El idioma Español, no el Castellano

Por qué uso la /i/ latina

“Dedico: a la Sra. Josefina Urbina; culta venezolana
que una vez me sugirió escribir sobre esta particularidad
que a muchos llama la atención”.

Durante muchos años escribiendo en prensa, revistas, libros i otras manifestaciones escritas, la gente me preguntaba el por qué de mi /i/ latina. La señalaré así, entre dos barras inclinadas, como se hace en libros de gramática al referirse a una letra. Desde que escribo en APORREA, i este es un buen dato para la página, me lo han preguntado lectores desde Nueva York, hasta la Argentina i también de España. Por ello creo, llegó el momento de escribir al respecto. Recientemente le he explicado resumidamente el “problema” si se puede llamar así, a unas tres personas inquietas o curiosas, i esa extraordinaria revista quincenal EN-CONTR-ARTE que se incluye en APORREA, me solicitan colaboración pero con la /y/ llamada “y griega”. Veamos pues las razones de escribir así.

Estudié la instrucción primaria –mui completa en aquellos tiempos, cuando salíamos bien en idioma, moral i cívica, historia de Venezuela i hasta en números romanos− en el colegio del Dr. Raúl Cuenca, brillante educador que era Ingeniero, Agrimensor i otros títulos, pero que se dedicó toda la vida a la docencia. Allí, en ese “Instituto Maracaibo” seguí igualmente el bachillerato, hasta que en el Pre-Universitario (5º año) que así se denominaba, pasé al gran “Liceo Baralt”, antiguo Colegio Federal de Varones, i el mejor de la ciudad siempre. En estas dos instituciones, impartieron docencia los mejores i más ilustrados marabinos como Raúl Cuenca, Ábrego Montero, Toribio Urdaneta, Jesús Enrique Lossada, Mathyas Lossada, Ramiro Finol, Pancho Araujo, Armando Villasmil, Alberto Alaña, Héctor Rodríguez Boscán, Benito Rodríguez, Reinaldo Ochoa, Alfonso Portillo Gómez, Juan B. Jiménez, Sahia Küggler (no recuerdo bien cómo se escribe), etc., todos, indistintamente de la materia que dictaran, cuidadosos con el idioma. A ello agregamos que intelectuales i poetas como Marcial Hernández, Udón Pérez, Butrón Olivares, Yépez Trujillo, etc. que usaban la /i/ latina. Posiblemente esto que se da en Maracaibo, se debe al aislamiento que esta ciudad tuvo durante la colonia, por su lago, i se incorporó tardíamente a la Independencia; así que se conservaban aquí tradiciones e influencias culturales clásicas. El viajero francés De Pons se asombró de conseguir una juventud culta, que estudiaba latín i griego i lo griego estaba tan en lo nuestro que, se usaban muchos nombres todavía repetidos, como Atenógenes, Epaminondas, Sócrates, Aristóteles, Eutimio, Evaristo, Pantaleón, etc. Sin embargo el Latín era el idioma antiguo que se estudiaba, no sólo porque lo usaba la iglesia, sino porque era la raíz de nuestro castellano como se decía, i en mi bachillerato se estudiaba “Castellano i Literatura” como una materia, i desde luego “Latín i raíces griegas”. Por esto se dio este fenómeno de conservar la /i/ latina en muchos que se consideraban “puristas”, aunque no en su mayoría. Particularmente tuve esa influencia, la cual se razonaba, tal como ahora lo hago. Lo que ignoro, es cuando se introdujo esa /y/ griega en el español.

Empiezo por decir que nuestro idioma es de origen latino, como el italiano, el francés i el portugués, i nos enseñaron que tiene cinco (5) vocales: a, e, i, o, u. Nunca se agregó otra i: la /y/ griega, porque categóricamente no tenemos ninguna letra griega en nuestro alfabeto. La Gramática de la Real Academia (Colección Nebrija y Bello) las estudia en el “sistema vocálico” i son cinco solamente; señala su uniformidad i las divide en agudas i graves, i de acuerdo a la intensidad vocal o sonora. Nada con la /y/. La /Y/, decía el diccionario hasta hace pocas ediciones, era la vigésimo séptima letra del alfabeto, consonante sonido . Sin embargo, como el diccionario no hace al idioma, sino el idioma al diccionario, las recientes ediciones han agregado que se usa la /y/ como “y griega” por la extendida costumbre de su uso, como conjunción copulativa i en la terminación de muchas palabras, especialmente monosilábicas o cortas, como rei, lei, soi, voi, (rey, ley, soy, voy, etc.) que se ven como truncadas o “mochitas” como me dicen. Lo mismo al comienzo de las palabras o comienzo de frases después de punto: Y, en consecuencia…i en pocos usos, porque entonces predomina en el uso la /i/ latina: Imperio, Introducción, Igualmente, Ingenio, etc. Pero, obviamente suena ye, en yo, yuca, yema, yelmo, etc. No decimos como en italiano Io (yo) i vemos que hasta el inglés se usa sola: I am, nunca Y am. Como conjunción copulativa i en las palabras cortas, tipográficamente es más elegante i le mencioné a un lector que me lo consultaba que, imaginara los nombres (por ejemplo una tarjeta de matrimonio) José y María, enlazadas las palabras por el “rabo” de la y griega. Ahora, por Internet (que escribimos con I) me lo han consultado hasta un señor de Nueva York. I aquí en Maracaibo, un amigo me decía que le costaba leerme (lo mismo el señor del norte) por esa costumbre o decisión mía de toda la vida. Otro me objetaba que yo las alternaba, unas veces /i/ latina i otras veces /y/ griega. Le aclaré: no es así, solamente que, al citar a algún autor, es norma obligatoria el respetar la ortografía de ese autor, como cuando a veces encontramos un término que no compartimos o está escrito incorrectamente pero así lo escribió el otro, le ponemos un (sic) porque copiamos textualmente.
Aquí me refiero, además, a algunos aspectos que no los traigo de la gramática, sino de mis estudios i profesorado en Filosofía del Lenguaje; así como el lenguaje es la distinción más fundamental que nos aparta de los animales, i ser el hombre el homo loquens (el animal que habla) el homo faber (que fabrica instrumentos) i el único que utiliza símbolos, llega a homo sapiens por sus conocimientos, razón i cultura, fabricando entre otras cosas símbolos, lenguas e idiomas; pero a pesar de ello, todos los lenguajes son arbitrarios i en nuestro castellano primero (el viejo es casi imposible de leer: véase la edición original de Don Quijote, el Lazarillo de Tormes o más difícil todavía, El Conde Lucanor) i el español después, hasta el presente, para que se vea cómo, morfología, sintaxis, léxico, etc., todo va variando o cambiando. Los lenguajes todos son arbitrarios; los grandes autores han ido imponiendo sus razonadas formas i desde Nebrija hasta Bello, se ha ido construyendo una sólida gramática, tratando de organizar lo arbitrario. Al respecto hai anécdotas ilustrativas como esta. Se dice que el literato i gramático Pi y Margall, que también era político i tenía alguna Jefatura, recibió de su secretario un informe que decía algo así: “Hayer hubo muchos desórdenes que fueron solucionados, pero oy, las cosas han vuelto a la normalidad”. El literato le respondió: “Parece que usted tiene cierta confusión respecto al tiempo de la /h/ (hache); la hache no es de ayer, es de hoy”. I si queremos saber que hasta en esto, hai arbitrariedad del uso de la /h/, veamos que, cuando la Academia de la Lengua fue fundada en el siglo XVIII, pretendía aferrarse siempre a la etimología de las palabra “de suerte que no se oscurezca su primitivo origen”. Así hubiese imperado una ortografía extravagante –dice Fernando Lázaro Ferrater− en su obra EL DARDO DE LA PALABRA, puesto que ayer procedía directamente de , i Nebrija i Covarruvias preferían escribir “oy” a pesar de provenir del latín . I un chiste andaluz, recogido por Rosenblat, Alexis Márquez i quien escribe, jocosamente refiere: el profesor andaluz que decía (como los margariteños): “I ya sabeis que SORDADO, BARCÓN I MARDITA SEA, se escriben con ele”.

Mis profesores no me dieron tantas explicaciones i anécdotas como expongo aquí, pero si lo fundamental para hacerme partidario, creo que desde la primaria, de la /i/ latina. Me pareció lógico i justo i la admití desde entonces, pero respeto la escogencia de los otros, que son la gran mayoría. Mas, como creo que el idioma es el instrumento formal del conocimiento, lo estudio i me fascina, i lo entiendo así, tal como las matemáticas son el lenguaje o instrumento formal de la ciencia. Podría seguir aportando cosas en las que no estoi de acuerdo con las mutilaciones que se le han venido haciendo al español (lean en la GRAMATICA ESENCIAL DEL ESPAÑOL, del académico español Manuel Seco, todo un capítulo demostrando que nuestro idioma es el español i no el castellano, o lengua de Castilla). El español tiene un 90% de castellano (mucho en desuso) un 8% de mozárabe (los moros estuvieron 7 siglos en la península ibérica) i un 2% de anglicismos i galicismo. Así se ha constituido i nunca vemos un diccionario que diga en el presente INGLES-CASTELLANO, sino INGLÉS-ESPAÑOL, lo mismo con francés italiano, alemán, etc. Debemos abandonar falsos pruritos por lo español. Neruda llegó a decir que, pese a la ferocidad de los conquistadores que realizaron el genocidio americano, de sus alforjas se le iban cayendo “las perlas del lenguaje”. Es un bello i completo idioma, (tercero en el mundo) en el cual tenemos la dicha de leer a Don Quijote de la Mancha en su idioma original. Por eso debemos cuidarlo i respetarlo. El error de incluir el castellano en nuestra Constitución Bolivariana, como otras veces lo he explicado, se debió a una maniobra tramposa del constituyente Brewer Carías, sin cultura para defender su posición, ante los argumentos de mi amigo Cristóbal Jiménez (Lic. en Letras con post grado en Letras Hispánicas) i de quien escribe estas líneas. No concibo escribir psicología o psicosis sin la /p/ de la psi griega (aquí es cuestión de etimología) i sicosis sin la /p/ es una enfermedad principalmente de los loros. I entre los dos usos de i ambos admitidos, me quedo con el primero, tal como lo usamos en filosofía o recordando al sujeto transcendental de Inmanuel Kant. Lo cierto es que, mi combatida /i/ latina no es un capricho, sino que tiene su historia, i debemos aprender a respetar. Finalizo con esta, un tanto jocosa, anécdota de Voltaire i Russeau, que hasta llegué a exponer en la Asamblea Nacional Constituyente: cuando Voltaire, el célebre autor del siglo XVIII (algunos dicen que Voltaire es el siglo XVIII) llamado Francoise Marie Aoruet, leyó las obras de Juan Jacobo Rousseau, le escribió: “He leído sus obras y confieso que me han dado ganas de andar en cuatro patas, pero a los 84 años creo que me va a ser imposible; no estoy de acuerdo ni con una sola palabra de lo que usted ha escrito, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo”. Una ironía fuerte, pero bella.

Espero, no haber ofendido a nadie i simplemente exponer, estas preocupaciones idiomáticas que, a no dudarlo son parte de la cultura que deben adquirir los jóvenes, así como otros cuidos de la buena letra, buena ortografía i rico léxico, cosas que son imprescindible para la personalidad integral del hombre civilizado. La educación i la instrucción o el aprendizaje solamente termina con la muerte. I Bolívar lo expresó como una sentencia universal: un hombre sin instrucción, es un ser incompleto.

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Roberto Jiménez Maggiolo


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