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Puerto Rico: Sudemos la Patria
Por: Jaime Torres Torres*
Fecha de publicación: 01/11/04
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tus panas
Supe lo que es sudar la Patria cuando, a la temprana edad de cuatro años, fui testigo de las noches en que mi viejo regresaba al hogar tras su jornada de trabajo para alimentar y cambiar los pañales de sus tres hijos.


Comprendí que sudar la Patria es algo serio al observar como, a pesar de sus responsabilidades como jefe de familia, se esmeró por completar su bachillerato estudiando hasta altas horas de la madrugada para, al amanecer, ponerse su uniforme de policía y dedicar un promedio de diez horas diarías a la seguridad del pueblo.

Aprendí que sudar la Patria muchas veces conlleva un precio muy caro, como la tarde en que mi padre recibió un balazo en el desempeño de sus funciones. Igualmente me convencí de que sudar la Patria es un asunto de honor porque, renunciando al beneficio de una lucrativa pensión, regresó a la Policía y le dedicó veinte años más al servicio público.

Veinte años a través de los cuales, día tras día y noche tras noche, sacrificó su vida como lo han hecho cientos de oficiales del orden público, desprovistos del salario y los incentivos que equiparen justamente la valentía con que asumen sus deberes cotidianos desconociendo si sobrevivirán al final de la jornada.

Desde que tengo uso de razón, reconozco en las clases trabajadoras de este país al único movimiento que, a pesar de sus luchas y fatigas, ha sudado la Patria con dignidad. Muchos en turnos de diez y doce horas que comienzan o terminan con el estrés de los tapones matutinos y vespertinos de cada día. Tantísimos más sin la compensación merecida.

Hoy puedo entender que suda la Patria el maestro que, sin recursos y materiales, comparte el pan de la enseñanza con la ilusión del primer día. Como la suda el universitario que insiste en completar un grado a sabiendas de que no encontrará empleo; como el folclorista que, sin hipotecar su talento, se mantiene fiel a sus valores culturales aunque el tiple, el cuatro, la bomba, la plena, el seis y el aguinaldo sean relegados a diciembre.

Suda la Patria la enfermera que, privada de un aumento salarial, sigue acogiendo a sus pacientes y enfermos con respeto y cariño. La suda el estudiante del colegio privado que reciproca el sacrificio de sus padres con buenas calificaciones y un aprovechamiento académico sobresaliente; la suda el niño que renuncia al ocio del juego electrónico para ejercitar su cuerpo y ayudar a sus padres en las faenas del hogar; como la suda el televidente o el radioescucha que es capaz de renunciar a la basura con que algunos medios enajenan a un gran sector del país.

Suda la Patria el periodista que es capaz de denunciar los atropellos del sistema contra aquellos que no tienen voz; el productor de radio y televisión comprometido con el sano entretenimiento y la educación del pueblo; el ciudadano que se opone al desarrollo urbano desmedido indiscriminado y el religioso que práctica lo que predica.

La suda el boricua que después de pagar el precio del carpeteo, de la persecución política, del discrimen y la intolerancia, es fiel a sus principios renunciando a la comodidad y a los falsos valores de esta sociedad de consumo. La suda el político que responde al bien común; los oficiales, abogados, fiscales y jueces que combaten el narcotráfico; el desempleado que se subleva contra el mantengo y gestiona un empleo; el ciudadano que defiende la vida y conserva el medioambiente; el joven que le dice no a las drogas; el puertorriqueño que, al margen del fanatismo y la miopía político partidista, antepone los intereses de la Patria sobre los suyos y ejerce su derecho al voto bien informado.

En Puerto Rico, afortunadamente, se levanta una generación de jóvenes forjados en ciudadanos de provecho para la sociedad desde el seno de sus hogares. Una generación valiente que recibió de sus padres la cátedra del trabajo, el sacrificio y la entrega abnegada por nuestro terruño querido.

Jóvenes que en su niñez sudaron la Patria desyerbando patios y ahorrando unos centavos como porteadores de periódicos, cajeros y empacadores de alimentos en supermercados. Obreros y profesionales que, cuando la historia demande un esfuerzo adicional, no abandonarán el país.

Una generación laboriosa que diariamente suda, sana, salva y rescata la Patria protegiendo y fortaleciendo los cimientos de su familia; trabajando duro; honrando a sus padres, respetando a sus cónyuges y escuchando a sus hijos. Una generación con valores cristianos que, antes de ser servida, prefiere servir.
En las manos de esa generación se encuentra el futuro de Puerto Rico. Una generación que, más allá de los modelos ideológicos y partidistas institucionalizados en nuestra sociedad, después del martes tiene el reto de luchar por la despolitización del sistema y, partiendo de una convocatoria tripartita, forjar una nueva colectividad junto a los cientos de miles de puertorriqueños y hermanos de otros países que aman la Patria caribeña que Dios nos obsequió durante nuestro paso por este mundo.

Sudar la Patria es la obligación de todos los habitantes de Borinquen. Penepés, populares e independentistas. Católicos, protestantes, budistas, ateos y agnósticos. Sudar la Patria es nuestra responsabilidad.

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Jaime Torres Torres*


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