y sobre la que ya no están dispuesto a
ser mirones. Inmediatamente se disponen a alcanzar objetivos que no están
imaginados por ministros, gobernadores y alcaldes.
Acordándome de Alfredo Maneiro, que nació por esas soleadas
orillas, le dije a la amiga: la justicia no concluye con esas tres conquistas,
ella y la democracia, que es un campo superior, son como el horizonte del
marino, siempre estarán más allá, y el alcanzarlas, superado el nivel de la
necesidad primaria, ya no es una esperanza, se convierte en la razón de la
vida, esa es la revolución. Por frenar esto se vino abajo la Unión Soviética y
sus miserables satélites europeos, y tal cosa ocurrió muchos años antes de la
caída del muro. Los burócratas, querida amiga, no entienden eso, ni los
misterios del mar.